Sweden, twelve points | Sueco | Lo que queda del dia
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Sweden, twelve points! (Parte I)

¡Hola, amiguit@s!

He decidido añadir el sueco como idioma a mi curriculum. Viste mucho. Y como en este país no lo habla ni Blas, escrito sobre el papel queda que te cagas.
Nadie, salvo que pretendas trabajar para algún súbdito de Carlos Gustavo, te va a examinar de sueco en cualquier entrevista de trabajo porque ni el Tato -salvo los propios suecos o descendientes de suecos- habla sueco. ¿Me explico con claridad meridiana?

Cuando estuve hace un par de años en Malmö por el temita eurovisivo, conocí a una muchacha muy sueca llamada Ingegärd. Como veis, un nombre súper sencillo, aunque no tan sencillo como su pronunciación. ¡Qué pena de audio para poder haceros disfrutar de semejante sonido!

Ella balbuceaba un poquito de castellano en aquella época. Había llegado a la conclusión de que España era el país en el que quería pasar el resto de su vida. Por su sol (automáticamente le hablé de los protectores solares de Lancaster con factor 500), por su gastronomía (“gaspacho y pallella mucho rico”), por su flamenquito (¿esta palabra siempre ha de ser dicha en diminutivo? No lo entiendo, de verdad. Y ella la decía a las mil maravillas. Pero nadie dice jazzito, ni rockito, ni siquiera clasiquita) y por su gente. Bueno, más concretamente por sus hombres: “A mí gustas hombre macho Espania. Bonitos, morenos e fuertes”, me dijo cuando averiguó que yo era español. Claro, no tuve por menos que sonreir. Sin comentarios porque hay de todo. Como en la viña del Señor y como en Viña del Mar (Chile). Vamos, que puestos a cocer habas, en todos los sitios. ¿O no?

Me costaba Dios y ayuda lograr entender a Inga, que es como me dijo que era el diminutivo de su nombre. ¡Menos mal!.
Pero me contó que tenía un puestazo en una multinacional y que había pedido su traslado a Madrid, donde quería comenzar su nueva vida. Y para ello se estaba preparando con algunas horas semanales de clases de español.

Inga es una sueca cañón, tipo Miss Estocolmo pero en cercano. Más alta que yo, más rubia que yo, más blanca que yo y más de todo que yo. O sea, mucho más zorra también. Vamos, que yo creo que lo del sol, el flamenquito y la gastronomía es todo un aderezo para esconder su verdadera afición: calzarse a todo bicho viviente “bonito, moreno e fuerte”. ¡Anda que no con la sueca!

Desde que conocí a Inga ella ha seguido estudiando castellano y ahora es una verdadera cotorra sueca. Te lo habla todo. Mal pero te lo habla. Eso sí, no puede disimular su fuerte acento. Le sucede como a la Garbo cuando pasó del cine mudo al sonoro.

– “Dígame”, contesté yo al teléfono el martes, cuando me las prometía muy felices y tranquilitas tras los acontecimientos en la López Ibor del día anterior.

– “Hesús. Aquí Ingegärd”, creí entenderle a ella.

– “¿Cómorrrrrrl?”, preguntamos Chiquito y yo al unísono, en una sola voz.

– “Soy Inga. ¿Tú recuerdes? Malmö, pasar tiempo. Yo Madrid, instalar. Espania gustas”, me jodió ella con el jeroglífico.

Y después del macro acertijo que supuso toda la conversación (porque es da las que se empeña en terminar las frases aunque tú le anticipes lo que sabes que quiere decir) me preguntó:

– “¿Cenar rico juntos a mi casa? Yo cocinas. Yo vive La Látina. Yo gustas La Látina”, continúa ella con los malditos acertijos.

– “¡La Latina! Llana, Inga, bonita”, contesté yo que no paso una, oye.

– “¿Qué llana? ¿La Plana? ¿Castillón?”. ¡Ay, qué espesor de mujer!

– “¡Nada, Inga, guapa!”, resoplo yo que me caliento como una vitro de inducción Teka, en cero coma.

Por cierto, ¿esta expresión de “cero coma” nunca tiene un fín? ¿Cero coma, qué? Prosigo…

Así que, le digo que me pase la hora y la dirección por Whatsapp para no terminar en Usera.
Si, amiguit@s. A las seis de la tarde me citó. “De cenar a las siete”, me dijo. Vamos, que ella salió de Malmö pero Malmö de ella aun no ha salido. ¡Qué nórdico todo!
Pero una cena siempre es una cena. Y cuando se está en el paro, por el precio de dos billetes de metro zampas como una lima.

Y allí estaba como un clavo. A las seis en punto de la tarde. Rollo Federico García Lorca pero con una hora de más…

(ver continuación: Sweden, twelve points!)

11 Comentarios

  1. Tu Luchy

    Y hay que esperar al jueves?????? joderrrr Beso, rey

  2. Como siempre genial,,,,muero por saber de la magnífica cena y compañía sueca

  3. Raquel

    Impaciente por tú relato.
    Mi cuñada sueca es tremenda, ella q parece o ser calladita o “hacerse la sueca”, de repente te salta cada una q da miedito.
    Un beso Jesús.

  4. Lara Cobos

    Qué ganas de leer la continuación!!

  5. José Ferraz

    1 semana de tortura esperando….

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