Melodias de Juventud | Lo que queda del dia
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Melodias de Juventud

¡Hola, amiguit@s!

Hace treinta y tantos años, estando yo estudiando en el instituto, la pedí a una compañera si me podía prestar el libro de “mates” para hacer unas consultas.
Era la compañera con quien venía compartiendo pupitre desde principio de curso. Por supuesto, en las últimas filas.

Yo, en mi línea de estupendo estudiante, me lo había dejado en casa. Siempre terminaba los cursos con los libros a estrenar, lo cual era una ventaja para mi madre si repetía. Ya no tenía que comprarlos. Y yo siempre he sido muy buen hijo…
Aún así, como era listo (era) aunque muy vago, iba aprobando los cursos con suficientes raspaditos.

Mi compañera de pupitre, con iniciales S.B., me pasó el libro abierto por una página -a su antojo, creo que no fue casual- mientras me miraba fijamente con ojos picaros y con risita forzada, más picara aun que sus ojos.

Yo, intentando mirar algo sobre los logaritmos neperianos y leo:

“No entiendo lo que haces con mi corazón.
Yo te lo doy vestido de esperanza y tú me lo devuelves desnudo de añoranza”.

Ese día supe lo que era cagarse encima. Como dirían en el sur, cagarse por “to lo arto”.

Mirad si me impactó que después de todos estos años aun no he conseguido olvidarlo…

Se rumoreaba que S.B. pertenecía a la llamada “Banda del Mono”. Nunca supe muy bien qué era. Si un grupo de cheer leaders o de majorettes. Si es que mi compañera tocaba en alguna agrupación musical alicantina y, rollo legión, llevaban un mono en vez de una cabra. O si, sencillamente, era un grupo de chicas cuya vestimenta consistía en un mono, prenda muy en boga en los años 70.

Algunos compañeros (no todos) intentaron abrirme los ojos durante el curso y me avisaron:

-“No te sientes con ella. Ten cuidadito. Pertenece a la famosa “Banda del Mono”.

-“¿Qué es eso?”, pregunte yo con cara de Muppet. Ya desde mi pubertad las ponía…

-“Es una pandilla de chicos y chicas que primero te pegan y después te roban”, contestó la empollona de turno con una definición tan escueta como contundente. Es lo que tienen las empollonas. ¡Nunca he podido con ellas!

¿La Banda del Mono? ¡¡¡Qué súper fuerte!!!

Yo, quien aún siendo muy ingenuo, nunca me creí nada que no viera, hice caso omiso y seguí compartiendo pupitre con S.B.
A mí me parecía una chica encantadora y divertida. Y siempre he tenido predilección por la gente divertida. Al menos, por la que a mí me lo parece.
Ya os he dicho en otra entrada que yo, a pesar de lo que parezca, no me río mucho. Y ella me hacia reír.

Su cara estaba siempre llena de inexplicables muecas a cual más extraña. Su forma de hablar era peculiar. Y su apariencia era bastante pintoresca. Era pésima estudiante, como yo.
Y no creo, además, haber conocido en mi vida a otra chica que tuviese menos hombros que ella.
Era de las que la mochila se le convertía en riñonera, como por arte de magia.

Siempre tenía tabaco y me invitaba a cigarrillos. En aquella época, yo ya fumaba.

A muy temprana edad le encendía algunos cigarrillos a mi madre, de sus vomitivos “1, X, 2” y de sus “Lola”. Me encantaba verla fumar. Las madres fumadoras de la gente de mi generación siempre han sido muy elegantes y distinguidas a la hora de fumar. Quizá era su manera de coger el cigarrillo y su peculiar estilo de inhalar el humo y de expulsarlo.
Bueno pues tanto mirar y tanto admirar, a los trece años ya me declaré fumador oficial. Con el consiguiente cabreo de mi padrastro:

-“¡Que no me entere yo de que te fumas un solo pitillo. No se te ocurra encenderte uno en esta casa. De los que te fumes fuera no soy responsable pero aquí, ni lo intentes!”.

Eso me dijo cuando yo -sin pedir permiso- encendí uno de mis Celtas emboquillados. Y mientras aguantaba la perorata (que por un oído me entraba y por el otro me salía) mi madre me miraba con cara de “hijofumaloquetedélarealganasitegusta”.
Cuando hay padrastro en casa, la madre es siempre aliada y cómplice. Y la mía no iba a ser menos. Lo ha sido toda la vida. No me refiero a menos sino a aliada y a cómplice. Y sigue siéndolo, aún sin padrastro. Eso es amor de madre.

La prohibición de mi padrastro sirvió de muy poco porque en aquella época podíamos fumar dentro de las aulas. Algunos profesores lo hacían y S.B. y yo lo hacíamos como carreteros. Como os he dicho, ella siempre tenía y siempre compartía. Así que en casa no, pero en clase…

(Reflexión: ¿no sería más correcto decir “fumas como un carretero fumador”? Porque, digo yo, que no todos serán fumadores, ¿no?)

