Reflexiones dominicales | Lo que queda del dia | Blog de Jesús de Asumendi

Reflexiones dominicales

¡Hola, amiguit@s!

Cuando hace unos meses publiqué en mi muro una conversación que tuve con un muchacho germano turco que vino a cenar a casa, alguien me preguntó (y se preguntó) el por qué de invitar a cenar a mi casa a gente tan poco interesante.

¿Recordáis la noche de la tortilla, de Greta Garbo, de Tarkán, de Mozart y de Johnny Weissmuller? ¡Pues a esa me refiero!

Venga, reproduzco literalmente:

” Yo: (por hablar de algo) ¿Te gusta  Greta Garbo?.

  • Él: (parece que ofendido por la pregunta e intentando ofender con el manido temita de la edad) Soy demasiado joven para conocer a esa señora.
  • Yo: (jodiendo) O sea, que de Mozart ni hablamos.
  • Él: (ya jodido) No se pueden comparar.
  • Yo: Claro. No se pueden porque no te gustará el cine.
  • Él: (más jodido) ¿Conoces a Tarkan?
  • Yo: (que acabo de mirar en internet quién es ese personajillo y resulta ser un cantante conocido en Turquía y Alemania, claro) ¿Te refieres a Tarkan de los monos? (Con toda mi retranca, que la comparación de la Garbo con ese muchacho cantor desconocido me ha parecido deleznable).
  • Él: No sabes nada.
  • Yo: (tragando tortilla) Se llamaba Johnny Weissmuller en realidad. (Yo a lo mío…)

Y como dirían las modernas, creo que se ha chinao.

¡Más mono!

Resumen: los huéspedes y la pesca…”
No se trata de que sean o no interesantes. Ni de que escriban mejor o peor. Pero -¡por Dios!- que escriban bien.

Se trata de saber entenderlos. ¡Pero es que yo no puedo! ¿O no quiero?

Como dijo Carmen Maura en “Mujeres al borde de un ataque de nervios”: “Es más fácil saber de mecánica que de psicología másculina”.

Aunque yo no creo estar de acuerdo con la Maura.

Lo nuestro no es una cuestión de psicología sino de claridad de ideas y de saber expresarlas. Y los tíos de hoy andamos un poco confundidos en esto de expresar ideas. Sobre todo, si esas ideas tienen que ver con los sentimientos. Además, contamos con la dificultad añadida de no saber qué coño queremos. Porque si lo sabemos, ¿a qué se debe esta manía de expresar siempre justamente todo lo contrario? Inexplicable e inadmisible, al menos por mi parte.

“Mariconeo. Ese gran desconocido”, “El maravilloso mundo del mariquitismo y sus misteriosos moradores”. “Máma, ¿soy nerviosa? Ocúltaselo al pápa”, “¿Semos los bujarras terroristas emocionales?”, “MentirosOs compulsivAs” y “Conmigo has dado, bonita. A la próxima, ¡t’arrastro!” son los títulos de los seis volúmenes de una enciclopedia de auto ayuda que cualquiera de nosotros debería tener a la vista de todos y muy a mano en algún lugar de su casa. A mí me son de gran utilidad para llegar a entender muchas cosas. Yo terminé comprándomela. Además, con cada tomo de la enciclopedia aportas 50 céntimos a una buena causa. Te permiten elegir entre la construcción del hogar de la vedette retirada o la investigación del mamoneo mariconil. Yo opté por lo del hogar de la vedette. Lo otro ya no tiene solución aparente.

Comprendo que soy un poco chinche, es verdad. Pero me estoy reformando. Y sino, mirad esta conversación de hace unos días que mantuve con un muchacho vía whatsapp:

 

” Él: Estaré en tu casa sobre las 6 y 20.

Yo: Perfecto.

  • Él: Salgo ahora del trabajo. Ay medias o así estoy ay.
  • Yo: (tragando muchísima saliva) Perfecto. ¡Cuánto “ay”!
  • Él: Más o menos 20 minutos.
  • Yo: ¡jajajaja! No, hombre. Me refería a qué cantidad de “ay”.
  • Yo: Nada, que luego te lo explico.”

