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Diálogos para la eternidad

¡Hola, amiguit@s!

El cine -además de magia y entretenimiento- es arte, aunque sea el séptimo. En eso creo que todos estamos de acuerdo.

¿Quién no ha ido al cine alguna vez en su vida? De verdad que no conozco a nadie que no haya pisado una sala. Pero sí conozco bastante gente que en su vida ha visitado un museo. Hay gente que lo tiene como hábito, una o dos veces por semana. A veces más, aunque con estos precios… Y si te gustan las palomitas, la has cagao bien cagada. Porque los veinte pavos no te los quita nadie.

Tod@s hemos vivido situaciones cinematográficas. O tod@s hemos creído ser como los protagonistas de determinadas películas porque nos hemos sentido verdaderamente identificados con los personajes.

¿Quién no utiliza títulos de películas míticas para sus conversaciones más cotidianas?

“No soporto a esta tía, me está haciendo “luz de gas” (que es como se tituló en Sudamérica “Luz que agoniza”, la película de George Cukor de 1944, protagonizada por mi bellita Ingrid Bergman y Charles Boyer).

O, “Ayer llegué a casa con un pedo descomunal y terminé en el váter como la niña de “El exorcista”. ¡Tremenda vomitona!

Pero si hasta algunas prendas de vestir se llaman así por el cine. ¿O de dónde creéis que viene la chaquetita de punto llamada rebeca? Pues de las que llevaba Joan Fontaine en la fantástica pelicula de Alfred Hitchcock “Rebeca”.

Y hasta utilizamos nombres de actores para nuestra conversaciones más triviales. Sin ir más lejos: “¡No te enrolles, Charles Boyer!”.

A nadie se le ocurre nombrar al difunto marido de Isabel Preysler y decir: “¡No te enrolles, Miguel Boyer!”. ¿Por qué? Porque no es nada cinematográfico. Además, tendríamos que añadir las tildes al nombre y terminaríamos como Belen Esteban: ¡No te enrolles, Míguel Bóyer!”.

Definitivamente, no nos gusta.

Yo, sin ir más lejos, me he apropiado de uno de los films de la saga de James Bond (“Díamantes para la eternidad”) para titular mi entrada de hoy.

O de otra joya del cine, “Lo que queda del día”, para poner nombre a mi blog. A vuestro blog. Aunque confieso que este nombre se le ocurrió a mi hermana y a mí me encantó.

Por cierto, acabo de volver a verla en Tele Madrid. ¡Qué maravilla de película!

¿Y por qué “Diálogos para la eternidad? Porque muchos de ellos están en nuestra memoria. Se quedan de manera permanente para poder ser manejados en situaciones vitales. A mi, hay uno que me fascina y que ya fue utilizado por uno de nuestros directores más internacionales (Pedro Almodóvar) en su divertida comedia “Mujeres al borde de un ataque de nervios”. Se trata del díálogo que mantienen Sterling Hayden y Joan Crawford en “Johnny Guitar”, la maravillosa película dirigida por Nicholas Ray en 1954.

Y dice así:

– Sterling Hayden: ¿A cuántos hombres has olvidado?

– Joan Crawford: A tantos como mujeres tú, me imagino.

– S.H.: No te vayas.

– J.C.: Pero si no me he movido…

– S.H.: Dime algo bonito.

– J.C.: Claro. ¿Qué deseas oír?.

– S.H.: Miénteme. Dime que me has esperado estos cinco años. Dímelo.

– J.C.: Todos estos años te he esperado.

– S.H.: Y que habrías muerto si no hubiese venido.

– J.C.:  Habría muerto si tú no hubieses venido.

– S.H.: Y que todavía me quieres como yo te quiero a ti.

– J.C.: Te quiero como tú me quieres a mí.

– S.H.: Gracias.

¡Uffff! Y todo esto mientras se miran fijamente a los ojos. Qué pasada.

