Fabulosa noche de Fado (II) | Lo que queda del dia
el otro instrumento

Fabulosa noche de Fado (¡y sin enfado!) – Parte II: El otro instrumento

(Parte I)

… cuando a una hierba, además de cilantro, se le llama “culantro europeo” por algo será…
¡Porque te da por culo que te atoras! En Europa o donde se tercie.

– Nosotros: “¡Pero qué cantidad de cilantro! Si nos dijo que no tenía… Por favor, lléveselo, quítenoslo y de paso traiga otras cuatro cervezas (para aprovechar el viaje). Y no se olvide de que el cerdo lo queremos SIN CILANTRO”.

– La camarera pendenciera: “¡Ay, perdón!”

– Mi Luchy: “El cilantro es el hermano loco del perejil. Que lo leí yo una vez”.

Y la camarera pendenciera viene con los platos, ya fríos, y con los restos del cilantro que no habían conseguido quitar a mano en la cocina.

– Nosotros: “Por favor, no se olvide de las cervezas y de los cubiertos”.

Pero ella ya estaba totalmente desbordada. El restaurante ya estaba lleno. Las dos nórdicas habían visto invadida su “intimidad” en su mesa de diez comensales por un grupo de siete cántabras súper pijas. Y mientras ella las acomodaba, descuidaba sus quehaceres de camarera. Lo dicho: desbordada. Y a punto de cantar “Yo soy la viudita del Conde Laurel”, como en Mortadelo y Filemón.
Ya nos había traído los cubiertos y las cervezas, así que apareció de repente en nuestra mesa con buenas noticias: “¡Aquí tenéis el porco preto!”
Y nosotros cuatro nos miramos sin saber si reir, llorar o hacer un simpa.

El puñetero cerdo tenía cilantro para abastecer a todos los socios del CIAC: “El Club Internacional de los Amantes del Cilantro”.
Entonces ella nos mira, mete los deditos en el porco preto, saca una hojita de la maldita hierba, sonríe y, con el manojito en sus dedos, nos vuelve a mirar.

– Fernando: “Esto ya no es divertido”.
– Rosa: “¡Joder, qué frío entra por la mierda de la ventana!”
– Mi Luchy: “¿Os he dicho ya que el cilantro es el hermano loco del perejil?”
– Yo: “¡Que empiece la fiesta. Llegan los músicos y la cantante!”

Que los vi venir, si. Pero es que, además, tenía el mástil de la guitarra española de uno de ellos jincao en mi cuello. ¡Es lo que tienen las estrecheces!
La cantante, fumadora compulsiva, cantaba. Pero ese día se había fumado tantos pitillos como años debía tener. O sea, unos cuatro paquetes.
Tras terminar su mini concierto de tres fados se retiró a seguir fumando a los bajos del local, donde estaban los lavabos.

A nosotros ya nos habían devuelto el porco preto sin cilantro, y muy fresquito. Y la jodía ventana seguía filtrando un frío espantoso en los riñones de mi hermana y de mi Luchy.

¡Nochecita toledana! O lisboeta…

Nosotros, a carcajadas.

Las de Cantabria ya sabían de nuestra afición al cilantro (mi hermana es muy de comentar).
Los dos matrimonios centroeuropeos también se habían percatado y nos sonreían con complicidad porque tenían tantos problemas como nosotros a la hora de comunicarse con la camarera pendenciera.

Como no nos gusta el sorbete de porco preto, y en vista de que la cantidad de grasa que tenían todos los platos era directamente proporcional a la cantidad inicial de cilantro, decidimos dejarlo. Ya, total, de perdidos al río…

Pero llega el momento cafés. ¡Para nota! Un expreso para mí, un cortado para mi hermana y dos cortados descafeinados para mi Luchy y para Fernando.
La camarera pendenciera estaba ya al borde del colapso pero seguía confiando en su buen hacer y en su mejor voluntad y hacia enormes esfuerzos por entendernos y, sobre todo, por atendernos. Pero los cafés nunca llegaban…
Así que, mi hermana y yo decidimos salir a fumar. Y cuando terminamos y entrábamos de nuevo al restaurante, los fados estaban ya para comenzar. Aunque esta vez sin la cantante. Estaría cerca de los lavabos comenzando otro paquete…
Solamente los músicos: el de la guitarra española y el del otro instrumento.

