Tiempos muertos con el jefe y la señorita Charo | Lo que queda del dia

Tiempos muertos con el jefe y la señorita Charo

¡Hola, amiguit@s!

El pasado 26 de marzo, o sea, hace ya más de diez meses, yo publiqué una de mis anécdotas vitales. De esas que cuento porque no puedo creer que me hayan pasado a mí y necesito compartirlas.

La titulé “Grandes relatos de ayer, de hoy y de siempre”.

Todavía no había inaugurado este blog. Así que, como muchos de vosotros aún ni me conocíais no tuvísteis la oportunidad de leerla. Este es el motivo por el que me tomo la libertad de hacer un “recorta, pega y colorea” en toda regla para poneros en antecedentes acerca de lo que os quiero contar.

Respecto a los que ya la leísteis, paciencia. ¡Que son cuatro líneas, hombre!

Ahí va…

“Hoy -para mis estándares- madrugo. A las nueve de la mañana. Me sienta como un tiro pero tengo cita con el alergólogo y debo acudir porque, supuestamente, me van a hacer unas pruebas. Los tratamientos antibióticos se me están haciendo ya muy cuesta arriba, sobre todo a mi médico de cabecera.

Tras una larga espera de más de una hora (ahora entiendo por qué nos hacen madrugar: para terminar a la hora de la merienda) paso al despacho del jefe del departamento. No, no era consulta. Es despacho. Un despacho en el que apenas quepo porque tiene doscientos cuarenta y tres títulos de medicina enmarcados y colgados en esas cuatro paredes. Y otras tantas acreditaciones (de esas con cinta pa colgar al cuello) colocadas en chinchetas insertadas en paneles de corcho.

Su uniforme me suena. No va de bata blanca como yo esperaba. Lleva pantalón gris marengo, camisa blanca Inmaculada Concepción, corbata granate y americana azul marino. (¿Dónde diablos he visto yo antes ese uniforme? ¡Ah, ya! En los pasajeros de la clase club del AVE, en estos últimos veintidós años…)

– “Cuénteme”, me dice.

Y yo, entregándole mi tarjetita de alergias del año 94 del siglo pasado, o sea, de rabiosa actualidad, contesto:

– “Pues nada, que soy alérgico a los antibióticos y mi doctora ha solicitado unas nuevas pruebas”.

– “¿Y cómo lo sabe?, pregunta él.

– “Porque me lo han dicho ustedes y porque cuando en el año 90 o así me tomé un Clamoxil, me dio un jamacuco finísimo”, contesto mientras noto cómo se me arquea mi ceja izquierda. ¡Que lo noto yo! Que se me sube y se me viene…

Silencio sepulcral.

Entonces, imprime un papel y me lo da para que lo lea. En ese papel me informa de los terribles riesgos que entrañan estas pruebas, de los nuevos finísimos jamacucos que puedo volver a sufrir (porque él está convencido de que los voy a volver a sufrir) y de las horas de espera que acarrean cada una de las múltiples sesiones.

Me fascina el panorama.

Con las mismas, y con la cara de Josele Román en “Trailer para amantes de lo prohibido”, de Pedro Almodóvar, le digo (ya levantándome):

– “Pues muchas gracias. Por todo”. Y en la palabra “TODO” hago mucho hincapié y pongo la boquita muy redondita, como Josele Román.

Y me voy. Y salgo del edificio. Y me encamino hacia el metro, sin importarme que sea de pobres. Y en ese momento percibo que viene hacia mi ojo izquierdo un abejorro kamikaze. Un abejorro del tamaño “helicóptero de los servicios especiales de salvamento marítimo”.

Pero yo soy más hábil. ¡Lo esquivo! Consigo hacer un quiebro. Me retuerzo. Mi hombro derecho casi toca el pavimento. ¡Me vengo arriba y me siento como en “Matrix Reloaded”!. Y me incorporo. Y además, sonrío. Con esa sonrisa que denota un espantoso sentido del ridículo…

Muy digno y ya recompuesto, continúo andando como Nadia Comaneci. Con esa altivez con la que terminaba los ejercicios con los que arrampló con todas las medallas de oro en aquellos Juegos Olímpicos.

