Tina y la Caja Mágica | Lo que queda del dia

Tina y la caja mágica

¡Hola, amiguit@s!

A Tina nunca le dejaron acercarse a ese viejo trasto del salón.

Desde que era muy pequeña, aún más pequeña, siempre se había fijado en ese mueble extraño que sólo servia para poner marcos con sus correspondientes fotos sobre él, a una altura a la que nunca ella pensó que llegaría. Le llamaba la atención pero lo consideraba feo y oscuro.
Además, las fotos eran de gente muy mayor a la que no conocía y que ni siquiera le resultaba familiar. Esa gente era aún más vieja que el viejo trasto en el que ella se fijaba.

Posteriormente descubrió que esos rostros pertenecían a la abuela de su mamá y a la suya propia. Y que esos señores con cara de estar muy enfadados, con esa gafa partida por la mitad colocada en un solo ojo y esos bigotones eran sus bisabuelos.

Ella siempre hubiese querido satisfacer su curiosidad infantil abriendo el cajón grande y alargado de ese oscuro mueble, para así poder ver todo lo que se escondía dentro.

Tina imaginaba que allí habría un tesoro lo suficientemente valioso como para que a ella no le permitieran acercarse, ni siquiera para verlo.

Por si fuera poco, el cajón era absolutamente peculiar. No era un cajón como los que ella conocía. No tenía de donde agarrar y, además, ella juraría que en alguna ocasión había visto a su madre bajando una tapa, pero con sumo cuidado.

¡Entonces no era un cajón!

Tan solo tenía que empujar de esa tapa hacia arriba con sus pequeñas manitas y -¡por fin!- podría descubrir qué era eso tan importante que sus padres nunca le dejaban ver.

Así que, ideó un plan: se iría a la cama y esperaría despierta hasta que sus padres estuvieran dormidos y entonces, sigilosa y procurando no ser ni vista ni oída, avanzaría por el pasillo lentamente hasta llegar al salón. No necesitaría encender la luz porque el destello blanco de la luna iluminaría suficientemente la estancia como para que ella consiguiera descubrir qué misterio se escondía bajo aquella tapadera.
Pero era demasiado pequeña para aguantar en vela hasta que sus padres decidieran acostarse, por tanto se sumía en un profundo e infantil sueño.

Cuando despertaba a la mañana siguiente para ir al colegio se prometía a sí misma que esa noche iba a ser la gran noche de su ansiado descubrimiento. Que volvería a intentar permanecer despierta. Pero siempre corría la misma suerte.

Y los años pasaron…

Y una tarde de septiembre, el mismo día de su sexto cumpleaños, Tina pudo descubrir al fin qué era aquello tan importante que sus padres le habían prohibido pero que ahora le mostraban con tanta generosidad.
Y cuando su madre empujó la tapa hacia arriba, Tina pudo ver con enorme decepción que lo que ella había considerado un tesoro durante tanto tiempo no era mas que una hilera de piezas negras y blancas colocadas en estricto orden y en posición vertical.

Su padre le guiñó un ojo (a Tina eso le encantaba) y le dijo:

-“Hija, aquí tienes tu regalo. Feliz cumpleaños”.

Pero Tina miró a su padre con cara de asombro y le preguntó:

-“¿Y esto qué es, papá?

-“Un piano”, contestó su madre.

Entonces el padre de Tina se sentó en la pequeña banqueta que siempre se hallaba escondida bajo ese armatoste y con suavidad comenzó a acariciar la hilera de piezas blancas y negras como nunca Tina había visto antes. Y descubrió que cuando su padre acariciaba muchas de esas piezas sus oídos quedaban impregnados de un sonido mágico procedente del que, hasta ese momento, ella había considerado un mueble extraño, viejo, feo y oscuro.

Ahora entendía que eso no era lo que su mamá le había dicho, no.
¡Eso era una caja mágica!

Lo que a Tina le asombraba era que de una gigantesca caja de música pudieran salir tantos y tan bellos sonidos.

Entonces, decidió sentarse en las piernas de su papá y comenzó a acariciar las piezas blancas. Y después las negras. Y de repente se vio sumida y distraída hasta el punto de que no escuchó la voz de su padre cuando le dijo:

-“Tina, esto es una caja mágica. Como todas las cosas mágicas, es muy frágil. Trátala con mucho cariño porque cada vez que un sonido sale de esta caja un niño sonríe en algún lugar del mundo. Y tú no querrás que los niños dejen de sonreír, ¿verdad?”.

