Joan, la distinguida | Lo que queda del día | Blog de Jesús de Asumendi

Joan, la distinguida

¡Hola, amiguit@s!

En primer lugar os tengo que pedir disculpas por mi ausencia del lunes pasado pero me fui a recargar pilas con mi familia a Alicante. El estar con ellos me aporta una inyección positiva de ánimo, cuyo único inconveniente es el de tener que volver a mi cotidianidad.

Pero aquí estoy de nuevo, recargado. Con muchos y nuevos planes que ya os contaré cuando llegue el momento.

Ahora, a lo mío. A lo vuestro. A “Lo que queda del día”.

Se nos va abril y no existe mes sin bellita. Y este mes es bellita de la buena. De las de toda la vida. De las bellas clásicas. De las distinguidas. De las talentosas.

Amiguit@s, con tod@s vosotr@s:

¡JOAN FONTAINE!


Joan de Beauvoir de Havilland nació en Tokio, Japón, el 22 de octubre de 1917.

Joan era la hija menor de Walter de Havilland, un prestigioso abogado británico de patentes y profesor de la Universidad Imperial destinado en el país asiático; y de Lilian Augusta Ruse (más conocida posteriormente como Lilian Fontaine por adoptar el apellido de su segundo marido), una actriz graduada en arte dramático que había impartido clases en la Universidad de Reading (Reino Unido).

Como muchos de vosotros ya sabéis, Joan tenía una hermana. La hermana. La maravillosa actriz Olivia de Havilland, con quien mantendría una prolongada enemistad a lo largo de toda su vida. Era mutuo, ¿eh?. Supongo que debido a una dura pugna profesional.

Cuando Joan contaba apenas dos años de edad sus padres se separaron. Parece que los servicios indiscriminados de alguna que otra geisha por parte del Sr. Havilland tuvieron la culpa. Aunque el divorcio no se hizo oficial hasta 1925, año en que la madre decide contraer nuevas nupcias con George M. Fontaine, un jefazo de unos grandes almacenes.

Por aquel entonces, Joan era una niña débil y enfermiza que había desarrollado anemia y una infección de estreptococos. Esto hizo que -por prescripción facultativa- la madre de nuestra bellita de hoy se trasladara con sus dos hijas a los EEUU. Se asentaron en Saratoga, California.

Allí comenzó la salud de Joan a mejorar y pronto comenzó, desde muy temprana edad, a tomar lecciones de dicción junto con Olivia. Ambas obligadas por su madre, claro.

Asistió a Los Gatos HIgh School y a la Notre Dame Convent Roman Catholic en Belmont, California.

Joan ya demostró desde pequeña ser una niña muy brillante. Obtuvo a los tres años un valor de ¡160! en un test de inteligencia.

A los quince años de edad, Joan se traslada de nuevo a Japón a vivir con su padre. Fue quizá esa separación la que provocó el distanciamiento de las hermanas. Allí permaneció durante dos años.

Y cuando volvió a los EEUU, siguió los pasos de su hermana mayor y comenzó a aparecer sobre los escenarios y en películas, pero no obtuvo el permiso de su madre, quien prefería que fuera Olivia la que utilizara el apellido de la familia.

Así, Joan se vio forzada a inventarse un nombre artístico para lanzar su carrera. Comenzó con Joan Burfield pero finalmente se decidió por Joan Fontaine, apellido de su padrastro y también apellido artístico de la madre en sus breves incursiones cinematográficas.

Joan hace su debut sobre los escenarios en 1935, a los 18 años de edad, en una producción llamada “Call it a day” y pronto recibe una oferta para firmar un contrato con la productora RKO. Su primera aparición en las pantallas se produce ese mismo año en la película “No más mujeres”. Tras rodar media docena de películas que pasan sin pena ni gloria, es seleccionada en 1937 para participar en la primera película de Fred Astaire y Ginger Rogers en esa misma productora: “Señorita en desgracia”, pero la película fue un rotundo fracaso.

Aunque ella sigue rodando otra media docena más, hasta que su contrato expira en 1939 y no es renovado. Bueno, no le renuevan contrato pero firma otro: el de boda. Y contrae su primer matrimonio (se casó cuatro veces) con el también actor británico Brian Aherne.

Pero su suerte cambió de manera accidental cuando en una cena a la que había sido invitada coincidió con el mega productor David O. Selznick (artífice de mi peli favorita: “Lo que el viento se llevó”) y ambos hablaron durante mucho tiempo sobre la novela de Daphne du Maurier “Rebeca”. Gracias a esa charla, Selznick le pidió que hiciera una audición para el papel protagonista. Estuvo de pruebas durante más de seis meses, en dura pugna con otras actrices de la época que también codiciaban el papel. Pero las venció a todas.
Para el rodaje, los americanos se trajeron de Imglaterra a un director que filmó su primera película en los EEUU: el maestro Alfred Hitchcock.
La película fue un éxito absoluto y Joan fue nominada por primera vez al Óscar como mejor actriz principal por su interpretación.
Perdió en favor de -¡qué casualidad!- Ginger Rogers, precisamente en una película no musical.

Nuestra bellita repitió al año siguiente con director en una nueva y fabulosa película. Si en la anterior tuvo como compañero a Laurence Ollivier, aquí tenía a otro de los mejores actores de la época. Para mi hermana, el mejor: Cary Grant.

La película: “Sospecha”. La consecuencia: su primer y único Óscar de la academia como mejor actriz principal.
Aunque volvió a ser nominada por tercera y última vez dos años después, en 1943, por la película “La ninfa constante”. Esta vez sin suerte.