De las dos señoronas del barrio de Moncloa que vienen hacia mí en la misma dirección en la que venia el abejorro y que NO se han perdido un segundo de semejante proeza gimnástica, justo cuando se cruzan conmigo, le dice una a la otra mientras me mira a los ojos:

– “Hay que ver qué malo es el alcohol!”.

Ahora, mi cara es de Muppet.

¡¡¡Será japuta, la muy zorra!!! Yo creí que me iban a dar las dos un 10, al menos en ejecución y en técnica.

Definitivamente, hoy ya no salgo mas…”.

Bueno, pues hasta ahí todo bien, ¿no? Dentro de lo que cabe, una anécdota de las mías.
Salvo por la terrible perdida de tiempo que supuso esa visita y la pérdida de estribos con esas dos señoronas. (No sé vosotros, pero yo prefiero perder los estribos que el tiempo).
Luego retomo esta historieta. Tened paciencia.

En otro orden de cosas, desde octubre o noviembre del año pasado (en realidad no lo recuerdo con exactitud), vengo recibiendo llamadas de la señorita Charo.
La señorita Charo quiere una cita conmigo, un intercambio de opiniones.
La señorita Charo llama y llama y llama sin cesar. Incluso me llamó estando yo de vacaciones navideñas en Alicante, con mi familia.
La señorita Charo siempre es muy agradable conmigo aunque yo no entienda muy bien qué coño quiere.
Yo ya le he dado varios plantones a la señorita Charo, si. Concretamente, tres. Eso sí, después he llamado con tonito de disculpa y he sido perdonado. Porque la señorita Charo es mas maja…
La señorita Charo ha hecho, incluso, que hablara con mi abogada acerca de su insistencia. De la de la señorita Charo, digo…
En definitiva, ¿tengo que acceder a los deseos de la señorita Charo?

Y a todo esto, vosotros os preguntareis: .¿pero quién cojones es la señorita Charo?

Oye, que si no queréis no os lo cuento. ¡A mi plín! Yo ya he tenido mi cita con ella…

(Continuará…) – Ver segunda parte.

15 Comentarios

  1. Tu luchy

    jajajajaja. Lo puedo leer mil veces y me sigue encantando

  2. Maria Antonia

    Por favor, la continuacion cuanto antes ! Que buena la coreografia para esquivar el abejorro, y que cabrona la puñetera vieja,no iria borrachuza ella ?
    Quedo en ascuas….. necesito saber quien es la señorita Charo ! Besazos mil 🙂

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      A ver, Maria Antonia. Hacerse un Matrix en la calle entraña ciertos riesgos pero queda impecable si lo bordas. ¡Y lo bordé! Por eso salí airoso, como la Comaneci. Eso sí, descoyuntado vivo.
      Respecto a la señorona, me faltó el Sugus pa arrojárselo al rostro.
      El lunes más. Esta señorita Charo se va a hacer más popular que yo. Y sin esfuerzo, oye. ¡Maldita sea!

  3. jose ferraz

    uhmmm interesante…me gusta lo de caminar como nadia comaneci…aahahahahahahahahahah

  4. Fernando

    Jajajajaja. …..tengo la virtud de haberte lo oído contar in situ. Ahora bien…..verte andar como Nadie Comunico. …por favor…cuando?

  5. elena

    Me encanta!!!! No aguanto hasta el lunes!!!!!!!

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Mujer, si son tres días de nada…
      A ver, por favor, no esperéis el final de “El sexto sentido” o el de “Los otros”.
      ¡Qué responsabilidad!

  6. Ana María García

    Te he visto imaginado haciendo de Keanu Reeves, y me estoy tronchando. Jajaja, jajaja que grande eres. No sé yo, pero me parece saber quien es la Srta Charo jijiji..Si es quien imagino, debe ser como mi Srta Rosa jijiji

  7. El De Asumendi ese
    El De Asumendi ese

    Voy a impartir unos cursos cuya materia sea: “Cómo hacerte un Matrix en caso de necesidad imperiosa y salir indemne a la par que airoso”. ¡Me forro! Fijo.
    Creo que dadas las circunstancias de muchos ciudadanos en este país, ¿quién no tiene en su vida una Srta. Charo, una Rosa, o una Trini? Aunque yo no sé qué habría hecho si me llega a tocar Trini, francamente.

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