Diario de un euro.. ¿Qué? | Lo que queda del dia
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Diario de un euro… ¿Qué?

¡Hola, amiguit@s!

Antes de ayer, el sábado, tuve un día un poquito ajetreado. Me tocó madrugar y algunos de vosotros ya sabéis que -junto con la gentuza- es lo que más detesto del mundo mundial. Pero a veces toca. Por un viaje, por una visita al médico especialista de turno o -como fue mi caso el sábado- por un congreso.
Pues sí, he asistido a un congreso. Y no es un congreso sobre medicinas alternativas, ni sobre quiromancia, ni de video juegos. Ya no tengo edad para esto último.
Todos los que me conocéis ya sabéis cuál es una de mis múltiples aficiones y los que no me conocéis tanto, ahora la vais a saber.
He asistido por décima vez al congreso que organiza una asociación -a la cual pertenezco- llamada OGAE.
Por cierto, esa E final corresponde a Eurovisión.

Sí, amiguit@s. Yo soy seguidor del festival de Eurovisión. No me declaro fan, soy sólo asiduo seguidor.

Como nos dijo Amaya Uranga (cantante de Mocedades y de El Consorcio, e intérprete de mi representación española favorita de la historia: “Eres tú”) cuando nos visitó en el congreso del año pasado: “A mi fan me suena a fanático. Y los fanatismos no me gustan, no son buenos”.

La diferencia entre seguidor y fan de Eurovisión es que al segundo le puedes preguntar de qué color eran las bragas de la representante de Finlandia de 1974. O si Salomé grabó su “Vivo cantando” en suajili. O cuándo tuvo su primer periodo la repelente niña con pelo de mayor que representó a Francia en el 1989. Incluso si el representante de Malta del 2001 ha tenido problemas con la justicia de su país por tener larga la manita en unos grandes almacenes de La Valeta.
Como veis, datos absolutamente fundamentales si te declaras fan de Eurovisión, o como a los medios de comunicación les gusta llamarnos, EUROFANS.

A ver, yo de Eurofan tengo mi afición desmedida por el dinero. O sea, que me declaro desde aquí Dólarfan, Libraesterlinafan o incluso Yenfan. Y eso que a mí el Oriente, salvo para los Reyes Magos…
Respecto al festival de Eurovisión soy tan sólo, insisto, un fiel seguidor.

Por eso me encontraba yo madrugando antes de ayer, porque quería asistir al congreso anual en el que, además de disfrutar de unos cuantos artistas a lo largo del día y de ver a gente a la que sólo veo una vez o un par de veces al año, iba a dimitir oficialmente del que ha sido mi cargo en esta asociación durante los últimos cuatro años: el de tesorero.
Y así fue…

Tuve una cierta sensación agridulce mientras lo hacía. Agria porque sentía como si me estuviese desvinculando de algo que me gusta, lo cual no es en absoluto así porque pretendo seguir siendo miembro de esta asociación. Ya llevo muchos años ahí metido como para dejarlo.
Y dulce porque -¡por fin!- las únicas cuentas a las que me voy a dedicar desde ahora son las correspondientes a mi -cada día más precaria- economía doméstica.

OGAE, entre otras muchas labores importantes que realiza para los que disfrutamos de semejante evento musical (encomiable y desinteresada la de su presidente), es una maquina de generar concursantes para una Gran Hermano interminable. Algunos socios, quiero creer que los menos, magnifican situaciones de lo mas simple y cotidiano, como en el famoso concurso televisivo. Hasta el punto de vivir su afición con una vehemencia y pasión que algunas veces da hasta miedo.
Toda crítica genera susceptibilidades y todo es susceptible a la crítica.
¡Coño! ¡Con lo fácil que es disfrutar plenamente de un evento como este!

Y esto es lo que hice yo ayer: disfrutar.

Solté mi monologo anual mientras informaba del estado de cuentas de la asociación, dimití y me despedí dando las gracias a todos y cada uno de los asistentes.
Y a partir de ahí, me relajé en mi butaca del maravilloso salón de actos del Ateneo de Madrid. Por cierto, me pareció una verdadera joya que os recomiendo desde ya. Una de tantas como tenemos en Madrid y desconocemos, lamentablemente.

Por allí pasaron el sábado cinco artistas relacionados con Eurovisión, entre ellos Edurne y su bailarín.

