La mala educación | Lo que queda del día

La mala educación

¡Hola, amiguit@s!

A mí me gusta mucho Pedro Almodóvar. Perdón, me gusta mucho el cine de Pedro Almodóvar, para ser más exactos. Don Pedro no me cae muy allá, quizá porque no le conozco.

Tengo todas sus películas en DVD (compradas, nada de pirateo. Cuando en cine me gusta algo, me lo compro y cumplo con Teddy Bautista y su SGAE) y hasta un cortometraje que filmó hace muchos años para promocionar uno de sus trabajos, el que había terminado y estrenaba  en aquella época: “¿Qué he hecho yo para merecer esto?”, uno de mis favoritas del director manchego. Bueno, de mis favoritos y hasta favorito de mi madre y de mi hermana. Los tres la hemos visto bastantes veces y mientras nos sigamos riendo…

El cortometraje se titula “Trailer para amantes de lo prohibido”.

Imposible no disfrutar de la belleza de Bibiana Fernández, de la banda sonora y de las múltiples e hilarantes escenas a las que Almodóvar nos tenía acostumbrados hasta que comenzó a ponerse serio (sin gracia, aunque con mayor o menor fortuna), o pretendió ser gracioso sin conseguirlo ( tal es el caso de “Los amantes pasajeros”).

Os recomiendo encarecidamente el surrealismo ácido del “Trailer…”:

–  (A punta de pistola) “¡Quítate las bragas!”

– “No, las bragas no. Llevo faja pantalón…”

– “Bueno, pues lo que lleves. ¡Te lo quitas y lo tiras ahí!”

¡Muy grande!

Y muy grande el título: “Trailer para amantes de lo prohibido”. Bueno, como casi todos los del cine de la “adolescencia” de Pedrito el manchego: “Pepi, Lucy, Bom y otras chicas del montón”, “Laberinto de pasiones”, “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, “Tacones lejanos” o la ya mencionada “¿Qué he hecho yo para merecer esto?”.

No quiero hablaros más de este director ni de su cine, tan sólo lo he utilizado para daros el rollo y como mera introducción para el tema que hoy quiero tocar.

Existe una película que, aunque no me gustó demasiado (salvando los diez minutos de actuación magistral de Javier Cámara), me ha servido para bautizar la entrada de hoy y para hablar de lo que quiero hablar. De “LA MALA EDUCACIÓN”.

Más que escribir sobre esto, necesito quejarme de lo que ya se está convirtiendo en un hábito generalizado. Hábito al que yo me resisto a resignarme.

No tenemos más que viajar en transporte público para tener que sufrir el insoportable acoso de los chillidos de los niños, cuyas madres ríen y celebran con un volumen aún más estridente si cabe. ¡Error!

O para tener que soportar (de verdadero vómito) a los jovenzuelos españoles  y sudamericanos (fifty-fifty) que se dedican a torturarnos haciéndonos escuchar -queramos o no- esos nuevos a la par que imposibles machacones ritmos latinos de nombres absolutamente impronunciables. Y no los quiero nombrar. No porque los desconozca, no, sino porque me dan calambres y espasmos sólo con escribirlos.

¡Y me los tengo que papear a un volúmen que ni el “Pachá” de Ibiza!

¡¡Más error!!

Estos mismos educados y distinguidos mozalbetes (cada vez son más), son los que nos deleitan también con el sonido de sus móviles mientras juegan a los juegos descargados en sus teléfonos de ultimísima generación. Puede que no se hayan comprado un libro en su vida. Ni siquiera un cuento de Hans Christian Andersen. O ni un triste “Mortadelo y Filemón” pero, ¿cómo les va faltar un movil de ultimísima generación de marca conocida, con pantalla panorámica, sonido Dolby Surround (así me envuelve, ya lo creo), bluetooth e impresora/escaneadora/picadora/trituradora/lavadora? Eso no puede faltar en cualquier chaval de este país que se precie de ser hortera y maleducado. O sea, la mayoría.

¡¡¡Mucho más error!!!

Pero pobrecitos, están tan distraídos con sus partidas y entonando sus ritmos electro latinos, que no se dan cuenta de que acaba de entrar en el vagón una estúpida y pobre embarazada (¿a quién se le,ocurre?). O que acaba de subir al autobús un señor de setenta años -que aparenta ochenta- con un bastón, porque el muy cretino no anda bien por la edad (¡ah! No haber sido viejo). O la señora esa que está gorda como una cerda y encima va cargada como una mula (hija, pues adelgaza y no compres tanta comida). ¿Qué importan estos seres marginales, en definitiva?

Lo que importa es que ellos terminen sus partidas sin ser matados ni perder vidas o que escuchen el ultimo hit electro latino hasta que se les repita como la cebolla. Y si los que acaban de llegar no se pueden sentar porque ellos están de partida, pues que se jodan. ¿Para qué entran? Si son seres marginales, ¿no?

¡Pero qué hijos de Satanás! Cómo me alegra que los móviles sean grandes y de pantalla panorámica. Por si alguna vez se los tengo que meter por el culo.

Creo que a mayor tamaño, mayor riesgo de dolor. Creo… Ya sabéis que no hablo de mi vida privada.

¡¡¡¡Muchísimo más error!!!!

Pero claro, no sólo los jovenzuelos internacionales tienen la culpa de semejante desaguisao. Prefiero ni imaginarme a los papás, que luego tengo pesadillas. Esos son los verdaderos culpables de la educación de sus renacuajos.

