Joan Crawford, genio y figura (Primera Parte) | Lo que queda del dia

Joan Crawford, genio y figura (parte I)

¡Hola, amiguit@s!

Esta semana se celebra en Madrid el Orgullo Gay Internacional. Hemos sido invadidos por miles y miles de visitantes que quieren celebrar con nosotros tan magnífico acontecimiento.
¡Bendita invasión!
Eso sí, los pobres deben andar un tanto contrariados por las temperaturas. Pensaban que se encontrarían con el típico clima Mediterráneo y lo que han hecho es encontrarse con el africano. La diferencia es  bastante notable.
Bueno, tanto mejor para todos. Cuanto más calor hace, menos ropa se lleva. Y eso, en algunos casos, siempre es de agradecer, ¿no?. Insisto y recalco: “en algunos casos”.

Yo comencé el viernes a trabajar poniendo copas. Voy a estar allí durante todo el Orgullo. Poniendo copas y poniéndome las botas. Tengo esas dos opciones combinables entre sí. Desde el pasado viernes al domingo 2, día en que se darán por clausurados estos festejos. Así, seguidito. Sólo he podido conseguir que me dieran libre el día de hoy. Y no porque quiera descansar, no. Es que los chicos del coro estrenamos “Mundo”. ¡Por fin!. Os prometo entrada en breve, tan pronto como pueda hablar de ello en extensión, como a mí me gusta.

Hoy, dado que el mes termina y no me quedan días, dado que me gusta hablaros de una bellita y dado que -como os he dicho- celebramos la semana del Orgullo Gay Internacional, voy a hablaros de una actriz que a mí no me entusiasma demasiado. Ni como bella ni como intérprete. Pero hoy, más que nunca, merece estar aquí porque fue de las más precoces a la hora de airear su bisexualidad. Parece que se cepilló a medio Hollywood. A unos y a otras. ¡Anda que no! ¡Qué envidia! Y de la mala. De la muy, muy mala. ¡Y qué estómago tenía la muchacha! Y aunque no voy a hablar de ese aspecto de su vida (¡morbosos, que sois unos morbosos!) aquí tenéis su mini biografía.

Amiguit@s, con tod@s vosotr@s….
¡Miss Joan Crawford!

Lucille Fay Le Sueur vino al mundo en San Antonio, Texas (EEUU) el 23 de Marzo de 1904. Pertenecía a una familia muy modesta. Su padre, Thomas Le Sueur (de origen franco canadiense) abandonó a la familia antes del nacimiento de nuestra protagonista de hoy. Su madre, Anna Bell (de origen sueco), tuvo la suerte de contraer segundas nupcias con un empresario de teatro, gracias a lo cual la vida de la pequeña Lucille mejoró considerablemente. La de ella y la de sus dos hermanos mayores: Daisy (quien falleció muy joven) y Hal Hays.

A la temprana edad de once años, nuestra bellita ya compaginaba sus estudios en el St. Agnes Convent con un trabajo como camarera en un hotel de Kansas City.
Del convento de religiosas pasó a la Escuela Rockingham y terminó en el Stephen College de Columbia (Missouri), donde aprendió a bailar.
Estos estudios le sirvieron para que en 1921 debutara en el coro de chicas de revista de Katherine Emerine, en Kansas City. Y para que 1925, con veintiún años y a pesar de haber sufrido un accidente que le afectó las piernas, ganara un concurso de danza que facilitó su lanzamiento como actriz.

Ese mismo año firma un contrato con los prestigiosos estudios Metro Goldwyn Mayer. Aunque en un principio su contrato consistiera en ser la doble de la estrella del momento: Norma Shearer, una de las más prestigiosas actrices de aquellos años y de años posteriores. Además, casada con un peso pesado del cine: el productor Irving Thalberg. Un señor que en tan sólo 37 años de vida (edad en la que falleció) produjo casi un centenar de películas.

Pero volvamos a nuestra bellita estrella de hoy.

Con la Metro rueda la friolera de veintitrés películas, cuando el cine sonoro aún no estaba del todo establecido. El paso del mudo al sonoro no fue un problema para ella, algo que sí les sucedió a muchas estrellas del cine mudo. En su caso fue favorecida con la llegada del sonoro.
En aquellos tempranos años del cine, Joan ya era considerada una chica de conducta poco convencional vestida con raros atuendos. Libertina y muy avanzada para sus relaciones amorosas.
En EEUU a ese tipo de mujeres se les llamaba “Flappers”.

El 3 de junio de 1929 contrae matrimonio con Douglas Fairbanks Jr., también actor e hijo de dos leyendas vivas (vivas en aquel entonces, claro) como eran Douglas Fairbanks y Mary Pickford. Esta relación, aunque no muy bien vista por sus suegros,  impulsa su carrera de una manera meteórica. Es en su cuarto film sonoro cuando decide cambiar su Lucille Fay Le Sueur por el definitivo Joan Crawford.

Con este nombre y con la Metro rueda más de una treintena de películas. Muchas de ellas hoy convertidas en clásicos (“Gran Hotel”, “Mujeres”, “Cuando ellas se encuentran” o “Un rostro de mujer”, por citar sólo algunas) y otras ya absolutamente olvidables y ya olvidadas.
Bueno, no era Bette Davis… (Puyita personal cargada de maldad).

Pero Joan necesita volar aún más alto y en 1944 deshace su relación de exclusividad con la MGM y comienza a trabajar con otras productoras aunque sin llegar a atarse a ninguna.
Buen ojo el suyo, pues justo el año siguiente, en 1945, consigue su primera nominación al Óscar como mejor actriz y se lleva el premio a casa. Bueno, en realidad es el premio el que va a su casa porque ella aquella noche de la ceremonia, ante el temor de perder delante de toda la profesión, decide quedarse en su camita alegando sentirse indispuesta.
La película: “Alma en suplicio”. Un verdadero dramón. Claro, con ese título…

Vuelve a ser nominada a ese mismo premio en dos ocasiones más. El año 1947 por “Amor que mata” y en 1952 por
“Miedo súbito”. Pero no corre la misma suerte.
En total (mudas y sonoras) Joan trabajó en más de setenta películas. Tenía un temperamento tan fuerte que le valió numerosos encontronazos con algunos de sus compañeros.
Estaba considerada como una de las actrices con mayor registro dramático de cuantas había dado la pantalla.
Luchadora, de físico rotundo, carismática, libertina y astuta, Joan se convirtió en estrella porque ella quiso ser una estrella.

(Continuará…)

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