Cosas que nunca te dije | Lo que queda del dia

Cosas que nunca te dije

“Cuanto más conozco a la gente, más quiero a mi perro”.

Diógenes de Sínope

(Hugo I El Bello y Rompedor. Madrid, 15 de agosto de 1997 – 13 de marzo de 2013)

¡Hola, amiguit@s!

Aquí tenéis una carta que nunca pude enviar. Con algunas cosas que nunca pude decir.

Querido Hugo:

Todavía recuerdo cuando una soleada mañana de septiembre fui a buscarte a casa de tu madre, cerca de la Plaza de España.
El recorrido de vuelta a casa ya lo hicimos juntos, caminando. Bueno, caminaba yo. Tú ibas en mis brazos envuelto en una toalla. Eras la cosita más preciosa que jamás había visto. Una gran mayoría de las personas con quienes nos cruzamos en ese trayecto ya quisieron adoptarte, pero ya eras mío y sólo mío y te llevaba orgulloso a tu nueva casa, recorriendo la inmensidad de la Gran Vía.

Me habían dicho que eras el feúcho y el débil de la manada.
¿Feo? ¡Pero si no pudiste ser más guapo! ¿Débil? Nunca. Si acaso hipocondriaco, reconócelo.
¿O quieres que te recuerde esos dolores que te inventabas de vez en cuando para hacerme gastar un dinerito en el veterinario?

Tuviste una infancia feliz, en la que pasabas la mayor parte del día con tu afición favorita: destrozar. Por eso has pasado a la posteridad como Hugo I El Bello y Rompedor. Creo que tu primer adjetivo está fuera de toda duda y tú lo sabias. Respecto a lo de rompedor, ¿Te acuerdas de la que te cayó cuando me dejaste sin conexión de televisión todo un fin de semana? Lo que no sé todavía es cómo no te electrocutaste con los cables.

¿O de cuando me rompiste una cajita de cerámica llena de alfileres y pensé que habrías podido tragarte alguno? Pero no fue así, no. Tú siempre tuviste un ángel de la guarda en el culo.

¿Recuerdas el sabor amargo (amargo para mí, digo) de aquel billete de cincuenta euros que te zampaste como si fuera la pieza de ternera más suculenta y apetitosa que ibas a comerte en tu vida? ¡Bobo! ¡Con la cantidad de kilos que podría haberte comprado!

¿Te acuerdas de cuando pensaste que los muebles de pino macizo del comedor eran precisamente para eso, para comer, y destrozaste las cuatro patas de la mesa y dos sillas? No lo quisieron ni los de RETO.

¿Y cuando te comiste aquel CD de Celine Dion imposible de volver a comprar? Yo creo que fue lo que peor te sentó de todo lo que engulliste porque años después, cuando escuchabas su canción “The reason”, aullabas como un verdadero poseso. Para mí que no te gustaban los agudos de la Dion. Igual, igual que le pasa a tu tía Rosa.

¿Recuerdas cuando te fuiste de vacaciones a casa de la tía Chelo con tus amigas las bretonas y te zumbaste a una de ellas? Hijo, en eso hemos sido iguales: cuando el instinto llama y el picor aprieta…

Y es que tú te convertiste en el cocker spaniel dorado más bello del mundo mundial, y las féminas caninas se te rifaban. Aunque es cierto que a ti te iba el sexo furtivo, el prohibido, porque cuando te traje a casa a aquella perrina de tu raza, color canela como tú, decidiste pasar de ella. ¡No me extraña! Era horrenda.

¿Recuerdas también tu primer viaje a Asturias, en tu nuevo y confortable transportín? Nos había invitado tu tío Carlos. Juntos descubrimos la maravillosa ciudad de Oviedo. ¡Anda que no te costó meterte en ese transportín! Pero cuando regresamos a Madrid ya no había quien tocara tu recinto privado. Ese sí era tuyo y sólo tuyo. Aunque yo te dejara creer que el resto de la casa también lo era… ¡Inocente!

