La joya de Liz Taylor | Lo que queda del dia | Blog de Jesús de Asumendi
liz taylor

La joya de Liz

¡Hola, amiguit@s!

Hoy toca bellita de diciembre.

He de confesaros que está actriz me ha pasado desapercibida durante toda mi vida.

¿Es guapa? Mucho, si.

¿Es buena actriz? Pues yo creo que también.

¿Tiene una vida interesante? Bastante.

¿Me gustan sus pelis? Una jartá.

Pero no me hace mucho tilín, la verdad. No hay quien me entienda, ¿eh?


Aunque creo que merece un lugar de honor en este espacio de mis bellitas.
Para mí, por dos motivos: el primero, profesional, porque me fascinó en “¿Quien teme a Virginia Wolf?”

Y el segundo, personal, por su labor incansable en la lucha contra la que fue la plaga de finales siglo XX: el SIDA. Lucha que ella comenzó cuando su íntimo amigo Rock Hudson murió de esta -entonces desconocida- enfermedad en 1985.

Así que, bienvenida a mi mundo de bellitas, Liz.

Elizabeth Rosemond Taylor nació el 27 de febrero de 1932 en Hampstead, Londres.

Segunda hija del matrimonio formado por Francis Lenn Taylor y de Sara Viola Warmbrodt, dos norteamericanos originarios de Arkansas que residían en Inglaterra. El primero fue su hermano Howard, tres años mayor que ella.

El padre de Liz era marchante de arte y la madre era una actriz -llamada de nombre artístico Sara Sothern- que decidió retirarse de los escenarios una vez contrajo matrimonio en Nueva York con el señor Taylor.

A la temprana edad de tres años, nuestra bella comenzó a tomar lecciones de ballet pero pronto tendría que interrumpirlas cuando sus padres decidieron regresar a los EEUU poco antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

Llegó a Nueva York con su madre y con su hermano en abril de 1939. Su padre lo hizo meses más tarde, porque tuvo que concluir unos asuntos en su próspero negocio de arte.

Pronto se trasladaron a Los Ángeles, California, donde el padre de Liz estableció una nueva galería de arte, la cual atrajo a muchas celebridades de Hollywood que enseguida apreciaron las modernas pinturas europeas. Esto hizo que a la familia Taylor se le abrieran las puertas de inmediato, llevándolos directamente a la sociedad del dinero y el prestigio dentro de la comunidad hollywoodense.

Fue precisamente esta gente de Hollywood quien insistió para que la pequeña Liz hiciese una prueba de cámara para el papel de Bonnie Butler, la hija de Clark Gable y Vivien Leigh en mi peli favorita: “Lo que el viento se llevó”, que por entonces estaba siendo filmada.

Pero la madre de Liz nunca quiso que esta fuera actriz y desechó la idea. Además, en su mente rondaba la idea de regresar a Inglaterra una vez finalizada la guerra.

Pero apareció Hedda Hopper, la más importante columnista de Hollywood, y presentó a los Taylor a la novia de quién por aquel entonces era presidente de los estudios Universal.

Tal era la belleza de la niña Taylor que hasta el presidente de la Metro Goldwyn Mayer se interesó por ella. Pero se adelantó la Universal y firmó un contrato de siete años con la pequeña.

Pero sólo rodó una película, cuando tenía nueve años.

Parece que no logró cumplir las expectativas del presidente de los estudios.

Liberada de su contrato, la Metro siguió al quite y le ofreció un contrato nuevo.

Rodó algunas películas sin relevancia para su carrera, pero fue en 1944 cuando se convirtió en estrella gracias a la película “Fuego de Juventud” (National Velvet) donde interpreta el papel de una niña que salva a un caballo de ser sacrificado y con la ayuda de un amigo (Mickey Rooney) lo entrena para que participe en el Grand National. Y no os voy a desvelar más…

Eso sí, deciros que la caída del caballo que sufrió durante el rodaje de esta película  fue lo que años después le trajo unos tremendos dolores de espalda.

Tanto crítica como público cayeron rendidos a los pies de la nueva niña prodigio del cine norteamericano.