Yo, lamentablemente, no he mantenido conversaciones de este pelo con nadie en mi vida. No sé si porque la gente con quien me gustaría mantenerlas ni siquiera ha visto “Johnny Guitar” o porque, sencillamente, yo aún no estoy preparado para ello. O porque hablar así está pasadito de moda. Hoy se llevan otras cosas…

Volvía yo de trabajar cuando me paré en el escaparate de una librería donde había dos chavales (no superaban los veinte años) comentando algunos de los libros expuestos. Y uno de ellos, parece que el más intelectualoide (y uno poquito coñazo también) le decía a su proyecto de amiguito mientras señalaba uno de los libros:

– “Va sobre la figura del ser soviético. Sus ideales, cómo se corrompieron,… ¡Muy interesante, tío!”.

¿Perdona? ¿Dónde radica el interés en un chaval de veinte años? ¿Se refiere al “ser” como un ente? ¿Acaso es el infinitivo del copulativo? ¿Tal vez el ser de “La insoportable levedad del ídem”, de Milan Kundera?

Os podéis imaginar la cara del muchacho cuando escuchó semejante recomendación.

¿Qué o quienes se corrompieron? ¿Los seres soviéticos? ¿Los ideales? ¿Los brazos de Santa Teresa? Para ideales ideales, estas conversaciones tan profundas mientras echas un vistazo a los libros.

Además, cuando hablas de algo así no vale decir “tío”. Hay que decir “muy interesante, camarada Pepe”. ¿O no?

Y luego me quejo yo de la falta de inquietudes de la juventud… ¡Cuán equivocado estoy!

Yo lo más cercano que he estado de hacerme un Johnny Guitar, fue exactamente el domingo pasado, cuando estando tan ricamente en mi casa preparando mi entrada “¡¡¡ESTO NO TIENE NOMBRE!!!”,  recibí un mensajito en una de mis múltiples aplicaciones guarronas (esas de las que ya os he hablado en alguna ocasión). Era de un ser cuyo rostro estaba tapado por unas gafas de sol. ¡Qué manía con querer parecerse a Paris Hilton con las dichosas gafas! ¡Si no son gafas, son pantallas de plasma! ¿En qué se supone que me tengo que fijar? ¿En el paisaje? ¡Qué no te veo la cara, coño!

Bueno, pues el muchacho (con nick de nombre de metal de medalla olímpica, aunque mal escrito) comienza su diálogo para la eternidad. Y yo, mientras, flipando. Pero dando la cañita correspondiente, en mi línea. Toda la conversación que vais a leer es literal, salvo lo que va entre paréntesis, que son mis anotaciones mentales. No es que tenga tan buena memoria, es que la tostada ya me olía a chamusquina y decidí hacer capturas de pantalla. Me siento tan periodista de investigación…

Por cierto, mantener esta conversación alejada de los niños.

– Él: Hola. ¿te van las situaciones morbosas?

– Yo: Depende de cómo sean y de quién vengan.

– Él: Jijiji… (mal empezamos. Con la risita de conejo. Verás…) Estaré en Madrid puente de diciembre… Me gustaría tener un juego con tío varonil morboso cómplice (todo en un mismo ser). Cuando esté ahí llamarte una noche (intuyo que por señales de humo) y quedar en un pub de amiente de ahí…(supe que se refiera a ambiente y no a amianto porque soy muy listo) yo te diría do de (casílabo) estaría… Tú irías te pondrías en la barra por ejemplo enfrente y yo te provocaría con miradas… insinuaciones… gestos… hasta ver comóplatos (esto de los comóplatos no lo entendí, francamente) te pongo a mil y tu paquete lo noto engordar en tu bragueta… (¿ande se piensa este que me guardo yo el tabaco? ¡Qué listo, el jodío! ¿Cómo sabe que fumo?) Todo lo haría en presencia de mi pareja sin que me lo notara… (¿Será iluso?) sería total complicidad entre tú y yo… Cuando te tuviera a tope (con la Cope) me iría al baño disimulando para que me siguieras y te comería entero… (el muchacho, sin saber que yo ya estaría bostezando) Luego saldría como si nada… y seguiría juego. De pensarlo… pufffffff (exacto. Pufffffff, pero con muchas F’s. ¡Qué tedio, por Dios!)

