Judy Garland o la ausencia de cariño (Parte II) | Lo que queda del dia

Judy o la ausencia de cariño (Parte II)

Al final, es suspendida y apartada de los rodajes por los propios estudios, que no son conscientes de que las crisis de Judy están provocadas por ellos mismos. Por someterla a un ritmo de trabajo tan vertiginoso.

Poco después, en el año 1951, termina divorciándose de Vincent Minnelli y comienza una relación con Sidney Luft, quien se convierte en su representante y organiza para ella una gira de conciertos por el Reino Unido.

A finales de ese mismo año, se presenta en Broadway con un espectáculo de vodevil que resulta ser un enorme éxito de crítica y publico. Bate récords de recaudación y le proporciona a Judy un premio Tony de teatro.

El 8 de junio de 1952 vuelve a contraer matrimonio por tercera vez con quien ya ejerce como su representante. Y siete meses después, nace la primera hija de la pareja, Lorna, quien años más tarde intentaría seguir los pasos de su madre y de su hermana Liza, aunque sin el éxito de ninguna de las dos.

¡Demasiada felicidad para Judy!

Ese mismo año aparecen en prensa unas declaraciones de su madre, quien alega tener que estar trabajando y vivir pobremente mientras su hija gana verdaderas fortunas en Broadway y en Hollywood. ¡Qué familia! Parece que no se acordaba de cuando la tenía trabajando desde los treinta meses…

En 1954 la Garland rueda el que puede ser considerado como su mayor éxito personal y profesional: “Ha nacido una estrella”. La producen ella y su marido, pero la Warner financia la producción y presta sus instalaciones. La dirige George Cukor, el gran director de mujeres. Y como pareja co-protagonista,  James Mason.

Parece que todo va bien pero los problemas vuelven: Judy sigue llegando tarde al rodaje o -en el peor de los casos- ni se presenta, lo cual hace crecer la enemistad con su nuevo jefe: Jack Warner. Aún así la película se termina y se estrena el 29 de septiembre y Judy es nominada al Oscar a la mejor actriz por primera vez en su vida. Pero ni siquiera acude a la ceremonia por encontrarse en el hospital, esta vez esperando el nacimiento de su tercer hijo (segundo del Sr. Luft): Joseph. Pero, dado el acontecimiento, se rodea de cámaras en el mismo hospital para que, en el caso de conseguir el galardón, poder agradecerlo en riguroso directo.

Aunque partía como favorita, no ganó.

Continúa filmando películas y compaginando los rodajes con conciertos y actuaciones en televisión.

En 1959 le diagnostican una hepatitis aguda y es ingresada durante dos meses, nada menos. Cuando es dada de alta, los médicos no le dan más de cinco años de vida y le hablan de la posibilidad de que quizá no pueda volver a cantar. Pero se equivocan porque tras unos multitudinarios conciertos en Inglaterra, ella decide trasladarse a vivir allí.

Pero como en la vida de Judy nada puede ser de otra manera, en 1963 comienza el calvario de los trámites de divorcio y lucha por la custodia de sus hijos.

Y contrae matrimonio por cuarta vez en 1965, esta vez con el productor de conciertos Mark Herron. ¡Y aún tiene tiempo para un quinto matrimonio! Cuando se divorcia del productor de conciertos se casa con el empresario Mickey Deans. Pero su nuevo intento de buscar la felicidad y el cariño dura poco: tres meses. Su marido la encuentra muerta en el baño debido a una sobredosis de las pastillas que tomaba para dormir el 22 de junio de 1969. Aunque la versión oficial señala que su muerte ha sido ocasionada por un paro cardíaco y por problemas derivados de su anorexia, ya pública.

Nuestra querida Judy…

41 películas, 7 programas de televisión, innumerables conciertos por todo el mundo (el último de ellos en Copenhague), 1 Oscar en miniatura por “El mago de Oz”,  2 nominaciones al Oscar (por la ya mencionada “Ha nacido una estrella” y otra como mejor actriz secundaria por “Vencedores o vencidos (El juicio de Núremberg)”, 2 Globos de Oro,  2 Grammy de televisión (maravillosa su actuación con una principiante Barbra Streisand) y 1 Tony de teatro.