Cuando tío Arturo vino a vivir con nosotros, tú -que en cuestión de cariños siempre has sido muy selectivo- nunca te imaginaste que le querrías tanto como le quisiste. Porque tío Arturo te cuidaba, a veces te daba de comer a escondidas, te dejaba dormir en su cama cuando yo no estaba, jugaba contigo, y te daba unos paseos que yo nunca te di (¡lo siento!). Y os hicisteis muy amigos, si. Os adorabais.

También, cuando yo me iba de viaje, ibas a visitar a tu tía Eva, a su residencia “Marina Dog, ciudad de vacaciones”. ¿Te acuerdas? Eso ya no te hacia demasiada gracia porque ya no eras el centro de atención. Tenias que convivir con muchos otros de tu especie y eso ya no te permitía sentirte único, como hacías conmigo. ¡Qué jodío! Conmigo te sentías único porque ya me encargué yo de que lo fueras.

Me resultó curioso que tanto la tía Chelo como la tía Eva me dijeran que tú y yo teníamos el mismo tipo de expresiones faciales cuando reaccionábamos antes determinadas situaciones. Ya hubiese querido yo ser tan guapo como tú. Aunque has de reconocer que me copiabas muchas cosas, ¿eh?. Eso no me lo vas a discutir.

Te encantaba la gente. No tanto así los de tu especie, aunque no te metieras con ellos. Simplemente, los ignorabas. ¿Ves como me copiabas algunas cosas?

Te volvías loco cuando recibías a gente en casa. Las visitas, para ti, eran señal de juegos, de risas, de jaleo en general, que era justo lo que a ti te privaba.

Bueno, aunque a veces fueras un maleducado de tomo y lomo y se te escapara alguno de esos pedos tan horribles que creaban esas situaciones tan extrañas en las que todos nosotros nos mirábamos disimuladamente tratando de descubrir quién demonios había sido. Bueno, si te sirve de consuelo y para que te sientas aún más único, te diré que todavía no he vuelto a oler nada semejante. ¡Gracias a Dios! Porque hubo veces que tu hubiese pegado cinta aislante en el orificio de salida… ¡Qué pesadilla! Y encima te cabreabas cuando tío Arturo o yo te dábamos un toque de atención. Eso sí, te lo dábamos cuando conseguíamos reponernos de semejante experiencia extra sensorial. Nos mirabas con desprecio, gruñías y te ibas al otro lado del pasillo, a tu transportín, para seguir quejándote de que no te dejásemos expresarte analmente.

¡Hijo, qué huevos toda la vida, oye!

Qué fácil te lo puse todo, ¿eh? Y qué complicado me lo hiciste tú. Pero aunque éramos igual de testarudos, yo siempre ganaba las batallas, para algo yo era un poquito más listo…
¡Ah, se siente! Haber nacido humano…

Te dio tiempo a despedirte de tu abuela. ¿Recuerdas que os pillé merendando chocolate con churros, como dos señoronas de toda la vida, y tuve una bronca descomunal con ella por tu culpa? Bueno, más bien por la suya. Tú fuiste bulímico toda tu vida, el lema de tu existencia era: “zampar, zampar y zampar”. ¿A quién se le ocurre? ¿Chocolate con churros? Pero es que tu abuela era -y es- mucha abuela.
Te despediste de tu tía Rosa y de tu primo Javier.

Supongo que lo hiciste en un momento de lucidez, cuando tu sordera, tu ceguera y tu demencia senil te lo permitieron.
Quizá el destino quiso que el día antes de desaparecer estuvieras con la familia, con tu familia.
Cómo te gustaba ir a Alicante… ¡Si casi tenias la tarjeta de viajero frecuente de RENFE!

Pero si algo tengo que reprocharte, es que no me dieras tiempo para decirte las cosas que nunca te dije. Y que me hicieras pasar el día más amargo de mi vida mientras me mirabas desde la camilla de tu enemigo el veterinario, con aquella mirada ya vacía pero que buscaba mi mano para que te acariciara y así sintieras que yo no me había ido. Que eras tú quien se estaba despidiendo.

