Nada que comentar, Su Señoría | Lo que queda del día

Nada que comentar, Su Señoría

Ya ha pasado casi una semana desde que terminó el de sobra conocido internacionalmente “Orgullo Gay”.

Salvo nuestra actuación del coro con Dana Internacional y Ruth Lorenzo (proclamada ese día Miss Sequedad para la Eternidad, por merecerlo) el pasado sábado 2, no he pisado Chueca ni alrededores.

En primer lugar, porque estaba muerto. En segundo porque estaba mi hermana visitándome (lo cual tampoco hubiese sido un obstáculo para ella, pero preferíamos quedarnos en casa compartiendo charlas y pelis. Mucho más enriquecedor, sin duda). Y en tercero, y más importante, porque no me acaba de convencer esa fiesta. Ni la comparto ni me la creo. ¡Ni tan siquiera entiendo el nombre!

“Orgullo gay”.

Sé que me voy a granjear unos poquitos enemigos, pero allá voy…

Entiendo que hay que conseguir todavía un montón de cosas, sobre todo derechos fundamentales. Entiendo que hay que lograr respeto por parte de la gente que no ha elegido tu opción sexual. Entiendo que la tolerancia es la  base de una convivencia como Dios manda (discursito que ya di en nuestro concierto). Y hasta entiendo que haya que normalizar las cosas, aunque todo lleva su tiempo.

Pero de ahí a sentirte orgulloso de ser gay, va un abismo. Yo me siento orgulloso de otras muchas cosas, de muchas. Y me avergüenzo de casi más cosas de las que me enorgullezco. Pero, definitivamente, ser gay no es una de ellas. Ni de la que me avergüence ni de la que me enorgullezca. Simplemente, lo soy. Lo soy porque lo he elegido yo, si. Pero no por ello tengo que sentirme orgulloso. Hacerlo, sería dejar de normalizar una situación que ya es normal, al menos para mi. Sentirme orgulloso de ser gay seria como sentirme orgulloso de ser de raza blanca, o de ser hombre. Soy hombre, blanco y gay. Las dos primeras cosas, me han tocado en suerte. La otra, insisto, la he elegido yo

¿Alguno de vosotros se siente especialmente orgulloso de ser heterosexual? No lo creo.

¿Os sentís marginados por no poder celebrar oficialmente el “Día del Orgullo hetero”? Disculpadme, pero tampoco lo creo.

Supongo que eso es porque vuestra sitúacion está normalizada.

Y la mía, como Jesús de Asumendi, también lo está. Por eso no me siento especialmente orgulloso. Lo vivo con toda la intensidad de la que puedo hacer gala y me enamoro, y sufro, y río y lloro. Pero no me siento orgulloso.

Creo que, al margen de todo lo que se quiera conseguir (que -entre nosotros- todavía no lo sé), el Orgullo Gay es un negocio, un gran negocio. Un negocio en el que algunos ganan y nadie pierde. Un negocio en el que los festivales están a la orden del día: carreras de tacones, el musical caza talentos (¡en fín…!) “Factor Orgullo”, los homenajes a denostadas cantantes que otrora han sido iconos gays,…

Y el macro negocio: que algún famosillo de turno se embolse unos buenos dividendos por organizar algo cuyo resultado suele ser pura bazofia.  A las pruebas de este año me remito.

Esto, sin contar con la cantidad de baretos, bares y restaurantes en general, que durante esa semana hacen su agosto ondeando una banderita con los colores del arco iris para hacerte creer su respeto y admiración hacia opciones sexuales que no se corresponden con la suya.

Eso sí, ¿sólo durante los cinco días que dura el famoso Orgullo? ¿Y qué ocurre si voy en noviembre o en marzo? ¿Ya no soy bienvenido? ¿Me corren a hostias por darme el filete con mi amante de turno?

¿Y eso es normalizar? Normalizar es no tener que ondear ninguna bandera multicolor ningún día del año. Y normalizar es que yo me pueda coger de la mano con la persona a la que quiero, sea julio, noviembre o marzo. Y sea en estos baretos oportunistas o en la puerta del museo del Prado.

Normalizar es que no me muelan a palos por ser maricón. Aunque, lamentablemente, también algunos hijos de puta muelen a palos a señoras a quienes consideran de su propiedad. ¿Y se sienten ellas orgullosas de ser mujeres por este motivo? Lo denuncian y lo persiguen, pero ni mucho menos lo celebran.

Normalizar es que si enviudara tuviese los mismos derechos que mi hermana . Y no los tengo. De momento, solo los tengo si me caso. O sea, en lo que a mí me cuesta el dinero sí, pero no en lo que a mí podría aportarme.

Normalizar es que no me señalen por salir del armario (¡qué expresion tan horrenda!)

Normalizar es que yo ni siquiera tenga que salir del armario porque no sea necesario hacerlo.