Un exceso de talento para un ser con ausencia de autoestima, de confianza y, desde luego, de cariño.

Su cuerpo descasa en Nueva York, en Hartsdale.

A su funeral asistieron más de veintidós mil personas, quienes permanecieron allí durante horas con el fin de poder ver el cuerpo embalsamado de su ídolo: la gran Judy Garland.

Amiguit@s, ya sabéis que a mí me gusta terminar mis entradas de bellitas con algunas de las frases dichas por las protagonistas. Pero hoy quiero contaros una bonita historia que tiene que ver directamente con Judy. Es posible que muchos de vosotros ya la conozcáis pero para los que no, ahí va…

Como os decía, a su funeral -que tuvo lugar cuatro días más tarde de su fallecimiento- acudieron más de veintidós mil admiradores (miles de ellos gays e incondicionales de la actriz y cantante).

Tanto es así, que su funeral se considera la primera gran manifestación del orgullo gay de los EEUU. Aunque involuntaria, eso sí.

La noche del 27 y la madrugada del 28 de junio de 1969, horas después del funeral de la Garland, los pocos bares gay del Village se abarrotaron, debido a la afluencia de gente venida de todas partes del país.

Como era habitual en aquella época, se produjo una redada policial. Normalmente se saldaban con pagos extraoficiales a la policía.

Pero aquella noche fue distinto. En el pub “Stonewall Inn” los clientes decidieron plantar cara a la policía y no dejarse amedrentar nunca más. Respondieron con violencia y durante los disturbios se escuchaba “Somewhere over the rainbow”,  de “El mago de Oz”. También se pintaba ese título en las paredes de la ciudad. Así como los lemas “Judy vive” o “Judy está aquí”.

El acontecimiento fue de tal magnitud que en pocas horas se corrió la voz y todo Nueva York  conoció los hechos. Ese movimiento fue el detonante para las celebraciones anuales de los derechos gays en todo el mundo. De ahí la proximidad de las fechas…

Gilbert Baker fue quien concibió la idea de crear una bandera con los colores del arco iris inspirándose en la famosa y popular canción de la Garland. Necesitaban un símbolo para poder utilizarlo en las marchas que anualmente se celebrarían para conmemorar los famosos sucesos de Stonewall. El primer diseño contaba con ocho colores. A cada uno de ellos se le asociaba un componente o símbolo de la comunidad gay. Así el rosa era para el sexo, el rojo era para la vida (de ahí el color del lazo utilizado en solidaridad con los afectados del VIH), el naranja para la salud, el amarillo para la luz del sol, el verde para la naturaleza, el azul turquesa para el arte, el azul marino para la armonía o serenidad y el morado para el espíritu. Bonito, ¿no?

A finales del año 78 se dispara la venta de banderas. Y, el fabricante, la Paramount Flag Company, decide prescindir -por motivos presupuestarios- del color rosa, o sea, del sexo. ¡Estos americanos…! Y comienza la bandera de siete colores.

Un año después comienza de nuevo la producción masiva de banderas, encargada a la misma compañía. Pero de nuevo problemas (esta vez con la pigmentación de los colores) hacen que se prescinda del turquesa, (o sea, del arte) y se aclara el marino. De esta manera, tras el desfile de San Francisco del año 79, la bandera definitiva pasa a ser la que ahora conocemos como símbolo internacional de la comunidad gay, lesbiana y transexual. Propagándose al resto de países que se pueden permitir celebrar el día del orgullo gay.

Pues esta historia de conexión entre el fallecimiento de Judy Garland y la creación de esta bandera es la que os quería contar.

¡Ay, Judy! Si pudieras ver lo que conseguiste…

Aunque seguro que tú tienes una visión aún mas bella que la nuestra, viviendo como vives en algún lugar sobre el arco iris…

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