Entraste en mi vida por un arrebato de propio egoísmo, puro y duro, porque necesitaba compañía. Y saliste de ella por puro y duro altruismo, porque había llegado el momento de dejarte marchar, por tu bien.

Hugo, ayer fue un día extraño para mí. Cuando me quise dar cuenta, estaba llorando. Pero es que ayer hizo justo tres años que te fuiste a dar el paseo más largo de tu vida.

Sé que donde quiera que estés, estás vigilando cada paso que doy. Y das tu aprobación sobre quién entra y quién sale de esta casa. Y velas por mi seguridad. Y me cuidas y me sigues adorando, como siempre.

¿Y sabes por qué sé todo esto? Porque sigo escuchando tus pisadas cuando te diriges por el pasillo a tu ya inexistente transportín. Y porque, alguna vez, te he escuchado resoplar por debajo de la puerta de mi dormitorio.

Al principio me asustaba, ahora me alivia saber que sigues por aquí…

Aunque muchos amigos piensen que estoy mal de la cabeza (cosa que me la bufa), te voy a pedir un favor, Hugo: no vuelvas a desaparecer porque eso sí me daría muchísimo miedo. Ya no me importa no verte, eso lo he superado. Pero no quiero que ni el tiempo ni mi memoria nos separen definitivamente, obligándote a salir de mi cabeza y de mi corazón.

No seas cabrón y deja que me vaya yo primero, por egoísmo.

Porque sé que tú nunca vas a olvidarte de mí, ni vas a dejar de adorarme…

28 Comentarios

  1. A ver..

    Punto 1. Cabrón. No puedes escribir esto y después de un día de locos, de curro hasta las patas tocas de esta manera la fibra sensible.

    Punto 2. Genio. Sigues escribiendo después de un año con el corazón y eso, a mí, me mata.

    Un abrazo

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      ¡Ay, jefe! ¡Como se nota que tienes una preciosa en tu casa!
      Creo que estamos hechos de una pasta especial y precisamente eso mismo los hace especiales a ellos.
      Mira tú por donde, me ha gustado tanto lo de “cabrón” como lo de “genio”. Aunque he de reconocerte que tengo mucho más de lo primero…
      Eso sí, aun me late el corazón.
      Abrazos enormes.

  2. jose ferraz

    muito bonito y triste

  3. Cristina Alises

    Estoy de acuerdo al 100% con Jcme.
    Esta vez me has hecho llorar y no de risa, precisamente.
    Aún así, me encantas, como siempre. Besos!

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Gracias, Cristina.
      Supongo que algo de intencion había al compartir una historia tan personal como esta.
      Volveré a las risas. Suele ser mi estado natural…
      Besazos.

  4. Ana

    Que llantina tengo Jesús, que nudo en la garganta. Me acuerdo de el y de Drako al leerlo.
    Ayer también fue un mal día para mi en esa fecha también perdí a mi madre. Espero que estén donde estén, se encuentren los tres y les de la merienda. ! Que también era muy dada a ello con Drako!
    He sonreído leyendo, pero el llanto me gana. Un beso muy grande por estas bellas palabras.

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Ana, corazón. ¿Sabes que me dejas más tranquilo? Porque sé que tanto Drako como Hugo, estarán atendidos estupendamente por tu madre. Y también cuidaran de ella. ¡Qué grande tu madre!
      A veces, llorar es bueno. Es una señal de que no nos hemos olvidado.
      Besazos inmensos, cielo.

  5. Jolin Jesus, vaya lagrimones se me han caído leyéndote. Solo los que tenemos a esos angelitos peludos de cuatro patas entendemos ese amor. Seguro que donde este seguirá tus pasos de cerca.

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Vaya, Silvia. Lo siento. Ojalá todos estuviesen tan sensibilizados con lo perros como lo estamos nosotros.
      No somos conscientes de lo muchísimo que pueden llegar a querernos.
      Gracias por leerlo. Y por sufrirlo y disfrutarlo a partes iguales.
      Besazo.