Su contrato con la MGM se reforzó y siguió logrando éxito tras éxito como actriz adolescente con unas cuantas películas.

Pero este periodo de adolescencia termina con su participación como una de las hermanas March en el clásico “Mujercitas” (1949)

Ella ya había comenzado a rodar uno de los papeles que supuso su espaldarazo definitivo como actriz adulta: la protagonista de “Un lugar en el sol” (1951), una maravillosa película donde conoció a quién sería su amigo de por vida: Montgomery Clift.

Por cierto, el día que me dedique a escribir sobre bellitos, Monty tendrá un sitio de honor en mi lista.

Los éxitos continúan uno tras otro. Y sus matrimonios también. Pero fueron tantos, que prefiero no interrumpir el relato de su carrera y dejarlos para el final.

Los años 50 confirman a Elizabeth como una gran intérprete. Gracias a -entre otras- joyas como la ya mencionada “Un lugar en el sol”, “Ivanhoe” (1952), “Gigante” (1956), “El árbol de la vida” (1957), “La gata sobre el tejado de zinc” (1958) o “De repente, el último verano” (1959). Por las últimas tres es nominada al Óscar como mejor actriz principal, aunque no sería hasta 1960 cuando le conceden el codiciado premio por la película “Una mujer marcada”.  Y no sería el único Oscar, no. Obtendría otro seis años más tarde por una película dura, una de mis interpretaciones favoritas de Liz como os dije al principio: “Quién teme a Virginia Wolf?” (1966).

Durante la década de los 60, la Taylor seguirá siendo la estrella que ya ha conseguido ser. Y rodará uno de los desastres económicos más grandes jamás filmados: “Cleopatra” (1963). Sólo el salario de nuestra bellita ya fue de un millón de dólares. Pero fue un rodaje tedioso, fallido y lleno de calamidades. Y, como no podía ser de otra manera, el estreno fue un sonado fracaso.

Bueno, a ella le sirvió para conocer a su quinto y sexto marido: Richard Burton. Y digo quinto y sexto porque estuvieron casados diez años, se divorciaron, se dieron un añito de tregua y volvieron a contraer matrimonio. Aunque este segundo bodorrio tan sólo duró un año.

Y ya que estoy con los amores de la Taylor, paso a enumeraros la “pequeña lista”:

Se casa con Conrad Hilton (sí, el rico de los hoteles) en 1950 y se divorcia casi diez meses más tarde.

En 1952 lo hace con Michael Wilding, un actor británico veinte años mayor que ella. Permanecen casi cinco años juntos.

En 1957 se casa con el productor Michael Todd, quien fallece al siguiente año dejándola viuda.

Tan triste y apenada se quedó, que le birló el marido a su mejor amiga, la actriz Debbie Reynolds, y se casó con él. Era Eddie Fisher (padre de la princesa Leia en la primera trilogía de Star Wars, la actriz Carrie Fisher), con quien estuvo casada poco más de cinco años. Desde 1959 hasta 1964. Bien es cierto que un par de años antes, durante el rodaje de la ya mencionada “Cleopatra” ya había iniciado el escandaloso romance con el también ya mencionado Richard Burton. ¡Y ambos estaban casados! ¿En EEUU? ¡Tela!

Pues con el Sr. Burton se casa en 1964. Y como os he anticipado, el matrimonio dura unos diez años. Se separan en 1974, se reconcilian en 1975, se vuelven a casar en octubre de ese año y ya se divorcian para siempre jamás en julio de 1976. ¡Qué trajín!

Ese mismo año contrae nuevas nupcias con John Warner, congresista de los EEUU. Y a pesar de su infelicidad, que la llevó hasta el alcoholismo, permaneció casada como una niña buena hasta 1982.

Aunque no llegó a hacerlo, estuvo a punto de casarse con Víctor Luna, un abogado mejicano. Pero poco antes de la ceremonia tuvieron un grave accidente de coche. Cuando ambos se recuperaron, decidieron no casarse. ¡Qué cauta!