 

Pero no le expliqué nada. En primer lugar, porque -como os digo- me estoy reformando. En segundo porque no vino. Y creo que he invertido el orden. Vamos, que aunque hubiera querido decírselo… ¡No vino!

Bueno, sea como fuere, no pensaba decir nada porque -INSISTO- me estoy quitando de decir. No me quito de fumar pero me quito de decir porque gano en salud mental y en tranquilidad emocional.

Cuando comenté privadamente con algunos de mis amigos esta conversación mantenida, me dijeron: “¡Si es que no sabes elegir!”.

Pero yo no creo que sea eso, no. Creo que los que no tienen ni puta idea de elegir son ellos.

 

Puede que ellos sepan cómo mentirme, o cómo tomarme el pelo. Puede que incluso sepan cómo decirme todas las cosas que piensan que necesito oír o leer. Y hasta puede que alguno sepa disimular a priori su extrema mediocridad y su estupidez.

Pero lo que no saben de ninguna manera es elegir. Al menos, no saben elegirme a mi.

¿No tengo abuela? Pues no, es cierto. No la tengo. Tuve “abuelastra”, pero intuyo que no cuenta.

 

Con los volúmenes de la enciclopedia antes mencionada, te regalan una escoba si es que decides pagarla al contado. En el folleto se llama “La escoba mágica”, porque barre toda la bazofia que un día decide entrar en tu vida con calzador (aún perturbando tu bienestar y tu paz interior) y aniquila a todos los que se intentan despojar de semejante cantidad de basura como si fueras un simple cubo gigantesco.

Definitivamente, es mágica. Acaba con todos. ¡Es fascinante mi escoba!

Me fascina a mí, digo. A ellos no. Ellos se ofenden cuando les explicas tus razones para hacer uso de ella. Entonces, intentan darle la vuelta a la tortilla. Tiran de nuevo de milongas. Te bloquean o te ignoran en las redes sociales, whatsapps y demás app’s. Y desaparecen de tu vida súper humillados, haciéndote creer que te estás equivocando, que eres un tío mierda y que no los sabes valorar en su justa medida. Que yo me pregunto a qué justicia se refieren y de qué medida hablan.

Lo de la medida, lo intuyo. Pero no es la medida que yo necesito ni que yo valoro.

Mi lista de supuestamente damnificados es tan larga que me temo que no terminaría de escribir tantos nombres y apellidos en una semana. Y digo “supuestamente damnificados” porque de haber algún damnificado, ese soy yo.

A pesar de todo, sigo siendo inmensamente feliz.

No siento pena por mi situación de soltería, no. Siento pena -y mucha- por ellos. Porque no son capaces de plantearse lo mucho que se han perdido.

Y son aún mucho menos capaces de asumir su cobardia, su miseria y su mediocridad.

 

NOTA DEL AUTOR: Os estaréis preguntando: “¿Qué cojones le ha pasado a este para que nos meta semejante rollo?”, “Jesús, cielo, ¿estás bien?”.

Pues si, estoy bien y no me ha pasado nada de nada. Hace tiempo que no me pasa, así que no os preocupéis.

Sencillamente, me gusta reflexionar los domingos por la tarde y llegar a la conclusión de que todos los tíos tenemos un trago.

Algunos, la minoría, tenemos un trago dulce con sabor a miel.

Otros, la inmensa mayoría, lo tienen muy amargo y sabe a hiel.

 

¡Hay que ver lo mucho que cambia la frase con una letra!

 

Hasta la semana que viene, amiguit@s.

6 Comentarios

  1. Tan sincero como siempre….espero no estar en esa lista jajaja. Ánimo (ya sabes)

  2. Cristina Alises

    Olé tú y tus reflexiones! Besos!!

  3. Maria Antonia

    Yo quiero una de esas escobas ! Hay muchos/as que sobran ! Y tienes razon, ellos se lo pierden. Mientras sigas siendo feliz que le den al mundo ! ( todo, todo el mundo no eh ? ) besos de los de restallu y abrazos de los que abrigan y todo, guapo ! 🙂

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      María Antonia, un buen aspirador también los hace desaparecer. Un día nos ponemos tú y yo y saneamos la vida, en general.
      Besos y abrazos para ti.

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