Sin Goyas no hay paraíso | Lo que queda del día | Blog de Jesús de Asumendi

Sin Goyas no hay paraíso

Hola, amiguit@s.

Febrero es al cine como diciembre a la Navidad o mayo a María.
En febrero llegan los premios dedicados a los profesionales del medio. Ya se entregaron los Globos de Oro el mes pasado pero eso no hizo más que abrir la temporada.
El próximo día 12 se entregan los Bafta británicos y los Cesar franceses el día 24. El 25, los americanos -cómo no- otorgan los premios Razzie a lo peor de la temporada, así como los Independent Spirit. Y el día 26 (aunque en España se retransmite en la madrugada del 27) los codiciados premios Óscar. ¿Es o no es un mes de cine? Mejor dicho, ¿es o no es un mes de premios de cine?


Antes de ayer nos tocó a nosotros. Por fin los españoles somos los primeros en algo, aunque sea en entregar premios. Y el sábado fue el turno de los premios Goya. Así que ahí estaba yo como un clavo a las diez de la noche frente a mi televisor para disfrutar de una ceremonia que -a pesar de todo- a mí me sigue encantando.

Y antes de hablaros de la ceremonia de ayer, voy a presentaros a los Goya.

Los Goya nacen simultáneamente con la creación de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de España, allá por el siglo pasado, en el año 1985. Concretamente, el 8 de enero, fecha en la que se presenta la inscripción en el ministerio correspondiente. Esta inscripción es aceptada por dicho ministerio veintiún días más tarde y el 3 de febrero se presenta oficialmente. La fundación de esta Academia trae consigo la concesión de unos premios que reconozcan a los mejores en los diferentes campos, seleccionados mediante un proceso de votación interna por los diferentes miembros de la Academia.
En un principio, se pensó en un espectáculo “bien planteado y dinámico”. ¡Qué pocas veces lo han cumplido!

La primera entrega de estos premios tiene lugar el 16 de marzo de 1987 en el cine López de Vega de Madrid y es todo un acontecimiento.

La estatuilla escogida por la academia como trofeo fue una escultura con la cabeza del pintor aragonés, de ahí el nombre del premio: Goya. Nombre tan poco cinematográfico como el de Oscar, pero los españoles somos así. ¿No hubiese sido más lógico otorgar los Buñuel en homenaje a nuestro primer director más premiado e internacional? Bueno, menos mal que no se decidieron por los Velázquez. Ni por los Dalí, ni los Picasso. No alcanzo a imaginar cómo habría sido la estatuilla…

El Goya inicial fue diseñado por el escultor Miguel Berrocal y pesaba más de seis kilos. Súper cómodo de recibir, rollo bombona de butano. Contenía en su interior un artilugio que permitía que de la cabeza del busto saliese una cámara de cine, con la forma del mapa de España por un lado y la Dama de Elche por el otro. Y no, no es una de mis coñas. Podéis verlo en la foto que ilustra esta entrada. ¡Tela!
Por supuesto, años después se modificó debido al elevado número de críticas negativas recibidas. El que actualmente se entrega (el de abajo de los dos de la imágen) fue diseñado por José Luis Fernández y, afortunadamente, ha reducido su peso en bastantes kilos.

Desde 1987 se ha venido celebrando la ceremonia ininterrumpidamente, siempre en diferentes recintos de la capital. Salvo en el año 2000, en que la Academia decide otorgar sus premios de cine en Barcelona. Año en el que triunfa el siempre ninguneado Almodóvar con”Todo sobre mi madre”.

Ha contado con diferentes presentadores, desde el actor Fernando Rey que fue el primero hasta el humorista/actor Dani Rovira, pasando por Rosa María Sardá (genial), Eva Hache (fabulosa), Carmen Machi (estupenda), Antonia San Juan (divertidísima), José Corbacho (bien), Manel Fuentes (su cara no sonó) o Andreu Buenafuente (fantástico).

El número de categorías ha ido variando desde el inicio. En su primera edición se otorgaron quince diferentes Goya. El sábado -si incluimos el honorífico a Ana Belén- veintinueve.

Existen muchos récords en la historia de estos premios.
Verónica Forqué ostentaba dos de esos récords hasta esta última ceremonia, ya que Emma Suárez le arrebató el privilegio de haber acaparado dos premios de interpretación en la misma gala.
Aún sigue ostentando otro: tener cuatro Goya de interpretación. Récord que comparte con una de mis actrices favoritas, Carmen Maura, aunque esta última tenga tres como mejor actriz principal y la Forqué sólo dos.

La película que más premios ha acaparado es “Mar adentro”, de Alejandro Amenábar. Nada menos que catorce. Le sigue “¡Ay, Carmela!”, de Carlos Saura, con trece.
La película con más nominaciones en la historia de estos premios es “Días contados”, de Imanol Uribe, ¡diecinueve! Aunque bien es cierto que -curiosamente- dos de sus actrices estaban nominadas por partida doble en dos diferentes categorías. O sea, serían sólo diecisiete.
Y el récord estaría en manos de “La niña de tus ojos” de Fernando Trueba y de “Blancanieves”, de Pablo Berger, ambas con dieciocho nominaciones.

La película con más nominaciones que se fue de vacío: “Átame”, de Pedro Almodóvar. Quince nominaciones y ningún premio. ¡Eso es ninguenar! ¿O no?