Y besándola en la mejilla, se levanto y dejó a Tina sola, sentada en la pequeña banqueta.

Ella tocó, y tocó, y tocó todas la melodías que pudo mientras acariciaba las piezas como su padre le había dicho: con sumo cuidado.
Tocó hasta que sus pequeñas manitas comenzaron a dolerle. Tocó hasta que, agotada, su padre la cogió en brazos para llevársela -ya casi dormida- a la cama.
Apenas escuchó su voz cuando dijo:

-“Descansa, cariño. Hoy ya has hecho sonreír a bastantes niños. Descansa, mi amor”.

Al día siguiente, cuando Tina despertó, fue directamente al salón.
Estuvo buscando pero, ¿cómo era posible? Su gran caja mágica había desaparecido y en su lugar se había colocado otra inmensa caja. Pero esta no parecía tener magia, al menos para ella.
Esta era una caja extraña, negra, ancha, plana y tonta.
Una caja que sus padres manejaban a distancia con un aparatito más pequeño aún que ella.
Y allí estaban ambos, mirando hacia esa caja tonta donde, lamentablemente, los niños ya no sonreían.

Pero, ¿por qué?

Tina caminó en silencio hacia su habitación mientras se juraba a sí misma que buscaría la manera de hacer sonreír a tantos niños como pudiera.

Y llegó a la horrenda conclusión de que su sueño había sido demasiado bonito para ser verdad.

Y dos lágrimas cayeron rozando sus pequeñas mejillas…

———-.———-

A Cristina Nieto Manso, por prestar sus manos durante toda su vida para hacer sonreír a cientos de niños.

Y a Aylan Kurdi, quien -como tantos y tantos niños- ya nunca más va a volver a sonreír porque le han arrebatado la sonrisa. Y la vida.

36 Comentarios

  1. tu Luchy

    Me ha encantado….

  2. El De Asumendi ese
    El De Asumendi ese

    Puede, si. Pero ni la milésima parte de lo que tú me encantas a mi…

  3. Raquel (matas)

    Precioso Jesús, muchas gracias por estos maravillosos minutos que me has regalado con estas líneas. Bss.

  4. Raquel Batista

    Precioso!!!

  5. El De Asumendi ese
    El De Asumendi ese

    ¡Y preciosa tú!

  6. Arturo

    Mil gracias jesus. A nana donde este le encantara porque era lo que siempre quería, sacar una sonrisa a la gente.

  7. Ana María Garcia

    Sabes que soy muy adictiva a las cosas buenas o malas según las miren de esta vida.
    Por eso ya soy adicta a ti, para mi eres muy bueno
    Gracias por estos ratos.

  8. Precioso….triste y emotivo. A ella le hubiese gustado ya q ademas d sacar sonrisas ella era……una gran sonrisa!!!!

  9. Cristina Alises

    Pffff…sin palabras, emocionada. Precioso.Gracias!

  10. Ezequiel

    Quizás quede simple decir ¡Que bonito!. Pero de verdad. ¡Que bonito!

  11. El De Asumendi ese
    El De Asumendi ese

    Gracias, Ezequiel. Lo que sí es bonito es que alguien como tú, que publica libros, me diga a mí cosas así. De verdad, muchas gracias.

  12. Natalia

    Precioso Jesus

  13. Raul

    Me has hecho sonreir y llorar a la vez. Precioso!

  14. Laura

    Bellas palabras. Gracias Jesús.

  15. Eva

    Uufff precioso Jesús. ..menos mal que lo has escrito sin ganas. Gracias

  16. El De Asumendi ese
    El De Asumendi ese

    Muchísimas gracias a tí, Eva. Me alegro de que te haya gustado.

  17. Emma

    Qué ternura, Jesús..precioso!

  18. El De Asumendi ese
    El De Asumendi ese

    Gracias, Emma. Y tú de ternura sabes un rato…

  19. Lara Cobos

    Jesús cómo me ha gustado!! Gracias por tus palabras y esa manera tan bonita de escribir y de sacar sentimientos.
    Un beso amigo

  20. Juanjo

    Simplemente ¡¡¡Maravilloso y encantador!!!

  21. José Ferraz

    Es igno de un libro, he leeido muchos cuentos, pero este es muy muy bonito, lo empenzas a leer y te clavas hasta k termine…muy muy bonito

  22. Pilar

    Ay Jesus, que bonito. Me has hecho llorar!!!!

  23. El De Asumendi ese
    El De Asumendi ese

    Gracias, Pilar. Me gusta que te hayas emocionado.

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