La primera no es fría, no. Es gélida. Aunque yo sigo pensando que tiene mucho talento pero que debe soltarse un poquito más esa melena rubia.

El segundo, su bailarín Giuseppe Di Bella, nos volvió a recordar que está como un verdadero queso. Y aunque no entendí muy bien su aparición en el congreso, siempre es bueno que algunas personas te recreen la vista y te la despejen cuando has madrugado tanto.

La tercera fue una tal Suzy, representante de Portugal en 2014. Sigo pensando que su canción es y fue de verdadero pavor, una mezcla del Kumbo de Georgie Dann más casposo con cualquier mala cancioncilla de verbena estival. Pero la tal Suzy es tan sumamente encantadora y divertida… Además de tener una buena voz, que de eso se debería tratar cuando eres cantante, ¿no?
(Por cierto, os pido fervientemente que echéis un vistazo al video clip del Kumbo de Georgie Dann en You Tube. No tiene desperdicio. Ya sabéis: “…el paraíso puede estar en Trinidad”.)

La cuarta en visitarnos y honrarnos con su presencia fue la cantante noruega Elizabeth Andreassen. Una fantástica interprete que a los cincuenta y muchos años nos demostró por qué sus cuatro participaciones en el certámen (una de ellas representando a Suecia) habían sido éxitos y habían alcanzado alguno de los diez primeros puestos de la clasificación. Con una voz todavía prodigiosa y un carácter de lo más jovial nos hizo retrotraernos al 1985, año en el que se proclamó vencedora. Aunque en mi modesta opinión, yo me quedo con su segundo puesto del año 1996 y con su bella canción “I evighet”. Os recomiendo a todos que escuchéis esta estupenda balada.
En resumen, una actuación memorable la del sábado.

En último lugar nos visitó la cantante ucraniana Zlata Ognevich, una bellísima mujer de fabulosa voz que nos deleitó, entre otras, con la canción con la que representó a su país en el 2013: “Gravity”. Por decir algo malo de ella: ¿se pudo ir peor vestida?

En definitiva, fue un día bonito. Bonito y agotador. Debió ser el madrugón…

Pero supongo que por Eurovisión ha merecido la pena.

¡Mi querido festival de Eurovisión!
Imposible separarlo del “Te Deum”, ese maravilloso y gran motete polifónico en re mayor, que Marc Antoine Charpentier compuso probablemente entre los años 1688 y 1698 para la iglesia de San Pablo de los Jesuitas en París (¿o era San Luis?), de donde era profesor de música y por el que la Unión Europea de Radiodifusión…

¡Ay, Dios! ¿A que va a ser que soy Eurofán por mucho que me empeñe en no reconocerlo?

12 Comentarios

  1. Inchausti

    Yo me declaro desde aqui, Asufan!!!!

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Yo Elefan (nada que ver con los paquidermos) o Inchafan. En definitiva, súper fan tuya!
      No me canso de escucharte la historia del tanga de ya sabes quién…

  2. tu Luchy

    Definitivamente, me tengo que ir un año contigo, no se hable más. Remuacs

  3. Fran Soler

    Si a alguien eche de menos por no ir al congreso fue a TI, eres tan grande que no tengo gigas suficiente para describirte, Un beso wapo

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Yo también te eché de menos, Fran. Y con lo que me acabas de decir ahora tengo aun mas ganas de verte y darte un achuchón.

  4. Lara Cobos

    Sabes q desde hace años cuando veo Eurovisión intento localizarte entre los fans?? Jajaja

  5. José Ferraz

    Uhmmm no sé que decir….la de la portuguesa las últimas son tan malas que ni me acuerdo de la chica, en fin tampoco soy Eurofan…desde que los países de leste entrarán, todo es un poco cocinado…

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Bueno, José. Las últimas entradas portuguesas no han sido tan malas, al contrario. Pero es que la tal Suzy…
      Respecto al este, sí. Es cierto que se votan a sí mismos pero de poco les sirve. Ahí están los nórdicos jorobando y llevándose las victorias.

  6. Damián

    Mi querido Jesús! Como siempre, un placer verte nuevamente y haber compartido contigo el congreso. Por personas como tú, vale la pena viajar desde tan lejos para el congreso. Besazo cariño!

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