Ese lugar en el que siempre quiero estar

Ese lugar en el que siempre quiero estar

Estábamos, estamos, estaremos juntos.
A pedazos, a ratos, a párpados, a sueños”
Mario Benedetti

¡Hola, amiguit@s!

Yo ya me había cruzado con ella en los interminables pasillos del instituto. Me parecía una mujer muy interesante. Sobre todo, para mí era el máximo exponente de la modernidad. Y ser moderno a finales de los 70 no era moco de pavo.
Ella era una chica de facciones diferentes, por lo exóticas. Era extrovertida, distinguida, distinta, tenía voz radiofónica y parecía estar muy por encima de la media. Y mi media, ya en aquella época, era una media muy elevada.

Nunca tuvimos la oportunidad de dirigirnos la palabra hasta que no fuimos presentados. Incluso cuando ese momento llegó recuerdo haberme quedado en blanco. Siempre he sido un pedazo de gilipollas para esas cosas. Al fin y al cabo, yo era alguien que en aquel instituto y con mi nuevo horario de clases, pasaba desapercibido.

Era mi primer año de clases nocturnas.

Como ya os dije, era mal estudiante y mi llegada al instituto supuso tal relajo vital que al terminar el curso los profesores no tuvieron más remedio que suspenderme y hacerme repetir ese fatídico primero de BUP. (Más majos lo profes…) Bueno, no les guardo rencor. Al contrario.

Como castigo, no me dejaron matricularme nada mas que en las clases nocturnas y para rematar el castigo, me obligaron a francés en vez de a inglés, por falta de plazas.
¡Mon Dieu, je suis perdu. Merde!

Creo que ahí comenzó mi afición por no madrugar y, desde luego, por acostarme tarde. Los buenos hábitos nunca se pierden.

Con los estudios de bachiller en horario nocturno (recuerdo que era de 18:45 a 22:30) me cambiaron muchas cosas. Lo primero, el ritmo de vida. Ahora estudiaba únicamente menos de cuatro horas, lo cual -comparado con la jornada partida de casi ocho- era todo un lujazo.
Además, ya no tenía compañeros de mi edad como S.B. o como Manoli, la del dichoso labio leporino que ya conocéis, la usurpadora.
El bachiller en modo nocturno estaba inventado para todas aquellas personas que por diferentes motivos nunca habían podido estudiar y ahora querían retomar estudios. Bien para conseguir un título o bien para adquirir conocimientos.
Y también estaba inventado para aquellos vagos que debían “sufrirlo” como premio a una trayectoria académica absolutamente descendente, como la mía.
¡Pues bendito sufrimiento!

Cuando llegué el primer día de curso mi principal dilema fue dónde sentarme y, sobre todo, con quién. Para mí, que no tenía ni 15 años todos parecían excesivamente mayores.
Ellas, pintas de secretarias de la Excelentísima Diputación Provincial de Alicante o, en su defecto, recepcionistas de consultas dentales.
Ellos, carteros o representantes.

Y en esa diatriba estaba yo cuando vi una mano agitándose entre la humareda. Una mano con su pitillo correspondiente, claro. Seguíamos pudiendo fumar en las aulas y mi afición por el tabaco no había decrecido a pesar de mi padrastro. Supongo que por llevar la contraria.

-“Ven, siéntate aquí conmigo”

Se llamaba Carmen, sonreía sin cesar, estaba casada (detalle importante porque intuía que no volvería a recibir libros con dedicatorias encubiertas), no parecía pertenecer a la famosa Banda del Mono y tenía un acento murciano que a mí, particularmente, me encantaba. Era (y es) de Águilas, como Paco Rabal. Ya sabéis, el padre de Tere. La de: “Me pongo de pie, me vuelvo a sentar. Porque a los oficios vamos a jugar”.

Así que, con un cuaderno de anillas en una mano, un bolígrafo en la otra (muy surtidito de materiales, en mi línea) y un pitillo en los labios a lo James Dean, me acerqué sonriendo y me senté. ¡Y en primera fila! Mira, eso me jodió un poco, oye…

Nos presentamos ambos con nombres y procedencias y nos dimos toda esa información que consideramos absolutamente relevante cuando conocemos a alguien.
Carmen fue mi compañera hasta final de curso. Nunca tuve problemas. La gente adulta estudiante no los da. Los resuelve.

Un día, en un descanso de los muchos que solíamos hacer entre clase y clase (lo dicho: el nocturno era una bicoca) fuimos a tomar un refresco a la cafetería y en el trayecto Carmen se encontró con ella: ¡la chica con la que tantas y tantas veces me había cruzado yo en el instituto! La interesante y exótica chica a la que nunca me había atrevido a dirigir la palabra.

