Otra cultura popular | Lo que queda del dia | Blog de Jesús de Asumendi

Otra cultura popular

¡Hola, amiguit@s!

¿No os habéis planteado nunca el origen de muchas de las expresiones que utilizamos en nuestras conversaciones cotidianas? Nosotros las decimos sin darnos cuenta, como parte de lo que queremos decir y casi todo el mundo nos entiende. Y digo “casi” porque, ¿quién no tiene algún border line en su entorno?  Y si no lo tenéis ya os paso yo alguno, no os preocupéis. A mí me sobran…
Bueno, pues todas esas expresiones tienen su explicación aunque nosotros, la mayoría de las veces, desconozcamos su procedencia.

Imaginad la cara que se les queda a esos extranjeros que vienen a aprender nuestro idioma, cuando a alguno de nosotros se nos ocurre utilizar con ellos cositas del tipo: “estoy hecha unos zorros” u “hoy, que trabaje Rita”. En el primero de los casos te mirará de arriba a abajo para encontrarte la cola, incluso aunque seas hombre. Y en el segundo, te preguntará que quién es esa pobre Rita a quién le toca trabajar en días festivos.
Bueno, pues para que no se os quede la misma cara que a esos extranjeros y podáis darles una lección de lo rico que es nuestro idioma, aquí van algunas explicaciones que no sé si os serán de alguna utilidad, aunque espero que os resulten -cuanto menos- curiosas.

– Chicos, me voy a DORMIR LA MONA.
Aunque todos sabemos lo que significa, se refiere a la costumbre extendida en el S. XVI de dar vino a monos para ver el efecto que causaba en los pobres animales. Y os podéis imaginar el efecto…

– Este cabrón me está PONIENDO LOS CUERNOS.
En la Edad Media se colocaba una cornamenta de ciervo en la puerta de la casa del señor feudal cuando este estaba ejerciendo su derecho de pernada. Esto es, entregándose por entero al fornicio.  ¡Ay, qué me gusta a mí esta palabra!

– ¡En cuanto venga, le voy a MONTAR EL POLLO!
Realmente, sería poyo. Y poyo era ese banco de piedra pegado a la pared desde el cual muchos oradores realizaban discursos en plazas abarrotadas de gente. Discursos que normalmente generaban sonoras discusiones. Vamos, que no se trata de que le pongamos la silla y las riendas al pollo del Hipercor para poder montarlo rollo amazona intrépida.
¡Vaya cuadro!.

–  Anda, hombre, vamos a ECHAR UN POLVO.
Todos sabemos lo que significa, incluso los border line de nuestro entorno. Pero viene de la costumbre de los siglos XVIII  y XIX de inhalar rapé, un preparado de tabaco en polvo usado como excusa para mantener encuentros sexuales de forma furtiva. O sea, inhalar pa fornicar.
Vamos, al contrario que ahora. Ahora, primero va el polvo  y en el transcurso te dicen si quieres un tirito de “farla”. O sea, el kolokón. Siempre con K, klaro.

– Mira, ¿sabes que te digo? ¡QUE TE DEN MORCILLA!
Si, nosotros lo utilizamos para librarnos de alguien o zanjar una discusión. Pero viene de la costumbre antigua de dar morcillas envenenadas a los perros con el fin de erradicar los brotes de rabia.
Aunque yo ahora, esas morcillas se las daría a todas las personas que maltratan a esos perros. ¡Y por kilos!

– ¡Qué paranormal es todo! AQUÍ HAY GATO ENCERRADO…
No tiene nada que ver con nuestro actual significado, ese de mal pensar que existe una causa o razón oculta, no. Es porque en el Siglo de Oro existía la costumbre de guardar el dinerito en bolsas hechas con piel de gato. Mira, a estos les daba yo las mismas morcillas que a los de el párrafo anterior.

– No puedo ir con vosotros. ESTOY A DOS VELAS.
Vamos, que no tengo un puñetero duro partido por la mitad. La explicación más extendida hace referencia a las partidas de cartas ilegales y clandestinas. Partidas en las que la banca contaba el dinero a la luz de dos velas. Cuando alguno de los jugadores dejaban sin dinero a la banca, esta se quedaba literalmente a dos velas.

– ¡Vaya horitas de llegar! A BUENAS HORAS, MANGAS VERDES.
En el siglo XV, la llamada Santa Hermandad se encargaba de detener a los delincuentes. La mayoría de las veces, llegaban cuando ya era demasiado tarde. Y sus uniformes, tenían las mangas verdes. Actualmente, ya no sé de qué color tendrán los uniformes pero cada vez que he llamado a la policía no es que hayan llegado tarde, es que no han venido. Me dan ganas de ponerles los huevos moraos…

– Mañana me voy a casa de mi madre a comer y ME PONGO LAS BOTAS.
Antiguamente, sólo los ricos podían calzarse unas botas, mientras que los pobres iban descalzos. Aquí es cuando tu amigo extranjero te preguntaría: ¿es que tu madre es miliciana? Y tú tendrías que poner cara de Muppet y callar. Por si las moscas…

– Este pobre es MÁS FEO QUE PICIO.
Pues sí, existió. Se llamaba Francisco Picio y nació en un pueblo de Granada. Fue condenado a muerte injustamente pero recibió el indulto. Tal fue su reacción que se le cayó el pelo, las cejas y las pestañas y le salieron pústulas por toda la cara, lo cual ocasionaba una visión espantosa. Tanto, tanto, que cuando falleció, el cura que le tenía que dar la extrema unción tuvo que atar el crucifijo a la punta de un palo para no acercarse mucho a semejante careto.
Oye, pues yo conozco muchos Picios y no han sido indultados, como los ninots de las fallas de Valencia.

