Otro dia de furia en el dentista | Lo que queda del dia
otro dia de furia

Otro día de furia

“Se me está acabando lo bueno que soy y me está llegando lo malo por dentro.
Yo no sé matar pero voy a aprender para disipar todo el mal que me has hecho”.

María Jiménez

¡Hola, amiguitos!

Hay días en los que uno se levanta como el Michael Douglas que interpretó el personaje protagonista de la película de la fotografía que ilustra esta entrada mía de hoy: esperando vivir un día duro porque, lamentablemente, algunas circunstancias vitales así le obligan.

Hoy, después de más de dos años y dos meses, he vuelto (y van cien veces) al dentista para que me confirmaran lo que ya intuía: que mis dos implantes por los que pagué mas de mil quinientos euros han fracasado. Uno, por tercera vez. El otro -que fue el primero- por segunda.

Bueno, supongo que no todos los huesos son iguales y que lo que para algunos dentistas es gelatina, para otros es granito con unos toquecitos de díamantes (por la dureza, digo. No por la perfección. ¡Que también!)

Después de mil perrerías, dolores, extracciones, sangrados, nauseas y sufrimientos varios con la ayuda de toda una suerte de instrumentos de tortura (que ríete tú del epicentro del mundo sado-maso), hoy ya me han sacado mis dos trocitos de hierro que durante unos meses han aguantado mis dos maravillosas coronas, lo más parecidas a mis muelas iniciales.
O sea, me han extraído los pernos (¡cuánta solemnidad: los pernos. Se me llena la boca al decirlo. Y no de pernos, afortunadamente. ¡Menos mal!)
Las coronas me las tuvieron que quitar hace mas de dos semanas porque me ocasionaban un dolor espantoso cuando comía. Lo mismo daba un pescadito hervido que unos kikos barbacoa (¡que me pierden!).
Sabia que sin coronas mi reinado no me duraría demasiado tiempo. Es bobada. ¡Tanta corona para alguien como yo…! Y estando Felipe VI…

Y así me he quedado, exactamente como cuando nací: mellado.

Bueno, menos mal que cuando sonrío no se me ve porque no soy Julia Roberts (quien está en el Guinness de los récords por ser la persona que más piezas muestra cuando sonríe).
Y menos mal que sonrío mucho menos de lo que quisiera, porque no me hace feliz ser Gutiérrez MELLADO.

¿Veis? Algunas veces ser una raspa tiene sus ventajas…

Pero no sé si me ha dolido más el fracaso (puedo llegar a entenderlo y espero ansioso la solución alternativa) o el hecho de que, como ya cobraron hace mucho tiempo, se crean con derecho a disponer de mi tiempo a su antojo.

Ayer tuve que cancelar otras cosas para poder acudir puntualmente a la cita que me dieron para las doce menos cuarto del mediodía. Y a la una y cuarto aún no me habían atendido.

– Yo: “Señorita, esto es inadmisible. Llevo mas de hora y media esperando para ser atendido. Tengo la impresión de que me están ignorando”.

– Señorita: “En absoluto. Es que tenemos mucha gente y, además, su doctor hoy no ha venido. Está de baja. Ahora le llamamos. Siga esperando en la salita”.

– Yo: (emulando a Ylenia Padilla pero pa mis adentros: ¡¡¡Puta perra de los infiernos!!!)
“¿Perdoneeeeeeeee? Llevo hora y media esperando y me dice que mi doctor no está y que siga esperando? ¿Es usted consciente -a pesar de su actividad- de que existe vida más allá de este centro y que esa vida es bastante más interesante y muchísimo más bonita? ¡No voy a esperar ni un segundo más! Deme ya otra cita para mañana. Y la quiero a la una de la tarde”.

– Señorita: “Imposible. Mañana está todo completo”.

– Yo: “Ok. Deme entonces mejor una hoja de reclamaciones”.

– Señorita: “¿A qué hora me ha dicho que quería la cita?”.

Es que es oír lo de la reclamación y la antipatía se torna en cagalera en cero coma…

Así que hoy, descansadito, mono monísimo y duchadito y hasta arriba de fragancias (y con los ejercicios de despedida de mis pernos completados), llego de nuevo a la consulta.