Los directores con más premios al mejor director (no cuentan sus guiones): Alejandro Amenábar y Fernando León de Aranoa. Tres cada uno, uno de ellos al mejor director novel.

Actor más premiado: Javier Bardem, con cinco cabezones. Cuatro como mejor actor y uno como secundario.

La única intérprete que cuenta con los tres premios de interpretación (principal, secundaria y revelación): Laia Marull.

El profesional que cuenta con mayor número de premios en diferentes categorías: Fernando Trueba, con nueve. Dos como director, otros dos como guionista, uno por documental, otro por largometraje de animación y tres más como productor de las películas ganadoras en las ediciones correspondientes. Aunque no es quien más premios tiene. Ese honor le pertenece al compositor Alberto Iglesias, que cuenta con diez de una misma categoría: banda sonora.

El actor más veces nominado: Eduard Fernández, con diez candidaturas (incluida la del sábado).
La actriz con más nominaciones: Maribel Verdú, con diez también.

Los actores más jóvenes nominados son los son niños de “Los otros”, de Alejandro Amenábar. La niña con once años y el niño con siete.
Los actores más longevos nominados son Manuel Aleixandre, con ochenta y ocho años por “Elsa y Fred” y Antonia Guzmán (abuela del director y actor Daniel Guzmán) con ¡noventa y tres!, por “A cambio de nada”.

La gala del sábado pasó sin contratiempos. No duró más de tres horas. Si dividimos los ciento ochenta minutos de duración entre los veintinueve premios que se concedieron, la media es de aproximadamente seis minutos por categoría. Afortunadamente, el director de la orquesta allí presente, (con abrigo rollo “Matrix” incorporado. Muy cinematográfico), comenzaba a dar órdenes de ejecutar un sonido parecido al de un metrónomo que acallaba todas aquellas bocas que querían agradecer hasta a su vecina de enfrente. ¡Menos mal!

Para mí, lo mejor de la gala fue -sin duda- Dani Rovira. Acertado, ágil y muy divertido en algunos de sus discursos y de su presentación.

Lo peor -también sin duda- el ESPANTOSO número musical a cargo de la actriz Manuela Vellés (¿se puede tener menos gracia cantando y bailando?) y del actor Adrián Lastra (¿se puede ser más histriónico cantando e interpretando?). Con lo bien que iba la gala y nos tienen que meter -con calzador- semejante truñaco. Incomprensible. ¿Para qué nos metemos a faroleros? Si ya ha quedado demostrado que los números musicales no los prepara nadie como los preparan los americanos. Ellos son los creadores del musical. ¿O no?
¡Qué letra la del sábado, qué melodía la del sábado y qué horror el del sábado!

Las más elegantes, en mi modesta opinión de poco entendido en moda, fueron:
Ana Belén, con su fantástico Jesús del Pozo. Leonor Watling, con su Alberta Ferretti. Y Amaia Salamanca con su impresionante vestido negro de ¡Pronovias! ¿La novia vestía de negro o era un homenaje cinematográfico a la película de Truffaut del mismo título? Sea como fuere, iba espectacular. Aunque sin enseñar tetas no haya paraíso…

Los grandes triunfadores de la noche fueron cuatro: Emma Suárez con sus dos Goya de interpretación (el único representando a Almodóvar y a su soporífera “Julieta”). El monstruo de Bayona que se alzó con nueve cabezas de las doce a las que optaba, Raúl Arévalo y su debut tras la cámara en “Tarde para la ira”, (excelente film) ganador de cuatro de los once premios a los que optaba, pero cuatro importantes: Pelicula, director novel, actor secundario y guión original.
Y la gran triunfadora: Ana Belén, premio honorífico a toda su carrera. No solo iba espectacularmente vestida (como ya os he dicho) sino que su discurso fue claro, aunque no conciso. (¡Qué cantidad de folios!). Y no tuvo que poner de nuevo la cara de “mierda, cagao, culo. No me lo he llevao”.
Desde luego, su discurso fue mucho más claro que el de la presidenta de la academia, Ivonne Blake, la diseñadora británica nacionalizada española. Es lo que tiene el acento de Manchester…

Y no es por seguir ninguneando a Almodóvar, pero de las cinco películas que optaban al premio importante de la noche, la que menos me ha gustado es la suya. Las demás, me han parecido fabulosa todas. En fin, esperaremos su siguiente trabajo a ver qué se cuece.

Yo ya me estoy preparando las palomitas para la gala del próximo año.

¡Feliz semana, amiguit@s!

6 Comentarios

  1. Cristina Alises

    Me encanta tu crónica! Estoy de acuerdo con tu crítica sobre el vestuario de las señoras, aunque de los señores no dices nada, y eso que el abanico de colores fue amplio. Sobre la gala, me la perdí. A propósito, por supuesto. A mi, estás cosas, como que no. Prefiero leer, o cocinar, o, que carajos, dormir!!.
    Sobre todo leerte a tí, que ya me tenías preocupada esperando tu entrada!!
    Besos, guapo.

  2. Yo me la tragué enterita y me gustó, me pareció bastante ecuánime y me mantuvo despierto que ya es algo. ¡Buena crónica vive Dios!

  3. luisa

    Yo tambien la vi entera y lo que menos me gustó fue el musical, si se tienen que ganar seos dos la vida con eso, v an de culo

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