– Mañana es mi cumple. Voy a TIRAR LA CASA POR LA VENTANA.
Bueno, pues eso hacia la gente a quien tocaba la lotería en el siglo XIX: tirar -literalmente- la casa por la ventana y deshacerse de todos sus muebles y enseres viejos. Hombre, es más cómodo que tenerlos que bajar por las escaleras, eso sí.

– Como diría Loles León en uno de sus cuplés: “Y si no, amiguito, puerta. NO HAY TU TÍA”.
Vamos, que no hay nada que hacer, que no tiene solución. Pues viene de un ungüento medicinal que en el pasado se aplicaba como remedio para todos los males: la “atutia”, una mezcla de óxido de zinc y otras sales metálicas. La derivación del “no hay atutia” al “no hay tu tía”, significaba que ya no había remedio para la enfermedad. !Ni con el ungüento! Qué fuerte…

– No puedo con él. ¡Es MÁS CHULO QUE UN OCHO!
Pues esta expresión viene por un tranvía, el número 8, que en Madrid iba desde la Puerta del Sol hasta San Antonio de la Florida. En este se montaban los chulapos y chulapas de Madrid para ir a celebrar la verbena.
Esto es como lo que le decía mi madre a mi hermana, jugando con las paradas de metro: “Hija, te pasas de Lista…y te vas a Diego de León”. Imaginativa que es mi mami…

– Conmigo no contéis. Eso está EN EL QUINTO PINO.
Durante el siglo XVIII se plantaron cinco pinos siguiendo el eje desde el Paseo del Prado hasta lo que hoy es Nuevos Ministerios. Pinos que estaban, evidentemente, muy distanciados los unos de los otros. La gente los utilizaba como punto de encuentro pero el quinto pino estaba muy lejos para quedar. Hoy día esos cinco pinos ya no existen. Claro, no tenían a una Tita Cervera para atarse a ellos y gritar como una posesa: “¡No a la tala!”. Cómo moló aquel episodio…

– Jo, tía. Esto va a acabar COMO EL ROSARIO DE LA AURORA.
En un pequeño pueblo de Cádiz había una cofradía con ese nombre. Realizaba la procesión de madrugada cuando se encontró con un grupo de camorristas y acabaron todos a golpes entre ellos.
Y yo que pensaba que la tal Aurora se pasaba el día pegada a su rosario. Rezando, y rezando, y rezando… Claro, ahora lo entiendo todo.

– ¡Ah! Lo siento. QUIEN SE FUE A SEVILLA PERDIÓ SU SILLA.
En el siglo XV, un tal Alfonso Fonseca (prelado de Sevilla) fue nombrado arzobispo de Santiago de Compostela. Fonseca fue a preparar el camino, pero cuando volvió a Sevilla se dio cuenta de que su sobrino le había robado el cargo de prelado. ¡Más majo el sobri…!

– ¡Uf! Estoy destrozado. Anoche no pude dormir. He pasado LA NOCHE EN BLANCO.
Antiguamente, los aspirante a caballeros hacían la velada de las armas que los honrarían como tales. Y llevaban como atuendo una vestimenta blanca que simbolizaba la pureza espiritual. El color de esas ropas y lo larga que se hacía la noche de espera, es lo que dio lugar a este dicho.
Yo, francamente, lo del insomnio como que no. Duermo como un tronco. Por cierto, ¿de dónde viene eso? ¿Los troncos duermen?

– Mira, no te lo digo más veces. ¡VETE A LA PORRA!. La porra era el largo bastón con puño de plata que llevaba quien tocaba el tambor en el regimiento. Por lo general, este bastón era clavado en un lugar alejado del campamento y señalaba el lugar al que debía ir un soldado arrestado cuando era castigado. !Vaya usted a la porra! Y allí se iba el pobre soldado a cumplir su castigo.
En fin, con lo sencillo que es mandar a la mierda…

Bueno, que me voy. A la mierda no, ¿eh? Me voy a buscar a la tal RITA que me saque de dudas. A ver si consigo saber quién es y me cuenta por qué trabaja tanto. Y por qué acaba HECHA UNOS ZORROS.

Ya me despido de vosotros no sin antes daros un buen consejo que todos vais a entender enseguida: QUE NO OS LA DEN CON QUESO.

Yo, ni puta idea de qué significa. Ni falta…

¡Hasta la semana que viene, amiguit@s!

10 Comentarios

  1. Paloma

    Genial!!! Y muy interesante Jesús, y no se puede decir lo mismo de todos los blogs

    • El De Asumendi ese

      Yo a ti te como. Al tiempo…
      Muchísimas gracias, Paloma. Es todo un honor.
      Me llena de orgullo y satisfacción tener lectoras como tú.

  2. Muy bueno pulpito!. La pena es que mañana ya se me habrá olvidado. Lo bueno es que puedo volverlo a leer, lo cual es un placer.

  3. Cristina Alises

    Educativo y divertido!! Me encantas, Jesús. Besazos!

  4. Maria Antonia

    Muy didactico y simpatico, como siempre. Muchos besitos, y ahora como estoy hecha unos zorros tras pasar la noche en blanco, que trabaje rita o esta acabara como el rosario de la aurora 😉 ACHUCHONES MIL, GUAPISIMO !!

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Gracias, Maria Antonia.
      Yo, a estas horas, voy a ponerme las botas. Que he tenido que ir al quinto pino, al dentista, y me ha entrado hambre. No pienses mal, ¿eh? Que no se trata de echar un polvo. Que, para eso, estoy a dos velas.
      Besazos para tí.

  5. Dompy

    Eres más listo que un San Luis! O no es así!??? Jajaj. Pero más guapo que él si, eh? Muaka

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