Esa falsa hombría | Lo que queda del día

Esa falsa hombría

HOMBRÍA: conjunto de características y cualidades morales que se consideran propias de un hombre. La honradez y el valor son considerados propios de la hombría.

MASCULINIDAD:

1. Cualidad de masculino.

2. Conjunto de características físicas, psíquicas o morales que se consideran propias del varón o de lo masculino.

¡Hola, amiguitos!

Hace algunos años, en muchos hogares españoles, se podía escuchar la maravillosa y original frase, normalmente dicha por la figura paterna:

“A ver si te vas a la mili y te haces un hombre”.

Hombre -precisamente- tenía que ser quien tuviese los santos cojones de pronunciar semejante mini discurso. Mal elaborado, confuso y, definitivamente, carente de todo sentido. O, al menos, yo no consigo vérselo. Y no creo estar equivocado.

Me quedo con este otro de:

“Fui a la mili a hacerme un hombre y en ese año me hice como unos cien”.

Este, pronunciado por mi amigo J.M.G.L (quien tiene toda la gracia, por cierto), me parece mucho más divertido, bastante mejor elaborado, en absoluto confuso y -bajo mi punto de vista- tiene todo el sentido del mundo.

Porque uno puede ser hombre, sentirse hombre y querer hacerse varios hombres. En el servicio militar o donde se tercie. Porque en definitiva, ¿qué es la hombría?

¿Es esa historia a la que nos han acostumbrado algunos personas, en su mayoría del genero masculino (y debían ser bastante influyentes como para haber conseguido convencer a diestro y siniestro) con el fin de salir airosos de cualquier situación aunque no haya por donde cogerla porque no se sostenga?

Andaba yo bastante desocupado el domingo pasado, lo suficientemente desocupado como para  comenzar a ver una película en televisión titulada “Unidas por la traición”. Una película de esas de “Estrenos TV” con reparto en su mayoría desconocido -generalmente basadas en un hecho real- y que es algo que a mí siempre me sobrecoge. O sea, es un reality puro y duro con factura de telefilm.

En esta película de grandioso título, un impresentable de buena posición social, felizmente casado y con trazas de ser un ciudadano ejemplar, se liga a una muchachita de diecisiete años con el único fin de tirársela. Pero varias veces, ¿eh?. Y mientras se la tira, le cuenta lo desdichado que es porque su mujer tiene un amante y él, pobrecito, no se siente en absoluto querido. Y se quiere divorciar por estar viviendo una situación insostenible. La muchacha, bien porque tiene diecisiete años, bien porque es tonta del culo o bien porque le pica el trijuelo una barbaridad, se lo cree todo. Y se enamora y -¡como no!- se queda voluntariamente embarazada. Y comienza a pensar en un futuro esperanzador para ella y para su bebé. Hasta que le confiesa al futuro y sorprendido padre de la criatura, que en sus entrañas tiene un ser producto del amor. Entonces la historia cambia y el ciudadano ejemplar ya no es tan bueno, ya no se quiere divorciar de su mujer (porque verdaderamente no tiene motivo para ello) y encima comienza a complicarse su vida una barbaridad. ¡Todo tiene un precio!

He de deciros que no vi más. A mí, estas películas, me atoran todos los sentidos. Aunque no necesité terminarla. Me sobró y me bastó con lo que vi: otro retrato de hombre cabronazo en toda regla.

¿Quién no recuerda “Atracción fatal”? Aquella en la que otro impresentable, felizmente casado, de buena posición social y con trazas de ser un ciudadano ejemplar (¿os suena?) osa tener una aventura extra marital con una desequilibrada Glenn Close (¿o no estaba tan desequilibrada?) y se ve obligado a confesárselo a su linda mujercita, únicamente cuando no le queda más remedio.

¡Qué tío más valiente!

Bueno, pues historias como estas están siempre basadas en hechos reales. Y las hay a centenares. Son las historias de hombres que se jactan de serlo por tener esa actitud masculina de tirarse a todo lo que se mueve. Y a ser posible, que todo lo que se mueva vaya con un par de protuberantes tetas por delante. Porque, si no son protuberantes no serian mujeres y ellos tampoco serían hombres y pasarían a ser maricones. ¿No?

Maricones. ¡Qué bonita palabra!

Curioso. Porque eso es lo que nos han vendido durante años.