Y pensareis: “Jesús, te estás haciendo viejo. No haces más que meterte con la gente joven”. Pues mirad: sí y sí. Sí, me estoy haciendo viejo y sí, me meto con todos los que tienen la educación inmersa en lo más recóndito de su orto, me da igual la edad. Porque para las señoras listas que se te cuelan en la cola del bus, de la parada de taxi o de la carnicería/charcutería/pescadería/frutería también tengo.

¡Señoras, que la espera en las colas nos jode a todos, no solamente a ustedes! Así que no se hagan las enfermas, ni las sordas, ni las distraídas porque todos sabemos que en cuanto terminen, se van de cabeza al bingo. Y si son tirando a pobres, a la partida de brisca o de julepe en casa de Juani, la del quinto. Que pa no tener ascensor, bien poco que les cuesta subir las escaleras. ¡No estarán tan enfermas, coño!

Así que, no farfullen cuando les llamen la atención ni contesten con lo de: “No, si sólo quería preguntar una cosa”. Porque si les dejamos preguntar, acaban con el cuarto y mitad de chopped y el medio de ciruelas claudias en su bolsita de la compra. ¡Listas! ¡Que son ustedes unas listas! (yo siempre de usted, que soy súper educado). ¡Ah! Listas y maleducadas, perdón.

Y tengo a los ejecutivos con los móviles y un volúmen de voz absolutamente ensordecedor e insoportable en el punto de mira. Que mucho trajecito de Emidio Tucci pero, os podíais comprar uno más baratito, y con la diferencia, hacer un cursillo de buenos modales, ¡coño! Que gracias a vosotros, en mis veintidós años en el AVE aprendí a cerrar operaciones de bolsa, a despedir empleados incómodos y a saber en que postura os estáis tirando a Pepita, la secretaria de Sigüenza de las tetas grandes. Y ninguna de las tres cosas me interesaba. ¡Hombre, ya! ¡Absurdos, que sois unos absurdos!

Tengo más grupos de gentuza y más historias para escribir acerca de este terrible mal hábito al cual nos estamos acostumbrando, aunque ya sabemos todos de qué grupos e historias se trata, porque en algún momento -estoy seguro-  hemos tenido la desgracia de sufrirlo en propias carnes, ¿no?

¡No aguantemos ni una sola falta de educación, por favor! ¡Que se avergüencen de ser como son! ¡Bastante tienen con lo que tienen! ¡A por ellos, mis valientes!

Mientras tanto, y hasta que ese momento llegue, haceos con un ejemplar de “Trailer para amantes de lo prohibido”. Os prometo no chivarme a Teddy Bautista.

Si sois educados, claro…

8 Comentarios

  1. Cristina Alises

    Comparto tu opinión, y soy más joven que tú (aunque no tanto). Yo, por mi cumpleaños, quiero un kalasnikov o, en su defecto, una tasser, con muchas baterías. Besos!

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Ya espero tu pedido. Me llega en breve, cuenta con ello.
      Me gusta que compartas mi opinión. Somos más de los que pensaba.
      Besazos.

  2. Jose de las Cuevas

    Te da para un libro, jajajjaja. Sugerencias; aquellos que cierran la puerta a golpes. Si no abres las puertas de tu casa a patadas ¿porque la cierras a golpes?. Quizá es desconocimiento de que la manilla sirve para ambos lados. Los que escupen en la calle, tiran los cigarrilos o no recogen las mierdas de sus perros. O los que no los educan y los dejan ladrando en casa cuando se ponen monisim@s y se tiran a la calle. Los que arrastran las sillas al levantarse (aunque hay mucho culo que pesa tanto que es imposible hacer una sentadilla digna). Los que andan por casa con zapatones o tacones jodiendo al vecino sin saber que hay unas zapatillas monisimas y muy comodas en primark por solo tres euros. En finnnn, espero segunda y tercera parte guapetóoooon. Besos.

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      ¡Ay, Jose! Es que este temita es como un pozo sin fondo. Hay para una enciclopedia.
      Me encanta que estemos de acuerdo. Bueno, como siempre…
      Y dile a tu vecina la de arriba que o se quita los tacones o le corto los pies. Pero díselo con mucha educación. Yo procuraré cortárselos con la misma educación con la que te responda.
      Un abrazo.

  3. Dompy

    Pues yo a pesar de ser una de esas personas súper jóvenes de las que hablas, tengo más educación que la mayoría. Mis papis me han enseñado buenos modales y no me identifico para nada con tu post, Jajajaja!!

    Si todo el mundo fuera en bici no pasaba nada de todo lo que has narrado.

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      No es cuestión de que te identifiques, Jose. Primero porque eres educado. Segundo porque no eres súper joven (¡lo siento!. Que seas menor que yo no te hace súper joven. Te hace más joven que yo…) y tercero, por que lo digo yo.
      Y si todos fuéramos en bici, la gente que es maleducada seguiría siendo maleducada. Pero en bicicleta…
      ¡Ahí lo llevas!

  4. Tiene toda la razón del mundo, será porque yo ya soy una anciana, pero hay casos que apetece llamarles la atención (cosa que no hago) por si las moscas. Y eso que no mencionas cuando se sientan en el autobús en los sitios reservados a las personas con poca movilidad

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Luisa, creo que la educación no es una cuestión de edad sino de integridad personal. Da igual que uno tenga tu edad o la mía o la de mi sobrino. Así que, creo que hay muchísima más gente que está de acuerdo con nosotros dos.
      De lo de los asientos reservados para determinadas personas, mejor ni hablamos. ¡Que me cabreo! Un besazo.

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