¡Prohibido el paso! No se puede acceder a la mesa. Ha comenzado la actuación y nosotros estamos sentados al lado del súper escenario. Allí, todos apiñaos. ¡¡¡Como rodeados por una enorme y frondosa planta de cilantro!!!

Pero nuestros cafés ya están listos. Mira, pues los tomamos de pie, en la barra. Allí vamos a aprovechar mi hermana y yo para tomarlos calentitos. Luces apagadas. Silencio sepulcral.

– Rosa: (por lo bajini) “Oiga, se lo he pedido cortado y no lleva leche”.

– La camarera pendenciera: “Corto, café corto. Y es que no tengo leche”.

– Rosa: (más altini) “Corto, no. ¡Cortado! Y el cortado tiene leche. Vamos, que se corta con leche. De ahí viene cortado”.

– La camarera pendenciera: “Tengo leche pero la tengo fría” (que digo yo que no es lo mismo que no tener…)

– Rosa: “Pues me vale igualmente”

Uno, dos, tres, cuatro, cinco minutos… Y no aparecen ni ella ni su leche fría.

Los músicos siguen tocando. Continúa el silencio sepulcral.

– Rosa: “Pero esta tía, ¿dónde tiene la leche?”

– Yo: “En las ubres”.

Carcajada y ahogo. Tenemos que estar en silencio.
Viene la leche. El café está ya frío. Y la leche viene fría también, como el porco preto.

Yo, más carcajada pensando en el café granizado que se van a tomar mi Luchy y Fernando, que no se han movido de la mesa y atienden a los músicos con los cinco sentidos. Bueno, el del tacto no lo utilizan aunque por la distancia, bien podrían…

Los músicos tocan cuatro piezas, con su guitarra y con el otro instrumento.

Cuando terminan, en el momento aplausos y vítores (lo hacen de puta madre) intentamos llegar a nuestra mesa. Como nosotros ya hemos degustado nuestros cafés intentamos llevarles a los demás los granizados. Pero nos para un refuerzo de última hora que ha venido a socorrer a la camarera pendenciera y nos dice amablemente que los lleva él. Es que todos tenemos que hacer malabares para llegar a nuestra mesa y deben tener miedo de que les hagamos otro nuevo estilismo, esta vez con las porcelanas.

Caritas de mi Luchy y de Fernando al comprobar las temperaturas del café.
Carcajadas de los cuatro.
Y el frío se sigue filtrando por la mierda de la ventana…

– Yo: ¿Nos hacemos un simpa?”
– Rosa: “Como que me llamo Rosa que a esta tía le saco yo los cafés”
– Fernando: “¿Pedimos la cuenta?”

Más carcajadas. Y complicidad con los matrimonios centroeuropeos.

Y de repente…

¡Se hace el milagro! El camarero refuerzo, el que acaba de servir los granizados de cortado en nuestra mesa, se convierte en un EXCELENTE cantante de fados y nos deleita con cinco, cada uno de ellos más bonito y aún mejor interpretado que el anterior.

Por supuesto, Rosa y Luchy están fumando fuera. ¡Hay que joderse con el tabaco!
Pero vuelven pronto, se hacen unos Matrix entre las mesas y consiguen llegar a la nuestra, disfrutando así del resto del recital.

¡¡¡Alucinante!!!

Creemos que, a pesar de todo, aunque sólo haya sido por este mini concierto, ha merecido la pena. Además, nos hemos reído tanto…

Mi hermana se dirige hacia la barra a negociar los cafés gratis. Los consigue. Pagamos y yo voy al lavabo antes de salir.