– Yo: “Holabuenosdiaseñorita (todo de corrido, como mejicano). Que tengo cita a la una. ¿S’acuerda usté?”

– Señorita: “Pase a la salita. Ahora le llaman”.

– Yo: “Valeseñorita” (más Méjico).

Pero era demasiado bonito para ser verdad. Me han tenido otra hora esperando. A ver, que también digo yo que gracias a esta espera me he enterado de que Terelu -en exclusiva- se siente gorda y mayor. Que Paulina Rubio va a ser madre por segunda vez. Que Álvaro Muñoz Escassi no se ha clasificado en su modalidad para los próximos Juegos Olímpicos así que ha decidido que se va a Dubai a cuidar de los caballos de un jeque árabe. Que Pilar Rubio ha alcanzado una envidiable figura después de su parto. Que la otrora regordeta Máxima de Holanda, ha adelgazado al máximo y lleva modelis (muy bonitísimos) que realzan su figura. Que Tere Campos vende su humilde morada por tan solo 4’7 millones de euros (esto me ha dado una pena… Casi tanto como lo de que Terelu se sienta gorda y vieja).

Bueno, ha sido una hora muy productiva, la verdad. Me he enterado de muchas más cosas de interés general. Pero si las queréis saber comprad la revista, ¡coño! Y no seáis cutres.

Aunque el tiempo me ha pasado volando, cuando he mirado el reloj he sido consciente de la pérdida de otra hora de mi vida. Y ha salido el Michael Douglas que llevo dentro. Cómo sería que cuando me he acercado a la recepción con la recortada, la señorita ya me ha dicho que me tocaba. Y así ha sido…

No he llorado por la despedida de mis pernos, no. He llorado pensando en que ya no voy a poder ponerme morado con los platos que me va a hacer mi madre cuando dentro de cinco días me vaya a Alicante a pasar todas estas fiestas tan entrañables que se avecinan y de las cuales os hablaré en mi próxima entrada si me encuentro lo suficientemente inspirado y decido no darle prioridad a mis múltiples experiencias vitales.

(¡Por Dios! Qué frase tan larga y tan absurda. ¡Casi me ahogo escribiéndola!).

He despotricado con el doctor todo lo que he querido y más, me he despachado a gustito (como Ortega Cano) y he quedado en volver mañana a que me vea los orificios. Los que me han dejado los pernos, digo. ¡Marranos!. O sea, que para muchos que ya estáis leyendo esto, yo estoy en el dentista de nuevo, por tercera vez en tres días. ¿Ande andas, Michael Douglas?
He visto ya tantas veces al dentista en estos dos últimos años que me parece que le voy a pedir relaciones. Un dentista es un dentista y las madres siempre quieren lo mejor para nosotros. Además, dentista rima con artista y yo, ahora, soy súper artista de variedades. Tal como la gran Lola Flores: “No canta, no baila, no actúa. ¡No se la pierdan!”

Estaba furioso, si, por todo. Porque me harto de que me tomen el pelo por ser correcto, educado, amable, sonriente,… Bueno, esto último… Ahora con las mellas…
La conclusión de todo esto es que, lamentablemente, no hay nada como sacar lo peor que uno lleva dentro para conseguir sus propósitos. Qué triste que tenga que ser así…

En resumidas, que me he vuelto a casita sin mis pernos. Pero aprovechando que mi amigo Arturo vive muy cerca del dentista, nos hemos visto y me ha dado un enorme frasco de aceitunas aliñadas que me ha traído de Gijón de parte de su padre. ¡Están de ricas! ¡Y no tienen hueso!

Molan. Para mis mellas…

3 Comentarios

  1. Maria Antonia

    Ves ? No esta todo perdido ( las muelas, los pernos, el tiempo y la paciencia ) ahora saboreas unas aceitunas riquisimas que de otra forma …… las habrias comido igual y sin mellas ! Jajajajajaja

  2. Roberto

    Completamente de acuerdo, no lo entiendo, yo también atendería mejor y antes al que me tratase bien… El mundo del revés Jesús. A comer mazapán!

  3. Raúl

    No me hables a mi de médicos! 4 horas esperando para hacer unas pruebas que parecía yo Reagan en el exorcista con tanto aparato en la cabeza y el cuello! Qué disfrutes de las fiestas y de la familia!

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