Normalizar sería que la gente dejara de preguntarse el por qué de un coro gay, como ese al que pertenezco aunque no me pidieran ni carnet homosexual ni actividad sexual. ¿Alguien se preguntó el por qué de los calendarios de bomberos despelotados? ¡Ah, que era por buenas causas y además ese cuerpo tiene fama de machos! (Y no dudo de que lo sean, ¿eh?) Pues nosotros también lo hacemos por buenas causas, aunque sea menos creíble y más cuestionable por el simple hecho de ser gays.

Y, ¿qué queréis que os diga?, no creo que eso se consiga con cinco días ininterrumpidos de celebraciones y fastos. No, así no. Así uno se divierte y se olvida de la realidad que hay en el exterior, fuera de ese reducido recinto visitado por personas que lo único que quieren es divertirse pero a quienes -en realidad- nuestros derechos les importan una verdadera mierda.

En definitiva, yo me siento orgulloso -si acaso- de ser un buen tío. Me siento orgulloso de toda la gente a la que quiero (que es mucha). Me siento orgulloso de ser buen amigo, buen hijo y buen hermano (aunque como padrino sea un auténtico desastre. ¿Verdad, Ana y Javier?). Me siento orgulloso de algunas cosas que he hecho en mi vida, de las buenas, aunque no de todas.

Pero no puedo compartir el sentirme orgulloso de ser gay apoyando una fiesta que más que una reivindicación me parece una patraña.

Ojalá algún día la situación nos permita tener que dejar de celebrar la semana del Orgullo Gay.

Quizás, sólo ese día lograré entenderlo todo.

Y hasta me sienta un poquito orgulloso.

Un poquito…

8 Comentarios

  1. Ander

    De acuerdo contigo, aunque este año le he podido dar un mordisquito a las ganancias, lo curioso es que pusieron el partido en el bar

  2. Cristina Alises

    Tienes razón, yo no estoy particularmente orgullosa de ser heterosexual, ni de ser mujer, pero estoy orgullosa de ser la mujer que soy, de tener amigos que no necesitan esconder su orientación sexual, política o religiosa para que yo les ame y les respete. Orgullosa de gente, que llama al pan pan y al vino vino,( y si no vino, él se lo perdió ). Orgullosa de ti. Besos!!

  3. Dompy

    Parere que poner esto es para hacerte la rosca, pero ni mucho menos… Completamente de acuerdo contigo, con todo. Solo matizaría que la fiesta, aunque sea un negocio, viene bien a Madrid y España y no seamos tontos, aprovechémonos.
    Yo orgulloso de ti y cuatro personas más en la vida… Eso lo más!

  4. Maria Antonia

    Totalmente de acuerdo, orgullosa de ser persona y de tener amigos, pocos pero los mejores del mundo, de vivir sin hacer daño a nadie y feliz de ver felices y sanos a los mios. Leerte es un placer y tambien un lujo, por como escribes y sobre todo, por lo que dices, orgullosa de tí !
    Besos y un gran abrazo admirado Jesus !

  5. Ana

    Opino igual que tu Jesús y creo entenderte perfectamente.
    A mi me pasa igual con el Día de la Mujer Trabajadora, no me gusta celebrarlo, porque sí lo hiciera reconocería que doy diferente o inferior a la mayoría de hombres, los cuales por cierto no tenéis Dia del Hombre Trabajador que celebrar.
    Todo ello no quita que sí reconozca que aún haya mucha discriminación hacia la mujer, y la no obtención de todos sus derechos.
    Por ello pienso que cuando todo esto se consiga, tanto para mujeres como para homosexuales sí estaré orgullosa y celebrare eso el Día de la Igualdad de todo ser humano.

  6. luisa

    Estoy completamente de acuerdo contigo, esa fiesta en lugar de ser un orgullo, me parece todo lo contrario, parece que los gays son personasque no hacen otra cosas que disfrazarse y desmelenarse, cuando la realidad es bien distinta, sois personas cariñosas, trabajadoras y responsables y a nadie debe importar la condición sexual de la gente, como tampoco su religión o sus ideas politicas, todos debemos respetarnos y asi nos irian mucho mejor las cosas.

  7. Pues vamos a discrepar “un poquito”, Jesús. Pero nada como para ganarte como enemigo, tranqui. Que pensar de forma diferente me sirve como ejercicio de la razón para aumentar algunas certezas e, incluso, y siempre mejor, para cambiar de opinión (y en estos temas llevo ya unos cuantos cambios).

    Abordas, desde mi punto de vista, dos cuestiones que me importan. Una es la que mencionas dos veces: eres gay por elección; la otra, la central del comentario, es tu rechazo a sentirte orgulloso de serlo (o de haber elegido serlo). Sobre la elección nada voy a decir porque tiendo a alargarme mucho como para discutir sobre dos cosas. La mencionaré solo de pasada y ya lo hablaremos tras varias cervezas que es más diver.