– “Lucía, Jesús. Jesús, Lucía”, dijo Carmen toda protocolaria.

Yo, simplemente, dije:
-“Hola”.
Pero aproveché para cascar dos besitos. De los castos, sin mojar mejilla. Qué guapa y qué exótica. ¡Y qué moderna era!

Y a eso se limitó toda mi charla con ella. Lo dicho: un gilipollas.
O sea, que llevo desde principio de curso sentado con alguien al azar. Que ese alguien conoce a la chica a quien yo quiero conocer. Que pasan unos meses hasta que me la presenta, ¿y yo digo “hola”? ¿sin más?

Perdón, UN GILIPOLLAS con mayúsculas. Así, sí.

El tiempo voló -aunque no recuerdo cuánto- hasta que volví a encontrarme con ella. Se acercaba la Semana Santa…

Yo, al contrario que los chicos (hombretones) de mi clase, no iba al lavabo masculino. Era mucho más cómodo ir al de las chicas que estaba justo en el ala donde se encontraba mi aula. Salía de clase y en tres segundos ya tenía la cola fuera. ¡Y en mi cabinita con puerta y pestillo! A mí eso de mear en las paredes mientras te cae rollo Niágara no me ha gustado nunca.

Meto cola, tiro de la cadena, abro la puerta y…
¡¡¡Allí estaba ella!!! Arreglándose su pelo de permanente y retocándose su maquillaje. ¡Maravillosa!

-“Hola”, me dijo ella con toda la naturalidad del mundo, siendo la precursora de los lavabos unisex.

-“Hola”, contesté yo sonriendo mientras avanzaba hacia el lavabo con intención de lavarme las manos. No lo solía hacer ni lo hago nunca pero algo tenía que inventar para poder hablar un ratito con ella. Y como no procedía cascarle otros dos besos…

(Por cierto, podéis llamarme cerdo que me da absolutamente igual porque siempre la tengo muy limpia y la enchufo de maravilla. Si no me lavo las manos cuando me toco la oreja o la rodilla, ¿por qué me las tendría que lavar cuando me toco la cola?. Nunca lo he entendido).

Y ahí recuerdo que estuve “sembrao”. Nunca he tardado tanto en lavarme las manos.

-“¿Te vas de vacaciones esta Semana Santa?, pregunté yo súper interesado.

-“Sí, a Palma de Mallorca”.

¡¡¡No me lo podía creer!!!

-“Yo también voy a Palma. ¿Cuándo te vas?, volví a preguntar.

-“El miércoles”, contestó ella.

-“¡Anda, como yo! Qué bien. ¿Y cómo vas, en barco o en avión?” Esto ya comenzaba a ser un interrogatorio de la Interpol. Y mientras mis dedos como garbanzos con tanto lavatorio…

-“En barco, a las doce de la noche. Llego allí tempranito, para aprovechar”, respondió.

-“Jo, en el mismo que yo. Qué casualidad…”.

Y ahí comenzó todo.
Hoy, treinta y tantos años después sigo haciendo pis delante de ella. Pero ya no me meto en las cabinas.

Y ella hoy ya no es sólo la mujer interesante, extrovertida, distinta, distinguida, moderna, de facciones exóticas y voz de radio que conocí hace tantos años. No.

Ella es quien me trajo a mi primera ahijada.
Ella es mi 50%.
Ella es mi confidente, mi confesora, mi eje, mi guía, mi perfecta esposa (si algún día me casara), mi tranquilidad y, sobre todo, mi GRAN AMIGA. Con quien siempre he ido, voy e iré de la mano

Como ella misma dijo un día de mí: “Es ese lugar en el que siempre quiero estar”.
¡Qué definición tan bonita!

Queridos amiguit@s: ella es Lucía Hadjís Vélez.
Ella es mi Luchy.
Siempre de la mano…

44 Comentarios

  1. Lara Cobos

    Como siempre…me encanta!!!

  2. Raquel

    Precioso Jesús. Luchi sécate la lágrima que te conozco….
    Besos a los dos.
    Raquel (la Matas)

  3. Paloma

    Esa Luci cómo mola, se merece una olaaaaa!!!! Y tú, Jesús, como diría ella (se que me deja), “para comerte enterito!!!”
    Voy al sonarme los mocos que yo talmente estoy llorando…

  4. tu Luchy

    Jesús, luego te achucho, te como, te… Me has hecho llorar como una tonta. Siempre serás el mejor paisaje, cariño. Si te quiero más reviento.

