Mi gran vida griega - Tercera Parte | Lo que queda del dia

Mi gran vida Griega – Parte III

¡Hola, amiguit@s!

Mi llegada a Komotiní fue sin contratiempos.

Ni siquiera tuve la delicadeza de discutir con Yorgos en el autobús porque me pasé todo el viaje durmiendo. Desperté para hacer un pisito en el bareto de la parada intermedia y volví al bus a seguir durmiendo. ¡Creo que no me lo perdonaré nunca! Bueno, ni yo ni Yorgos. Tres horas perdidas, sin discutir. Con la cantidad de cosas que podríamos haber dicho…

Cuando desperté por segunda vez ya estábamos en Komotiní.

Confieso que la primera impresión no fue favorable en absoluto. Bueno, ni la primera, ni la segunda, ni la tercera,…

¿Kómo es Komotiní? (Estoy que me salgo de gracioso) Pues, bajo mi punto de vista, una ciudad aburrida y anodina. En la que no hay mucho que hacer, no hay muchos edificios bonitos y no hay playa. Y esto último es algo que, por sistema, solemos asociar con un país como Grecia. Intuyo que los extranjeros seguro piensan que Albacete o Soria también tienen playa, aunque por si acaso no vienen de vacaciones a estas dos ciudades.

¿Qué hacer pues en una ciudad así, además de discutir con Yorgos en su propio terreno?

Pues esa fue la mejor opción porque tiene una casa confortable, muy bien ubicada y con una temperatura similar a la de Siberia en invierno. ¡Dios mío! Nunca he disfrutado más de un aire acondicionado. Y era tal el calorazo y la humedad del exterior que quedarnos en casa era la opción más lógica, divertida y fresca.

Cuando Yorgos se iba a trabajar por la mañana, yo me levantaba, desayunaba, me daba una duchita y me echaba a la calle a descubrir algo que tuviera cierto interés. Y lo mas interesante que descubrí fue un chaleco monísimo que, por supuesto, me compré.

Y también fue interesante descubrir que era capaz de comprar en una tienda un regalo para Yorgos a pesar de los problemas de incomunicación por el idioma. La señora que me atendió, ni inglés ni castellano. Y yo, de griego, alizós anesti. Pero tampoco es plan de ir diciéndolo cada dos por tres, francamente.

Aún así, descubrí que lo que quería comprar tenía garantía y que podría cambiarlo si no le gustaba.

Entonces, además de comprarlo, descubrí que estoy preparado para cualquier cosa. Al menos, para cualquier cosa griega…

Una mañana conocí a una muy buena amiga de Yorgos: Niki.

Yorgos pensó que, con el fin de no aburrirme, me convendría poder hablar español con alguien y le dio mi teléfono a su amiga. Así que quedamos una de esas mañanas en las que Yorgos trabajaba. Niki resultó ser una mujer estupenda, con una vida interesante y plena y llena de cosas que decir y que contar. Conocerla a ella y a su marido, Panos, fue una experiencia que quiero volver a tener.

Una noche nos invitaron a cenar (¿recordáis el gazpacho que preparé para llevar como representación de la gastronomía española? Pues ni lo probamos y no me extraña) y nos pusieron una cantidad incontable de platos diferentes, todos ellos riquísimos. Además, y esto debe ser costumbre, cuando nos fuimos nos dieron en una bolsa un montón de comida que -sorprendentemente- yo no había conseguido terminar. ¡Y eso que me puse las botas! Pero las cenas griegas son así…

Porque al día siguiente, Petros, otra persona encantadora y otro buen amigo de Yorgos, hizo la misma operación. No contento con sacar cantidades importantes de comida, cuando nos marchamos nos dio la consabida bolsita para degustar en casa. ¡Maravilloso sistema! Porque cenas y comes y vuelves a cenar al día siguiente. ¡Y todo rico, rico, rico!

 

Muchas gracias, Niki, Panos y Petros. Espero volver a veros pronto.

 

Mis días en Komotiní consistían en comer y discutir, además de conocer a algunos buenos amigos de mi anfitrión.