Por último, el 6 de octubre de 1991 se casó con el albañil Larry Fortensky, a quien había conocido en una de sus sesiones de desintoxicación etílica en el centro Betty Ford. La ceremonia tuvo lugar en el rancho Neverland, propiedad de Michael Jackson (íntimo amigo de la actriz). Pero el matrimonio también termino, como no podía ser de otra manera, en 1996.

Su segundo marido le dio dos hijos: Michael Howard y Christopher Edward.

Su tercer marido, una hija: Elizabeth Frances.

Con su cuarto marido, comenzó los procedimientos correspondientes para adoptar a una niña alemana de dos años de edad: Mary, aunque el proceso terminó después de su divorcio.

Y Richard Burton, quinto y sexto marido, le dio el diamante amarillo Krupp, la Perla Peregrina (que antaño perteneció a Felipe II) y el famoso diamante Taylor-Burton de 69 quilates, comprado en 1969 por la módica cantidad de un millón doscientos mil dólares. Casi nada…

Aunque en los años 80 Liz lo revendió por el triple y destinó el dinero a fines benéficos en África.

Ganadora de múltiples premios -además de los Óscar- como cinco Globos de Oro, un premio de honor del sindicato de actores, seis Golden Laurel, tres Bafta, uno de interpretación en el Festival de cine de Berlín, un David de Donatello, el premio a una vida del instituto de cine norteamericano, el Príncipe de Asturias de la Concordia por su lucha y su ayuda a la investigación del SIDA  y muchos otros más, Elizabeth demostró ser una de las grandes intérpretes de la Historia Del Cine, con mayúsculas.

Lamentablemente, nos dejo en Los Ángeles, el 23 de marzo del 2011 por una insuficiencia cardíaca. Quizá producto de esa extraña mutación congénita que le otorgó esas dobles pestañas que embellecían aún más sus ojos.

Lo hizo rodeada de sus cuatro hijos.

Confieso que ahora que os cuento todo esto, me gusta un poquito más. Y muero por volver a ver “Mujercitas”. ¿Nos caerá esta Navidad en la tele? Ojalá.

Aunque me volveria a ver también “Cleopatra”.

Y, desde luego, “¿Quien teme a Virginia Wolf?”.

En fin, mi bellita de este mes es toda una bellita.

Para terminar, como me gusta hacer cuando finalizo las mini biografías, os voy a dejar con algunas de sus frases míticas. Que las tiene. Y muchas…

– “Las chicas grandes necesitan diamantes grandes”.
– “No creo que el presidente Bush esté haciendo algo sobre el SIDA. De hecho, no estoy segura de que sepa deletrear  “S I D A”.
– “Tengo un cuerpo de mujer y emociones de niña”.
– “El éxito es un gran desodorante”.
– “Sólo me he acostado con hombres con los que he estado casada. ¿Cuántas mujeres pueden decir eso?”.
– “Las ideas mueven el mundo sólo si antes se han transformado en sentimientos”.
– “He tenido tres grandes amores en mi vida: Michael Todd, Richard Burton y las joyas”.

¡Hasta la semana que viene, amiguit@s!

6 Comentarios

  1. Ana

    Me encanta, me encanta y me encanta!!!! ¿Se nota, no?

    Apoyo totalmente tu idea de bellitos, a ver cuando te animas.

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Se nota, se nota y se nota.
      ¡Y me encanta que te encante!
      Bueno, me quedan tantas bellitas por mostraros… Pero algún día me salto mis normas a la torera y saco bellito a relucir.

  2. Una gran mujer dentro y fuera de los escenarios que hizo lo que quiso en cada momento y que llenaba la pantalla con su gran belleza. Gracias por acordarte de ella.

  3. Cristina Alises

    La gata sobre el tejadode zinc, una de mis películas favoritas, junto a un “bellito” Paul Newman. Te animo a escribir sobre bellitos!! Me encantará seguro. Besazos!

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Me encanta esa peli, Cristina. ¡Peliculón! Y es que a mí las pelis basadas en obras de Williams me vuelven loco. Y sí, ya lo creo que Mr. Newman era bellito.
      Me iré pensando cambiar el sexo de la belleza.
      Besazos para ti.

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