El sexo fuerte | Lo que queda del dia | Blog de Jesús de Asumendi

El sexo fuerte

¡Hola, amiguit@s!

El pasado 8 de marzo se celebraba uno de esos días que yo tanto he criticado en una de mis entradas anteriores. Uno de esos días en los que se conmemora un hecho digno de tener en cuenta. Uno de esos días que no deberían de conmemorarse por lo que suponen los otros trescientos sesenta y cuatro.

Estoy hablando del Día Internacional de la Mujer.

Que en el 2017 sigamos celebrando el día en el que se conmemora la lucha de la mujer por su participación -en pie de igualdad con el hombre- en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona, tiene muchos cojones. Pero muchos, muchos.

Supongo que todos esos cojones que nos faltan a los hombres.

Por ese terror absoluto a aceptar que muchas mujeres son infinitamente superiores a muchos de nosotros. Y eso, para un hombre que se jacta de serlo (ahí está el primer error cometido, en jactarse de ser un HOMBRE, con mayúsculas) es el mayor de los varapalos que el sexo masculino puede sufrir.

No critico el hecho de que se celebre este día. Critico el hecho de que países supuestamente desarrollados sigan celebrándolo, por lo que esto significa. Porque un país nunca estará desarrollado hasta que no reconozca a las mujeres como ciudadanas de pleno derecho.
Si la mujer ya hace los deberes, y con creces, ¿por qué carece de los mismos derechos con los que contamos todos los hombres? Inexplicable e ilógico.

¿Es un problema de planteamiento? ¿De desarrollo? Quizá ese es el problema, porque cuando no hay planteamiento posible no hay nada que desarrollar.
Y sigo pensando que todo, absolutamente TODO, se reduce al miedo. A ese terror que nos produce el pensar que la mujer venga a usurpar un territorio que durante siglos nos ha pertenecido. A ese hombre cobarde e injusto en la partida, a quien todo le ha venido por herencia histórica. A ese facilón que ha adquirido los derechos por el hecho de haber nacido con un apéndice de más. Aunque a algunos ni se les vea y aunque otros basen su hombría en el tamaño de dicho apéndice. Claro, con un planteamiento así, ¿qué podemos esperar?

Alguien lo está haciendo mal, verdaderamente mal.

Volvía de trabajar la semana pasada cuando en una pared de la Plaza de Tirso de Molina vi una serie de carteles pegados en unos edificios. Intuyo que eran las secuelas de la celebración del día en cuestión. O quizá los preparatorios de tan señalada celebración. Es que no recuerdo muy bien si fue antes o después.

Los carteles, muchos y muy variados, tenían instantáneas de mujeres con consignas escritas en un folio que mostraban orgullosas a la cámara que las fotografiaba.

“En mi coño no manda nadie”, “La calle y la noche son nuestras, ¡imbécil!”, “Tu opinión no me importa. Si me vuelves a silbar, machete al machote”, “Esa hostia contra la farola te la mereces por mirarme. ¡Jodete!”, “¿Nos conocemos?. Pues no me toques cuando me hablas”, “La diferencia entre una pizza y tu opinión es que la pizza sí la pedí”, “Soy mucho más que un par de tetas”, “No me llamo Nena, me llamo Elena”, “Las mujeres no salimos a la calle para tu entretenimiento. No somos tu entretenimiento”, “No me llamo mami, ni guapa, ni cariño, ni bonita, ni niña, ni preciosa, ni chochito”, “No invadas mi espacio”, “Tú me tocas, yo te parto la boca”, “Déjame hablar. ¡Cállate!”, “Soy mucho más que un par de tetas”, “Mi escote lo elijo yo”, “No es sólo un piropo. Son tus privilegios” y “Mi cuerpo y mis decisiones no necesitan tu opinión”.
Estas fueron todas las maravillosas consignas, las lindezas que fotografié en Tirso de Molina cuando volvía a casa de trabajar.
Aunque reconozco que la de “La diferencia entre una pizza y tu opinión es que la pizza sí la pedí”, me encantó, porque es aplicable a cualquiera.

¿Es esta la defensa que necesitan las mujeres? En mi humilde opinión, no.
¿Es esta la mejor forma de intentar equipararse al hombre? Creo que tampoco.
¿Es esto lo que representa a la inmensa mayoría de mujeres que luchan por esa igualdad? Definitivamente, NO, NO Y MIL VECES NO.
Son consignas llenas de resentimiento y, en su mayoría de odio. Y eso no tiene nada que ver con el día Internacional de la mujer.
El mensaje lo capto a la perfección. Pero no pierde el fondo, sino las formas. Y eso, es un mal común.