Y también compartía su bocadillo del recreo de media mañana y toda una suerte de cosas para picar que se traía dentro de su mochila/riñonera junto con todos sus libros y toda su colección de cuadernos para las diferente materias.
Y además, siempre me preguntaba:
-“¿Quieres una Coca Cola?”.

Para alguien tan caprichoso como era yo, S.B. fue un filón. Semejante despliegue de cosas: tabaco, comida, bebidas, dinero para comprarlo,…
A ver si iba a ser verdad lo de la dichosa “Banda del Mono” y esta muchacha se hacia con verdaderos botines…

Bueno, ¿y qué?. Yo me dejaba querer.

Pero me dejé querer hasta que en el dichoso libro de “mates” leí -casi por obligación- lo que ya os he escrito antes.
Venga, os lo repito que sé que os ha encantado e impactado tanto como a mí:

“No entiendo lo que haces con mi corazón.
Yo te lo doy vestido de esperanza y tú me lo devuelves desnudo de añoranza”.

¡Es hoy y me vuelvo a cagar por “to lo arto”!

En segundos, tuve que reaccionar pretendiendo no hacer daño. ¿Era una declaración velada? Por mi parte, nunca había dado señales de nada. Y por la suya, salvo compartir sus pertenencias…
Si miraba fijamente a sus ojos sería peor.
Si le daba un abrazo me arriesgaba a una reacción desmesurada.
Si le tocaba las tetas me exponía a un par de hostias. Bien pensado, si era verdad lo de la Banda ella tendría la mano sueltecita, ¿no?

Así que, haciendo gala de mi buen humor y recordando una de las frases más pronunciadas por mi madre durante toda su vida (la sigue diciendo), me reí a carcajadas y le dije:

-“Hija, qué paletada”.

Aún recuerdo su cara y su expresión de “despídete de mis libros, de mis pitillos, de mis bocadillos, de mis Coca Colas y de mí. ¡Joputa!”

Cuando fui a clase el día siguiente yo ya había sido sustituido por Manoli, una insulsa de pelo lacio con flequillo y labio leporino.
¡No puedo con los labios leporinos!
Seguro que no le producía gasto alguno. No fumaba y, además, no era nada divertida. Y por su extrema delgadez, yo diría que apenas comía.

¡¡¡Me había cambiado por Manoli!!!

Me sentí un poco mal (tampoco mucho) pero me sirvió para descubrir que las mujeres funcionan por impulsos sentimentales.

Y nosotros, lamentablemente, por los refrescos de cola. O, simplemente, sin los refrescos.

Sólo por las colas…

23 Comentarios

  1. Chema Detodalavida

    Genial, Jesus. Me has alegrado el “alto en el camino” que he hecho en el trabajo. Sigue siendo tan autentico como siempre. Te quiero

  2. Raquel Batista

    Me mira todo el mundo en el metro pq no puedo dejar de reírme jajajajajaja eres buenísimo!!! Un besazo

  3. Lara

    Eres lo mas!!! Por to lo arto!!! Besos

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      ¡Tú si que eres lo mas, Lara! Es un placer ver cómo parece que no ha pasado el tiempo. Como si hasta ayer hubiésemos trabajado juntos…

  4. Tú luchi

    Ya me dirás quién es SB que no me acuerdo. De la banda del mono, sí.yo me alegro de que me cambies pir ella 🙂

  5. Tú luchi

    Me cambiase por. maldito predictivo

  6. Cristina Alises

    Me encanta leerte. Eres lo mejor de mis vacaciones!!

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Cristina, eres un cielo. ¿Pues sabes que te digo? ¡Que me alegro! Pero el próximo año me lees desde las Bahamas y todos tan contentos. Y si me llevas contigo, te las leo yo…

  7. Natalia

    Genial una vez más… Bss

  8. Roberto

    Divertido y genial, como siempre…

  9. Emma

    Jajaj mochila/riñonera, jajajaj. Como me lo paso leyéndote! Un besazo!

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Hija, cuando se carece de hombros la mochila va resbalando hasta que queda justo en la cadera. O sea, riñonera.
      Me alegra que te lo pases bien.
      Besazos.

  10. Pilar

    Como me gusta leerte!!

  11. Ana María García

    Jesús genial!!!! Me has sacado esa sonrisa que no quería salir. Divertíiiiiiisimo y fresco. Un encanto

  12. Chris

    A cada cual, mejor. Creo que este blog va camino de convertirse en una clásica e imprescindible lectura cotidiana. Me repito, pero no dejo de pensar en Somerset Maugham cuando te leo. No cambies, cariño. eres único e irrepetible. Sencillamente genial

  13. El De Asumendi ese
    El De Asumendi ese

    Muchísimas gracias, Cristina.
    Acabo de engordar otros cuantos kilos con tus palabras.
    ¿Tú no querrás terminar con mi estilizada figura?
    ¡Te como entera! (Recuérdamelo, que esas cosas se me van…)
    Gracias de nuevo y besazos.

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