  5. Arturo

    Preciosa AMISTAD( en mayúsculas) de dos personas maravillosas. Y es que luchy es mucha luchy.

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Mi Altu! Que tú hables de personas maravillosas… ¿Qué te voy a decir? Ah! Si. Que te vayas preparando que estás al caer. Y como me llores te los corto.
      Y los huevos también…
      Mi Luchy es mucha Luchy y mi Altu es mucho Altu. ¡Tengo una suerte!
      T’adoro…

  6. Chris

    La amistad que teneis es tan especial y única como vosotros dos. Qué bonito, Jesus haberle dedicado una entrada de tu blog a Luchy. Si no la conociera (otro honor en mi haber) me darían ganas de hacerlo al haber leído tus palabras. Como siempre, genial. ☺️

  7. Fernando

    No se como llamarte, cabronazo (que no cabrón), tocaalmas, tonto (el diferente a gilipollas). Eso se lo digo a las personas que me tocan las entrañas como siempre haces, pero hoy especialmente. Sabes lo que siento por ella, por nuestra Luci (permiteme que lo diga asi), treinta años más tarde que tu, pero da igual. La verdad es que no puedo seguir…que hartón a llorar!!!! Buffff….

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Fernando, esta noche te lo leo. No me pierdo verte llorar por nada del mundo. Me encanta que sepas que los hombres SÍ lloramos. Y parece que en nuestro caso, la lágrima es facilona.
      Llámame como quieras, pero no te olvides de llamarme.
      Besazo.

  8. Claudia

    Maravilloso relato de Luchy, yo gracias a Dios tengo la suerte de conocerla, trabajar con ella, reírme a más no poder, sobre todo cuando se pone un casco de mito, jajaja. En fin esa es la Luchy. Te felicito Jesús de Asumiendo por un relato tan bonito.

  9. Noemí

    Me ha emocionado muchísimo!!!alguna lágrima se ha escapado!gracias por tanto divertimento!aunque lejos así te siento más cerca!muack

  10. Chema Detodalavida

    Que suerte he tenido al conoceros a “ambos dos”. Os adoro

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Chema, suerte la nuestra. A los que somos así, el destino ya se encarga de juntarnos. Yo también te adoro. Y la Luchy, ni te cuento…

  11. Rosa de Asumendi Aleman

    Maravillosa amistad la que tenéis y me consta que para siempre. No todo el mundo puede decir lo mismo. Besos a los dos

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      No todo el mundo puede, es verdad. ¡Y qué pena! Porque todos, en algún momento de sus vidas deberían decirlo.
      Besazos para tí, hermanica.

  12. Rosana

    Tremendo siempre tremendo

  13. Rocio Lacaci

    Todo el mundo debería tener una Luchy en su vida…..teneis mucha suerte los dos de teneros….

  14. El De Asumendi ese
    El De Asumendi ese

    Pues sí, Rocio. No te haces una idea…
    Ese debería ser el eslógan: “Ponga una Luchy en su vida”.
    Muchas gracias, bellísima.

  15. Beatriz

    Jo, pues yo me he quedado con ganas de saber cómo sigue la historia,,, al menos un poco más…

  16. El De Asumendi ese
    El De Asumendi ese

    Yo te cuento a tí todo lo que tú quieras. ¡Y en riguroso directo! ¡Hombre ya!

  17. Pilar

    Preciosa historia, como siempre Jesús, me encanta. Besos.

  18. Laura

    Tengo la suerte de estar aquí, contigo, gracias a tu Luchy. Poco más te puedo decir…
    Un beso.

  19. Pilar

    Mira tu, no me imaginaba que en una época no hablaras. Jaaaa

  20. Conchia Matari

    Me ha encantado Jesús, a traves de ella te conozco a ti. Comparto la suerte de tenerla cerca. Besos

  21. Marisa Tamargo

    Me encantaaaaaa!!!
    También te llevabas bocatas inmensos para el recreo? Jajaja …. un besote

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      No, Marisa. Esa ha sido una costumbre que adquirí en mi madurez.
      En aquella época tenía unos horarios normales…
      ¡Te como a tí en el recreo!

  22. ezequiel

    Sois dos personas extraordinarias. Un besote para ambos.

  23. Que genial, hoy me he puesto al dia, ha sido al leer esta história como cuando al final de una pelicula, descubres que el personaje misterioso, era alguien que ya conocias de antes! Lucia era Luchy! Uoooooooh toda la sala con la boca abierta cuando Lucia aparta su melena de la cara y aparece Luchy! 🙂
    Sigue escribiendo, te disfruto mucho.

  24. Pat

    Ainsss, quién fuera Luchy!
    Para tenerte tan cerca..

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