Las consignas de la ONU (organismo encargado de fomentar la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer) son diferentes: “Igualdad para las mujeres, progreso para tod@s”, “Empoderando a las mujeres, empoderando a la humanidad. ¡Imagínalo!”, o “Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50 en 2030”.
Y esas son las consignas, aunque sea triste que haya que tener consignas. Pero eso es lo deseable por y para todos. Lo anterior, es odio. Y no es igualdad. Es tan peligroso como el machismo.

Por cierto, recuerdo a muchos y muchas que los derechos y derechas, no consisten en estar continuamente machacando a los interlocutores con eso tan Bibiana y Bibiano Aido y Aida de: miembros y miembras y demás incongruencias e incongruencios.

Lo derechos y la igualdad van mucho más allá de una “a” o una “o” al final de cada palabra. ¿O debería decir palabro?

Yo he tenido la suerte de crecer en un matriarcado. Mi madre se ha puesto toda la vida el mundo por montera (lo sigue haciendo) y en casa se ha hecho lo que ella ha querido, aunque a veces haya tenido que disimular para no ofender al macho alfa. Y mi hermana no necesita la igualdad porque perdería. Porque ella es superior a muchos hombres.

Y eso les sucede a todas las mujeres que forman parte de mi vida, esas mujeres de las que he sabido rodearme. Esas que están a años luz de los hombres que han tenido la inmensa suerte de cruzarse en su camino. El problema, es que sólo ellas y yo sabemos que son infinitamente superiores.
Y yo, siempre estoy de parte de los fuertes. Y en este caso, de las fuertes.
Porque, a estas alturas del partido, ¿alguien duda de que existe un sexo débil y no son, precisamente, las mujeres?

Desde aquí quiero condenar el monstruoso asesinato de la transexual Dandara dos Santos a manos de cinco  hijos de puta desaprensivos, quienes terminaron con su vida tras una brutal paliza que remataron con una pistola. Y todo esto después de haber sido vejada y humillada por el simple hecho de que no se ajustaba a los cánones femeninos de sus agresores.
Lo único que Dandara quiso durante toda su vida fue ser mujer.
Dandara, descansa en paz.
No sé si fuiste una gran mujer. Pero no cabe duda de que eres mucho más grande que estos cinco puñados de escoria que un día se creyeron hombres.

¡Hasta la semana que viene, amiguitos y amiguitas! (Oooops!)

9 Comentarios

  1. Ana

    Total.ente de acuerdo contipo. A mí no me gusta celebrar ese día, el mismo hecho de hacerlo ya marca la diferencia enutre hometes y mujeres.
    De todas formas no es un día festivo para mí, sino reivindicativo.
    Cuando tenga los mismos derechos que los del apéndice celebraré algo.

  2. Ana

    Que hartura de corrector

  3. Cristina Alises

    Estoy de acuerdo contigo. El autocorrector es un asco.
    Y contigo también Jesús. Nada que celebrar, mucho que reivindicar y, lamentablemente, muchas de esas máximas que comentas son cosas que ninguna mujer tendría que preocuparse en decir, pero hay tanto cafre suelto… Besos, guapo!

  4. Maria Antonia

    Totalmente de acuerdo contigo. Cuando algunas confunden igualdad con embrutecimiento mal favor se hacen. Como bien dices no deberia ser celebrado el dia de la mujer porque ese dia son todos, igual que los de los hombre, es absurdo ! Pero me temo que gente, mujeres incluidas, que piense como tù no hay tanto como debiera. Pero lo conseguiremos, no me cabe la menor duda ! Un beso enorme por ser una persona con la cabeza tan lucida, y viva la madre que te pario, tu hermana y todas las mujeres que día a día demuestran su superioridad sin necesidad de carteles ni celebraciones ! 🙂

  5. Muy acertado en tus apreciaciones como casi siempre. Hay que abogar por que haya sentido común. Con eso se solucionarían la mayoría de problemas. El de la desigualdad también.

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Eso sí que es una causa perdida, la de abogar por el sentido común.
      Ya sabes que es el menos común de los sentidos…

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