    Me importa la segunda que es la que te lleva a escribir (tan bien) sobre el orgullo. Y es que es un tema feo. Sentirse orgulloso, estar orgulloso, o simplemente el orgullo, sin más, parece que no mola mucho. No en vano es uno de los Siete Pecados Capitales (soberbia, también llamado): la arrogancia, la vanidad, el exceso de estimación propia, que dice la RAE. Ninguna acepción que me permita agarrarme como suelo hacer cuando quiero defender algo. Aquí todo es malo (uno de los pecados que ni siquiera dan un poco de gustito). Y sin embargo, a veces estamos orgullosos de cosas dignas de estima o, como completa la RAE la definición, “disimulable (el orgullo) por nacer de causas buenas y virtuosas.” A ver si puedo aferrarme a esto, porque es verdad que a veces nos sentimos orgullosos de algo bien hecho o de alguien encomiable (un hijo que ha terminado bien sus estudios, un amigo que nos ha cuidado). Y aquí llega mi duda en relación con tu argumento: dices no sentirte orgulloso de ser gay cuando defiendes, además, que es algo que has elegido. Dándole la vuelta a la frase, has elegido algo que no te enorgullece. Fíjate que lo entendería más si dijeras que no te sientes orgulloso de lo que eres por condición y no por elección. Al igual que los ejemplos que pones: las mujeres que no se sienten orgullosas de serlo, el blanco que no se siente orgulloso por el color de su piel, o por ser hombre (condiciones, las tres, normalmente no “elegidas”, sino condiciones existenciales o, como dices tú, que te “han caído en suerte”). Por eso la mezcla de orgullo y elección, me deja algo confundido hasta el punto de que pensé que podía haber sido una errata si no fuera porque lo repites dos veces (“Lo soy porque lo he elegido yo”, afirmas, para insistir más adelante que “la otra [condición, el ser gay] la he elegido yo”).

    Pues bien, te cuento por qué yo creo que sí que hay que celebrar el Orgullo Gay (o LGTBIQ y no sé cuántas iniciales impronunciables más). No tanto, como sugieres, por mostrarse orgulloso de algo que se es (tiendo a pensar que se es gay más que se elige serlo, pero como digo no voy a entrar), sino por la posibilidad de poder mostrarlo cuando en muchos sitios se sigue persiguiendo a quien lo muestra. Venimos de donde venimos y es como si ahora pudiéramos decir: “me siento orgulloso que aquí podamos afirmar, mostrar, exhibir, celebrar, exagerar, proponer… una forma de ser (una elección, si quieres) que en otros sitios, en el menos violento de los casos, se señalaría con el dedo o se apartaría la mirada y, en el peor y más violento, directamente te cortarían la cabeza”. Y por esto estoy de acuerdo contigo cuando dices (¡no todo van a ser discrepancias!) que el día en que sea realmente algo aceptado (más que tolerado, algo querido como fuente de enriquecimiento), quizás ya no sea necesario mostrar el orgullo de vivir en una sociedad en la que es posible decirlo. Y tal vez ese día ya nadie preguntará el por qué de un coro gay, más que por qué un coro de voces góspel o barrocas. Tal como yo lo veo, este Orgullo mira al mundo más que a la propia situación de quien, como tú, y como muchos (pero no todos) en nuestro país, lo tiene interiormente “normalizado”.

    Otra discusión, es la de la forma, la comercialización, la utilización, la explotación, el cinismo, la hipocresía de quienes se cubren de banderitas cinco días para ganar unos euros suculentos y seguir luego desviando el gesto los trescientos sesenta restantes. Que la demostración mercantilizada o zafia de ese orgullo no guste (y hasta cierto punto pueda incluso distraer la atención de lo que es más importante en mi opinión), no creo que sea suficiente para cuestionar la relevancia del Orgullo de poder proclamarlo.

    Sorry por la extensión. Tengo ese problema, lo sé: no se pueden dejar comentarios más largos que el original.

  8. MIGUI

    No podría haberlo redactado mejor… Sólo estuve de acuerdo con la fiesta del orgullo gay cuando vivía en Vigo y vine a la capital para la gran fiesta… Pero sinceramente, no pensaba en qué pancarta iba a traer, sino en cuántos chicos con mi misma orientación iba a ver y conocer (como si no me llegasen todos los chicos guapos que había en Vigo ya…).
    Una vez que ya estaba viviendo, sólo me parecía emocionante que llegaran esos días porque venían amigos de fuera a vivir la fiesta conmigo, pero era más por juntarme con ellos que por la propia fiesta.
    En definitiva, lo que quiero transmitirte con ésto es que estoy de acuerdo contigo en el fondo de tu mensaje, ya que la fiesta es puro marketing y un porcentaje muy alto de nuestro colectivo, sus “víctimas”. Y ésto para mí es un hecho, digo “víctimas” porque esas macrofiestas no se hacen para reivindicar nada y son las que más se embolsan…
    Por último, sí que quiero dejar una observación… Creo que esta fiesta, aunque los que vivimos en grandes ciudades no le veamos la connotación reivindicativa, es muy importante para darle fuerza a aquellos que viven en poblaciones o barrios en los que no lo tienen tan fácil. Si esas personas no tuviesen oportunidad de ver cómo se vive en otras ciudades de una manera tan natural, no darían el arranque a su verdadera persona de la misma forma. A pesar de que deberían ejercer su apoyo las propias autoridades locales (pero aquí ya tocaríamos otros temas…)
    Un placer leerte!
    Besotes

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