Hasta que el día antes de regresar a España, volvimos a quedar con la pareja Niki/Panos y tuvieron el inmenso acierto de llevarnos a Xanthi, para que yo lo conociera.

¡Y me enamoré de esa ciudad! Fue como volver a la Grecia en la que yo quería estar pero sin haber salido de la Grecia en la que estaba. Curioso…

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¡Qué calles! Ya lo veis en la foto. ¡Qué casas! ¡Y qué pedazo de cena nos metimos pal pecho!

Nunca les estaré lo suficientemente agradecido por haberme invitado a ir con ellos a disfrutar de una ciudad tan inolvidable.

Nuestra ultima noche, la del sábado, la pasamos en casa. E hicimos algo que a mi me encanta: ver una película. Y no cualquier película, no. Vimos “La bella y la bestia” de Walt Disney en 3D. Porque Yorgos tiene televisión 3D. Así que nos pusimos las gafas de mosca y disfrutamos como niños de la película. Yo, por enésima vez porque la he visto en infinidad de ocasiones. Canté las canciones cuando había que cantarlas (así suscitaba una nueva discusión) y lloré cuando llegó el momento. Siempre lo hago.

Y a pesar de las gafas de mosca y de los maravillosos efectos especiales que podían apreciarse con ellas, yo me empeñé en discutir con Yorgos sobre el televisor, asegurando que no era en 3D. Para joder, principalmente.

Al día siguiente, domingo, y a pocas horas de abandonar definitivamente Grecia, nos pegamos otra buena comilona griega. Tres nuevos y buenos amigos de Yorgos (Makis, Andreas y Zak) vinieron de visita a Komotiní  y fuimos a otro estupendo restaurante. ¡Dios mío! Como diría mi madre, estos griegos comen más con los ojos que con la boca. Me tuve que volver a poner las botas. ¿Qué iba a hacer? Con todo lo que pidieron…

Acordaron llevarme de vuelta a Salónica con ellos, pues era desde allí desde donde tenía que coger mi vuelo de regreso a España.

Así que, como a las seis de la tarde salí de casa de Yorgos, sin apenas despedirme. Porque Yorgos detesta las despedidas (ya lo supe en Madrid).

Bueno, quizá no descubrí cosas interesantes en Komotiní.

Pero descubrí que Yorgos es una persona divertida, generosa y con un corazón que no le cabe en su estrecho pecho. También descubrí que nunca vamos a dejar de discutir, porque nos encanta a los dos. Y, sobre todo, descubrí a alguien que me ha dado todo su cariño y que ha sabido compartir conmigo una de las cosas más importantes que tiene en su vida: sus buenos amigos. Tan buenos como él se merece por ser una persona tan buena como es.

Yorgos, eres un tipo muy especial y por eso -y por mucho más- te quiero. Aunque tú te empeñes en decir que no te lo crees. ¿Será para discutir?

¡Hasta la próxima, amiguit@s!

10 Comentarios

  1. Cristina Alises

    Que puedo decir… yo también kiero! Besos, guapo!

  2. DompyIII

    Qué bonito… Pero como la comida española nothing, agapi!! Muaaka (que no mousaka)

  3. Maria Antonia

    Que maravilla ver lo mucho que os quereis y lo bien que comes, jajajaja, bien hecho ! La vida es para disfrutarla, incluidas esas discusiones vuestras que tienen que ser geniales. Me alegro muchisimo de tu felicidad y la de Yorgos, claro, y espero que pronto volvais a discutir juntos. Muchos besos mimosones y un abrazo enorme guapo ! 😉

  4. Jorge T2

    Qué gusto da leer tus aventuras !

  5. Niki

    Jesús!! No es para tanto!!!!! Aquí está tu casa! Ojalá nos visites pronto! Panos y yo nos acordamos mucho de ti! Lo pasamos de maravilla contigo, y claro, con Yorgos. Y además estamos de acuerdo contigo…que Yorgos tiene muy buenos, cariñosos e interesantes amigos como tú! Hasta muy pronto! Besitos!

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Para mi si fue para tanto, Niki. Los dos sois encantadores, tanto tú como Panos.
      La próxima, en Madrid. Besazos para los dos.

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