El hombre tiene que ser hombre y su hombría es directamente proporcional al número de estupideces que comete a lo largo de toda su vida. Y son muchas, os lo garantizo. Tantas, que la definición de hombría que he colocado al principio de esta entrada, no tendría ninguna validez. Salvo que se sustituyeran el valor y la honradez por la cobardía y la estupidez.

Nos han acostumbrado a admirar a los hombre por sus gestas valerosas. Tanto, tanto, que los errores que cometen (muchos, normalmente) no son apenas perceptibles ni juzgados.

Tendemos tanto a mal interpretar por error que, cuando conocemos historias como las de las dos películas de las que os he hablado, no pensamos que todos los hombre sean así, afortunadamente. Aunque hay muchos, ¿eh? Más de los que la gente piensa.

En cambio, cuando vemos una peli como “La jaula de grillos” o “Priscilla, reina del desierto”, sí podemos llegar a pensar que todos los gays van hasta arriba de plumas y plataformas. Y hay muchos, si. Pero muchos menos de los que la gente piensa.

Parece que perdonamos antes una infidelidad o una estupidez que el hecho de que alguien pueda o quiera sentirse diferente en sus gustos sexuales.

¡Vaya mierda de rasero! Es mierda, pero ¿qué esperábamos?. Es un rasero inventado por esos hombre que se creen muy hombres pero que son mucho menos hombres que algunos hombres que van con plataformas y plumas.

Y son esos hombres que agreden, atentan y engañan los que le quitan el sentido a una palabra tan bonita como es la hombría. Porque yo, que ni agredo ni atento ni engaño, me siento un hombre de la cabeza a los pies, independientemente de con quien me acueste.

Mucho más hombre que hombres como Omar Mateen, ese “hombre” hijo de puta mal nacido que se atrevió a jugar con la vida de cerca de un centenar de personas (entre heridos y, tristemente, fallecidos) en un club gay de Orlando. Simplemente, porque no era lo suficientemente hombre como para aceptar la diversidad y la normalidad.

Y definitivamente, mucho más hombre que los hombres que basan su hombría en la mentira y en la falta absoluta de respeto al prójimo.

Vaya desde aquí mi repulsa más absoluta a todos aquellos hombres que atentan contra la normalidad que ellos consideran anormal.

Vaya también mi desprecio hacia todos aquellos terroristas emocionales que engañan y estafan por el simple hecho de sentirse más hombres y más masculinos.

Y vayan desde aquí mis condolencias a los familiares de las víctimas del terrible atentado acontecido en Orlando el pasado fin de semana.

A pesar de todo, vivan los HOMBRES, con mayúsculas. Los de verdad.

Pero, sobre todo, vivan las MUJERES. Porque sin ellas no existiríamos ni los hombres de verdad ni los simples aspirantes…

14 Comentarios

  1. Cristina Alises

    Estoy de acuerdo contigo en todo lo que expresas en este post y te amo, simple y llanamente.

  2. tu luchy

    Qué te voy a decir yo, querido, que tú no sepas ya. LOVE YOU:

  3. Maria Antonia

    Si antes me gustabas ahora te ADMIRO Y TE ADORO, no solo estoy de acuerdo contigo al cien por cien, si no que me encanta lo bien que lo explicas, tu si eres todo un hombre Jesus, con un par bien puesto. Ole tú y viva la madre que te pario !!! Montones de besos y achuchones !!

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Maria Antonia, soy todo un hombre ruborizado en este momento.
      Gracias, porque siempre eres muy generosa con tus mensajes.
      Besazos mil.

  4. Luis

    Totalmente de acuerdo con tus palabras! Bravo!! .

  5. Ana

    Genial Jesús, simplemente genial.
    Me han encantado tus explicaciones y con tu permiso lo voy a compartir, para esas mentes oscuras que por desgracia desfilan por las redes sociales.

  6. Muy bueno Jesús. Y qué razón tienes!!! Mi caso cercano es el de mi marido…. Tres hermanos y el del medio es el único que hizo la mili… adivina quien se hizo mas macho en esa tesitura 😉

  7. José Ferraz

    Muy bien, me ha gustado leer, me ha hecho viajar por mis 20 años que fue militar

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Muchísimas gracias, Jose. Veo que sigues leyéndome.
      Ah, pues si te he hecho viajar, me debes un viaje tú a mí…
      Besazo.

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