Precisamente, el año de su victoria como mejor actriz principal es el año en el que se hizo publica la enemistad con su hermana Olivia. Esta también era candidata al mismo premio. Y cuando Joan fue proclamada vencedora  rechazó la felicitación de su hermana. Pareció ser una nueva ofensa que no fue ni la primera ni la última que se propinaron.
Algunos años después, Olivia le devolvió el desplante cuando Joan la esperaba con la mano extendida con intención de saludar y Olivia rechazó su saludo. ¿El motivo? Joan había dicho sobre el marido de Olivia (un escritor de la época) que “tenía un largo historial de mujeres y un solo libro publicado”.
¡Me encantan estos comentarios! Aunque quizá entre hermanas…

Parece que la mala relación ya venía de lejos, desde la niñez. En una pelea física de hermanas, Joan terminó herida con una fractura de clavícula. ¡Con lo frágil que parecía la De Havilland!.
Además, en 1938, durante el casting para “Lo que el viento se llevó”, propusieron a Joan para el papel de Melania Hamilton en vez de para Scarlett O’Hara, la protagonista.
A lo que ella respondió: “Para hacer el papel de tonta llamen a mi hermana”.
¡Y tanto que la llamaron! Olivia fue quien interpretó tan maravilloso papel, por el que obtuvo una nominación al Óscar como mejor actriz secundaria, aunque no lo ganó.

Esta batalla familiar se mantuvo durante toda su vida, aunque en 1975 dejaron de hablarse por completo. Parece que Olivia avisó a Joan del fallecimiento (por cancer) de su madre mediante un telegrama, en vez de intentar contactar con ella por otros medios. Como Joan se encontraba de gira no pudo recibir el telegrama a tiempo y se enteró dos semanas después. Demasiado tarde para asistir a su funeral.
Joan declaró en una ocasión: “El odio entre mi hermana y yo lo agotamos siendo jovencitas. Ahora nos ignoramos”.
También dijo: “Olivia es un león y yo un tigre. Y la ley de la selva dice que no podemos llevarnos bien”.
En otra ocasión, los organizadores de un acto que tuvo lugar en Hollywood y al cual estaban invitadas las dos hermanas, tuvieron a bien colocarlas en los extremos opuestos del recinto. Pero el colmo de los colmos fue el hecho de que, estando ambas hospedadas en el mismo hotel, Joan pidiera una habitación a diez plantas de distancia de su hermana.
En fin… Ten hermanos para esto. Continúo.

En 1943, ya convertida en ciudadana estadounidense, Joan prosiguió su carrera con cierto éxito, destacando en algunos melodramas románticos, como “Jane Eyre” (1944) o “Carta de una desconocida” (1948).
Los años 40 fueron los años de más éxito para Joan, llegando a rodar trece películas.
Aunque los 50 tampoco se quedaron atrás en cuanto a rodajes. Quince películas, de las que cabría destacar dos: “Ivanhoe” y “Othelo”, ambas de 1952.

En 1953, Joan se desplazó a nuestro país para rodar el largometraje “Tres historias de amor”.
Y no fué su única conexión con España, no.

En 1956 participó en el melodrama musical “Serenata”, con Mario Lanza y ¡Sara Montiel!.
Es también en esta década cuando comienza a aparecer en televisión y retorna el teatro. Uno de sus mayores éxitos fue “Té y simpatía”, en la que fue acompañada por un jovencísimo Anthony Perkins, muchos años antes de su consagración como actor por “Psicosis”. Deciros que la adaptación a la pantalla de esta fantástica obra, tuvo lugar en 1956. Y fue dirigida por Vincent Minnelli e interpretada por Deborah Kerr, quien -por cierto- está fabulosa.

Joan rodó únicamente tres películas más en los años 60. De esta década cabe destacar “Suave es la noche”, basada en una novela del escritor norteamericano F. Scott Fitzgerald (“El gran Gatsby”). Pero siguió trabajando en teatro: “Vidas privadas”, “Flor de cactus” y hasta una producción austriaca de “El león en invierno”, todas ellas llevadas al cine.
Su última película, de la que también fue productora, la rueda en 1966. Se trata de “Las brujas”.

Respecto a su vida amorosa, además de su primer marido (el ya mencionado Brian Aherne) con quien permaneció casada hasta 1945, Joan contrajo tres matrimonios más: con William Dozier, con Collier Young y con Alfred Wright Jr.
De su segundo matrimonio, tuvo una hija: Deborah Leslie Dozier. Y, además, adoptó una niña de origen peruano: Martita, quien huyó de casa.
Ahora pienso que la Sra. Fontaine debía ser una mujer de carácter, porque también estuvo enemistada  con sus hijas. Parece que desde que descubrió que ambas mantenían relación con su querida tía Olivia.

Joan fue piloto de aviones con licencia, piloto de globo aerostático, experta amazona, ganadora de concursos de pesca de atún, golfista y deportista, excelente cocinera y decoradora de interiores.
Lo dicho: una mujer de carácter…

Vivió sus últimos años en Carmel by The Sea (Monterrey, California) prácticamente recluida. De allí fue alcalde el excelente director y actor Clint Eastwood.
Y allí falleció por causas naturales el 15 de diciembre de 2013, a la edad de noventa y seis años.

Y Olivia aún sigue viva…

3 Comentarios

  1. Ana

    Como me gusta conocer cosas de la vida de las bellitas.
    Gracias por compartirlo con nosotros.

  2. Maria Antonia

    La verdad es que casi no conocia a esta actriz, aunque al ir leyendo titulos de peliculas me fui dando cuenta de lo grande que era. Y de armas tomar, como su hermanita, inteligente y adelantada a su epoca. Gracias maestro, como siempre me descubres bellitas interesantisimas. Un beso grande, grande 😉

  3. Estupenda aportación a nuestra “culturilla” cinemática. Algo sabía pero no en profundidad. Keep going!

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