Por pura y simple curiosidad... | Lo que queda del dia

Por pura y simple curiosidad…

¡Hola, amiguit@s!

Como muchos de vosotros ya sabéis por una de las primeras entradas que publiqué en este blog hace ya una eternidad, estoy desempleado. Oficialmente desempleado. Voluntariamente desempleado pero, en definitiva, desempleado.

También ya sabéis que hago cosas porque os informé igualmente de ello, ¿no? Hago cosas y, además, me gusta decir que las hago. O sea, ¿qué hago? Pues ya os lo dije: cosas…
Algunas de esas cosas son de provecho. Otras, no. Pero me entretienen.

Y entre esas cosas que me da por hacer por el hecho de tener exceso de tiempo libre, está el navegar sin cesar. No, no me he comprado una barcaza con la indemnización que me dieron por mis veintidós años en el AVE. Apenas me llegó para mi mega viaje a Australia y para un par de calcetines.
Bueno, me he pasado un poquito de exagerado. Quizá debería haber dicho “mi mega viaje a Australia, DOS pares de calcetines y unos calzoncillitos. Muy monos, eso sí”.

Pues eso, que no me refiero a navegar por los mares del Sur con el afán de descubrir nuevos horizontes, no. Me gusta el horizonte que diviso.
Me refiero a navegar por las inconmensurables mareas que ofrece internet.

A veces, uno no descubre nuevos horizontes. Qué va. Al contrario.
Descubre mezquindad y cobardía, entre otras cosas. Y eso conlleva una enorme sorpresa que inmediatamente se torna en decepción. Y hasta en cabreo e incomprensión.

¿Os habéis buscado alguna vez en internet por pura y simple curiosidad? ¿No? Pues yo sí lo he hecho en un par de ocasiones. Por aquello de mirar…

La primera vez, tan sólo aparecía mi nombre por tener un perfil abierto en Facebook. Hasta ahí, todo normal. Bien. Pero es que, además, descubrí que mi nombre aparecía en un blog llamado “Los concursos de la tele”. Un blog en el que, debido a mi paso por un concurso de televisión (ya extinguido) en el que hice un estupendo papel, el autor me alababa en una de sus entradas; la correspondiente al programa en el que yo participaba en aquel momento y en el que, además de batir récord de permanencia en antena, me llevé una pastita. ¡Y los de Hacienda otra!

El autor de dicha entrada decía cosas tan bonitas como: “…uno de los mejores concursantes que pasaron por este espacio”. “Tal vez el premio no haya recompensado suficientemente la maestría y el buen hacer de Jesús”. “…siempre le quedará el regusto de haber hecho un papel impecable”. O, “Jesús de Asumendi merece un lugar dentro de nuestro particular rincón de la fama de los concursantes españoles”.

¡Qué bonito! ¿No?

Si. Pero quizá demasiado bonito como para quedarse tan sólo en eso. Porque en los comentarios de los lectores sobre esta entrada pude leer cómo -de manera anónima y demostrando así una inmensa cobardía- alguien que se jactaba de conocerme muy bien me tachaba de (¡oído, cocina!): busca fama, expoliador y engatusador de amigos, imitador de Maquiavelo, graciosito, genialoide, egoísta, pesetero, falso, usurpador y carente de carisma, humildad, sensibilidad y talento. Y algunas que otras lindezas más. Literal.
Si tenéis ganas de perder vuestro tiempo, echad un vistazo. Es digno de leer.
Afortunadamente, otro lector de ese mismo blog, y también de forma anónima, escribe a continuación:
“¡¡¡Qué horror!!! ¿Estás enamorado de él y te ha dado calabazas? Si no, no se explica ese resentimiento…
A mí me pareció ameno, encantador, educado y con sentido del humor. Y lo mas importante, se sale de la vulgaridad a la que la tele nos tiene acostumbrados”.

¡Y sin conocerme de nada! Bueno, o quizá me conocía más…
Un empate como una casa, ¿eh?

¿Me dolió? Pues más que las agresiones verbales me dolió la cobardía de la gente que se esconde tras el anonimato para intentar causar daño. Pero yo siempre pienso lo mismo: no hace daño quien quiere sino quien puede.
Y la cruda realidad (no para mí, claro) es que yo me llevé unos cuantos miles de euritos y este pobre ente anónimo (tengo sospechas de quien puede ser), va a seguir engordando su frustración y sus miserias a costa de intentar hundir al prójimo. Y digo “intentar”, no conseguir, ¿eh? En fin…

La segunda vez que busqué mi nombre en internet ya me vi en Facebook, en los concursos de la tele, en alguna que otra crónica sobre los congresos de la asociación a la que pertenecía como miembro de la junta directiva, en mi blog,… Jesús de Asumendi everywhere!!!

Pero también me llevé una sorpresa bastante desagradable. ¡Cagoen el interné!
Desagradable, triste y enervante.

Y aquí la tenéis. Es la foto que ilustra la entrada de hoy.

En esta esquela aparece Jesús de Asumendi Herce, mi padre, quien falleció en Madrid el 20 de agosto de 1989, hace más de veintiséis años. RIP.

No vayáis a pensar que soy un morboso de cuidado. Ni que me voy a poner sentimentaloide por que el lunes pasado dediqué la publicación a mi madre y hoy quería hacer lo propio con mi padre. No.
Lo único que quiero al publicarla en “LO QUE QUEDA DEL DÍA” es que la leáis, os fijéis y reparéis en ver si existe un pequeño error. Bueno, para ser exactos, existen dos pequeños errores. Como si fuera un pasatiempo de “Descubre las diferencias”.