– Yo: ¿Honestamente? No, no me va nada.

Por muchos motivos. Los más importantes, porque detesto el sexo express y no vamos a tener a tu pareja esperando un par de horas, ¿verdad?. Y porque el baño me parece uno de los lugares más incómodos para comer o para ser comido.

Y porque tampoco me gustaría que no aparecieras, por ejemplo. O que a tu pareja ese día no le apetezca salir y me quedara esperando, esperando, esperando,… como la Penélope de Serrat. En fin, que tu situación morbosa no me parece la panacea.

¡Pero buen intento! Y gracias.

– Él: Nunca te dejaría tirado soy serio me pones mucho. (Así, de corrido, sin respirar)

– Yo: (que no dejo pasar una oportunidad y en esto soy práctico de cojones, nunca mejor dicho) Pues si te pongo, quedemos. Pero en un lugar cómodo y sin jueguecitos. Para lo que es el fornicio, por ejemplo. ¿Te parece una situación poco morbosa?

– Él: Mucho tb. (¿Mucho de mucho? ¿Mucho de poco? ¿Ha entendido mi pregunta?)

– Yo: (ya con el fin de zanjar) ¡Ea!.

– Él: (que no quiere zanjar pero que ha visto que así no tiene mucho que hacer) Soy de caricias… besos… roces labios… (¿Roces labios? No lo pillo. ¿No será de Roncesvalles? ¿De qué labios habla? ¡Me estoy mareando!)

– Yo: (zanjando, que es gerundio) Entendido. Ahora me voy al teatro. Hablamos. Gracias.

Y hasta hoy. No sé si sigue pensando el significado de la palabras panacea y fornicio o ha ido a descansar a Roncesvalles. Al ser de allí…

Lo que sí sé es que yo me fui al teatro a ver una obra llamada “Incendios”, una verdadera joya de Wajdi Mouawad con Nuria Espert y Laia Marull.

¡Y eso sí fueron diálogos para la eternidad!

Hasta la semana que viene, amiguit@s.

6 Comentarios

  1. Rosa

    Me ha ENCANTADO (MUCHO, DE MUCHO). Eres genial, gracioso y singular, a la vez que didáctico, por favor, no dejes de escribir. Bravo.
    Come, come, into my Life. Jajajajaja.

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Gracias, Rosa.
      En la medida de lo,posible, prometo no dejar de escribir. Al menos, de momento.
      Come, come, stay with me. Nobody loves me… Jajajaja

  2. Maria Antonia

    Jajajajajaja, me imagino al ejemplar este ( de ejemplo de tipo raro ) en Roncesvalles esperandote, pasandose la lengua por los labios ya irritadisimos y sin la barrita de proteccion labial, esperandote con cara de vicio pero mas solo que la una, que bueno eres contando cosas cabrito, me parto contigo !! Besazo castisimo y abrazo con pellizquitos 😉

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Te juro, Maria Antonia, que a mí me gustaría que no me pasaran estas cosas pero como me pasan, procuro ver el lado divertido. Y te aseguro que es muy divertido.
      Creo que el interfecto sigue en Roncesvalles con los labios más secos que la mojama.
      Y yo, el paquete ya me lo he fumado. Ese y más, digo…
      Besazos para ti.

  3. rocio lacaci

    A mi la gente que aparece en una foto (para ligar) con esas gafas modelo “plasma” me descolocan un poco…..nunca sabes si tiene ojos de guarrón o de Candy Candy….y la cosa cambia mucho….!!!! En cualquier caso, no me gusta para ti….que siempre hubo clases, hasta para comer o ser comido….

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Pues estamos de acuerdo en lo de la gafa plasma, Rocio.
      A mi tampoco me gusta para mi. Así que, descartado para siempre jamás. Ni comer ni ser comido.
      A veces hay que sacrificar la lujuria…
      Besazos, bella.

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