Y allí abajo me encuentro a los músicos, a la cantante octogenaria (fumando, claro) y a una de las representantes de la mesa de las pijas cántabras, quien también tiene pis.

Mientras esperamos ambos, la cántabra y yo, a que se desocupe el único lavabo unisex, comentamos la velada.

– La Pija: “¡Qué buenos los músicos!”

– Yo: “Si, maravillosos. Los dos. El de la guitarra y el del otro instrumento”.

– La Pija: “A mí me ha gustado más ese, si”.

– Yo: “Por cierto, ¿sabes cómo se llama? El instrumento, digo. No el que lo toca”.

– La Pija: “Si. Espera, lo tengo en la punta de la lengua. ¡Ay! ¿Cómo se llama? Esto… ¡Ay! (Tocándose el mentón como gesto de quien lo está pensando porque lo sabe…)

– Yo: (preguntando al músico que lo toca) “Disculpa, ¿cómo se llama ese instrumento?”

– Él: (con carita) “Guitarra portuguesa”

– La Pija: (gilipollas perdida) “¡Eso!”

– Yo: (a ella, por lo bajini) “¡Mamarracha absurda!”
(Y a él, bien altini) ¡Muchas gracias!

Y hago mi pis. Y me despido, me subo y me voy.

Y nos han dado las doce de la noche y decidimos volver al hotel en un taxi porque no sabemos si nuestro querido 28 seguirá funcionando.
Y seguimos riendo a carcajadas.
Y seguimos diciendo: “AMAMOS LISBOA”.

14 Comentarios

  1. Cristina Alises

    Fabuloso!!

  2. Fernando

    Eso Jesús. .
    Amamos Lisboa…sobre todo con la compañía que llevábamos, tu, Luci, tu hermana y en el fondo Lisboa, amable, bella, entrañable, diferente y con mucho Fado y…..cilindro, mucho cilantro y una cena para no olvidar.

  3. José Ferraz

    Nadie pide un café cortado en Portugal y ademas no se diz “cortado” se diz de 2 formas “pingado” portanto lá próxima “café pingado” o “um garoto(que lleva mas leche)”

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Yes, sir! Haré lo mismo en el tre cuando algún pasajer portugués me pida un pingado. Le echaré la leche por encima. Y si me pide un garoto, siempre le puedo cantar “garoto de Ipanema”, aunque le cambie el sexo. ¡Como ahora soy cantante!
      Siempre es más fácil eso que reconocer que no lo has entendido, ¿no?

  4. Raúl

    Lo que me he podido reir imaginándomelo Yo con lo que más me pude reir fue con el tema de los Percebes cuando estuve en el Algarve… Yo pensando que todo el mundo me quería ofrecer percebes (yo pensando que serían típicos del Algarve) y despues de 2 dias me entero que lo querian saber era si me estaba enterando de lo que me decían!

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Jajaja. ¡Pues claro, hijo! Del infinitivo de la tercera conjugación Percebir. Concretamente, la segunda persona del singular del presente de indicativo. ¿Me percebes?

  5. Maria Antonia

    Eres genial, viajar contigo debe ser una odisea de carcajadas. Ah ! Yo tambien odio el culantro 😉

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Pues fíjate que yo me río mucho menos de lo que debería hacerlo. Pero cuando lo hago, me sirve de terapia y me quedo nuevo. Oye, ¿y por qué no hacemos una campaña anti cilantros? Si, como dice mi Luchy, es el hermano loco del perejil, se le lleva a la Lopez Ibor y aquí no ha pasado nada…

  6. Qué nochecita. jajaja. Lo mejor el fado y el gato de la puerta.

  7. Roberto

    Lisboa es una pasada! Me uno a la campaña anti culantro europeo…

  8. luisa

    Yo estuve en Octubre, y lo pasé genial, fue en el 28 y para bajar de Alfama cojimos un taxi, cuyo taxista tambien cantaba fado (muy bien por cierto) y nos amenizó todo el viaje hasta el hotel.
    Tu relato como todos fenomenal.

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