¿Los habéis encontrado? ¿Seguro? ¿Os rendís?

Bueno, pues los errores se llaman Rosa María de Asumendi (mi hermana a quien ya conocéis) y su seguro servidor. O sea, yo.
¡No aparecemos en ningún rincón de esa esquela! Y no aparecemos porque el o la responsable de semejante afrenta personal ha considerado que eran mucho más importantes que nosotros los cuñados/as, tíos/as, sobrinos/as, primos/as y demás familia. Os y as.
¿Con “demás familia” a qué se refieren, a algunos animales de compañía, por ejemplo? Porque por parentesco, ya no queda ningún lazo familiar por mencionar.
Bien es cierto, que a lo mejor, para quien tuvo a bien publicar esta esquela en el ABC, mi hermana y yo podríamos formar parte de ese nutrido grupo de animales al que se refieren.

¿Es posible que fuera por una simple cuestión económica? Las esquelas son caras y mi hermana y yo tenemos nombres compuestos y apellido con la preposición “de” delante. Demasiadas palabras extra para tener que pagarlas, ¿no?

¿Es posible que un algo sobre humano haya hecho de mi hermana y de mí dos seres absolutamente inexistentes en la vida de mi padre y, por ende, en la de “su” familia? Vaya usted a saber el alcance de los algos sobre humanos…

¿Es posible un ataque de amnesia transitoria en quien decidió publicar en su día esta emotiva esquela? ¡Uf! El tema de la mente humana es tan complicado que uno tiene amnesia cuando menos se lo espera. De hecho, yo me acabo de olvidar del graciosito/a amnésico/a que cometió semejante desliz. ¿Veis cómo es la mente humana?

¿Es posible un desprecio absoluto por todo lo que tenga que ver con mi hermana y conmigo? Porque, en caso de ser así, hago mía la máxima esa de: “La familia me la da Dios y a los amigos los elijo yo”. Y añado, además: ¡Pues joder con la familia que nos ha dado a nosotros! Tela, telita, tela.

Desde aquí quiero expresar mi emotivo agradecimiento a todos los que han hecho posible que mi hermana y yo nos sintamos como el mago Houdini (aquel que desaparecía). O, mejor dicho, que nos sintamos como Chuck Norris: desaparecidos en combate.
Por cierto, ¡qué artistazo ese Chuck Norris!

Podría seguir haciéndome preguntas al respecto pero ya he perdido demasiado tiempo con un tema que a todas luces, más de veintiséis años después, carece de importancia.
Pero claro, con toda la razón, vosotros os preguntareis: “¿y si carece de importancia, por qué le das tantas vueltas?

Primero, porque llevo con mucho orgullo el apellido de mi padre. Aunque las veces que le haya visto en mi vida se puedan contar con los dedos de ambas manos. Me refiero a mis manos, porque con las de mi hermana ya serian demasiados dedos y no ha habido tantos encuentros paterno filiales.

Segundo, porque con un poquito de suerte, el/la responsable de este “olvidillo banal” me lee y se le cae la cara de vergüenza. Y tengo mis sospechas de quién puede ser. Sospechas que casi son certeza. ¡¡¡Temblad, temblad, malditos!!!

Tercero, porque pienso que como hijo legítimo tengo derecho a saberlo. ¿O es que, además de hacernos desaparecer, nos han convertido en ilegítimos? ¡Ay, madre! Y yo sin enterarme y con estos pelos…

Cuarto, y más importante, porque me sale del escroto. Esta razón me ha encantado de toda la vida. Te sirve en cualquier situación. Y yo es que le tengo un respeto y un cariño especial al escroto, oye. ¡Que le tengo yo mucha fe al tema escrotal!

Y quinto, POR PURA Y SIMPLE CURIOSIDAD…

15 Comentarios

  1. Cristina Alises

    Sin palabras.

  2. Tu luchy

    Bueno, en la mía estarás, seguro. Un beso grande.

  3. Inchausti

    Sin palabras a la esquela.
    Y del anónimo q decía conocerte bien…..me encanta aquello de “carente de carisma”….ese te ha visto menos que tú a tu señor padre!!!!
    Un besito, Jesús!!!!!

  4. Pilar

    Increíble que se hagan este tipo de desprecios. Incomprensible. Personas que no merecen la pena. Un besazo

  5. Maria Antonia

    Manda narices la mala leche de la gente, llegar a esto ya me parece miserable, como poco ! Que les den ! Y a tí besitos guapo
    Y piensa que la envidia es muy jodia …..

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Por mi parte, hace años que están dados y bien dados.
      A todo cerdo le llega su San Maetín, María Antonia.
      Besazos.

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      En la mía debe haber más habas que en la huerta murciana. A ver si comenzamos a exportar y nos sacamos un extra…
      Besazos, Ana.

  6. Ana Sáez

    En todas las casas cuecen habas y en algunas…….a calderadas!!!!!

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      En la mía debe haber más habas que en la huerta murciana. A ver si comenzamos a exportar y nos saca,os un extra…
      Besazos, Ana.

  7. Pilar

    Mira, me has dado una idea. Voy a meterme a navegar y buscarme, aunque no creo que encuentre mucho, pero igual me sorprendo.

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