  6. Arturo

    Que llorera Jesus!!! Que buenos recuerdos!!! Y que grandes sus pedos yéndose como la pataki!!! Te echo de menos Hugo.

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      ¡Ay, Altu! No me acordaba del momento Pataky. Es que tenía toda la gracia, el jodío. A partes iguales con la mala uva, eso sí…
      El también te echa de menos. Cualquier día, va a conocer a Peka…

  7. Casi no puedo terminarlo porque la llantina no dejaba leer!

    Qué bonito recuerdo nos dejan y con eso nos hemos de conformar, una pena pero menos es nada.
    Un besazo!

    PD: Yo también huelo y oigo de vez en cuando a Gorda

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Super Juanlu, entonces sabrás lo que siento.
      Perdón por hacerte llorar. Eso te pasa por ser amante de los perros, lo cual te hace aún más grande.
      Mira, como Hugo y Gorda estén juntitos se lo van a pasar que ni me imagino.
      Besazo para los dos.

  8. Uffff,imposible expresar mejor con palabras lo que sentimos muchos de nosotros hacia nuestros amigos de cuatro patas.
    Un besazo

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Jo, Esther, muchísimas gracias. Creo que todos los que hemos tenido o tenemos perros sentimos por ellos de manera parecida. Afortunadamente, a pesar de la cantidad tan enorme de salvajes que hay, somos muchos.
      Besazos.

  9. Raquel

    Gracias por hacerme recordar. Aunque se me ha escapado alguna lágrima. Un beso.

  10. Maria Antonia

    No sabes como te entiendo, siempre he tenido perros, mis niños peludos, y cada uno de ellos tiene su hueco en mi corazon, con la que tengo ahora, me has hecho llorar, si, de pura emocion y tambien nostalgia …. son tan especiales ! Es bonito recordar, pero duele 🙁 un abrazo y unos cuantos besos Jesus y estate seguro que Hugo siempre estara contigo.

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      ¡Ay, Maria Antonia! Sabia que a alguien tan especial como tú tenían que gustarle los peludos.
      No sabes cuánto me alegro.
      Llorar de emoción es fantastico. Dejemos la pena aparcada, la emoción es otra cosa.
      Besazos inmensos.

  11. Antonia

    Qué bonito homenaje le has hecho con tus palabras….y como me has hecho llorar!!! Se les extraña mucho, verdad? Pero siempre estarán con nosotros.. Un beso muy grande!!

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      No te imaginas cómo y cuánto. Son parte importante de nuestra trayectoria vital, Antonia.
      Siento tus lagrimas, pero seguro que son de emoción. ¡Fuera penas!
      Besazo.

  12. Yo también estoy de acuerdo con Jcm.
    Después de leerte he tenido que ir corriendo a abrazar a Martha. La muy boba intentaba apartarme con sus patitas, pero no ha podido.

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Gracias, Isabel.
      Me hubiera encantado veros a Martha y a tí. Incluso cuando nos rehuyen, nos los comeríamos aún más. Y siempre ganamos en la persecución.
      Un beso.

  13. Helena

    No he podido evitar soltar lagrimillas, y al terminar abrazar a Dexter, mi hijo de cuatro patas, le quiero tanto, a pesar de sus aires, y sus trastadas, siempre he tenido mucho miedo a que “llegará el dia” pero gracias a ti, he entendido que él siempre va a estar conmigo, en mi. Te he descubierto hoy, pero ahora no te voy a perder la vista! Saludos desde Valencia

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Llegue el día que llegue, y cuando llegue, Dexter siempre va a estar contigo. Y, como tú dices, en ti. No importa con cuanta intensidad, lo importante es que esté. Y estará, estoy seguro de ello.
      Pero espero que tardes en contármelo.
      No me pierdas de vista, no. A veces, hasta soy gracioso…
      Un beso enorme.

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