Un señora ejemplar | Lo que queda del dia

Una mujer ejemplar. Una señora con mayúsculas

“¿Se pueden inventar verbos? Quiero decirte uno: Yo te cielo.
Así mis alas se extienden enormes para quererte sin medida”.

Frida Kahlo

¡Hola, amiguit@s!

Hoy hace exactamente cuatro días y ochenta y siete años que Rosa María vino al mundo.

A ella le gusta decir siempre que fue en la Plaza de Colón número 2. ¡Y hace bien! No todos han tenido la inmensa suerte de nacer en una plaza tan distinguida.
Lamentablemente, tuvo la desgracia de perder a su madre cuando todavía era un bebé, a los veintiocho días de nacer. Todo se complicó desde su propio parto.
Además, perdió a tres de sus cuatro hermanos (María del Carmen, Alberto y Eloína). Tan sólo le quedó una, la mayor: Clementina.

A pesar de los años que le tocó vivir ella recuerda haber tenido una infancia feliz. Pocos pueden decir lo mismo viviendo bajo el pavoroso estruendo de las bombas, pero ella sí. Quizá porque ya era una niña valiente que con el paso de los años iba a tener que librar otras batallas personales más importantes para ella. Batallas que le harían convertirse en una mujer aún más valiente. En toda una matriarca. En toda una mujer.

Ya de joven decidió hacerse enfermera. De esta manera pudo trabajar codo con codo con su padre, D. Alberto, quien se había especializado en otorrinolaringología y quien entre otras cosas -además de sanar- se dedicaba a salvar de ir al frente a todos aquellos muchachos cuyos padres le imploraban que los diagnosticara como “no aptos”.

D. Alberto, que estaba en su sano juicio, nunca estuvo a favor de esa absurda guerra que dividía poco a poco a su país en dos. Además, este noble gesto le servía para recibir en agradecimiento algunos víveres con los que poder mantener a salvo a los suyos. Y así fue…

Rosa María creció como las circunstancias le permitieron.

Su padre volvió a contraer matrimonio y le dio dos hermanos varones a quienes ella ha adorado toda la vida.

Cuando trasladaron a su progenitor como médico, cerraron la casa y se fueron todos a vivir a Guadalajara.

Como pudo y como supo, Rosa continuó intentando ser una niña feliz. Y ahí permaneció hasta el fin de la guerra civil.

Fue entonces cuando Rosa María y su hermana Clementina volvieron de nuevo a su añorada casa de la Plaza de Colón a vivir con su tío Pablo (a quien quería tanto o más que a su padre), el cual, por seguir soltero continuaba viviendo en la casa familiar, la de toda la vida; y con sus tatas de siempre (las que empezaron con sus abuelos).

Allí se convirtió en una mujer espectacular. Una mujer que había nacido para comerse Madrid y a todos sus habitantes.

Y cambió de trabajo. Y entró en la telefónica, en el edificio de Gran Vía. Y cuando finalizaba su turno (siempre de tarde porque Rosa María detestaba madrugar) se dirigía dando un paseito a su querida casa de la Plaza de Colón. Y todas las noches, a la misma hora, se cruzaba con un guapo y hoy famoso actor asturiano, quien intercambiaba su mirada con ella mientras le decía sin cesar: “Guapa, guapa, guapa, guapa,…” hasta que terminaban de cruzarse y se alejaban.

Años más tarde, Rosa formó un grupo musical con dos amigas suyas. El primer trio de cantantes femeninas. ¡Cuán innovadoras para la época…!
Pero aquello no cuajó. Como ella contaría más tarde: “Yo los conquistaba, una los entretenía y la otra se los calzaba”.
Lo dicho: innovadora.

Tuvo la enorme suerte de ser vista en cine y televisión como una de las primeras chicas Martini. Esto ye era a finales de los cincuenta, cuando ella estaba en pleno esplendor de su inmensa belleza. No en vano, era una mujer de bandera de ciento setenta y un centímetros de estatura.

Poco a poco se estaba convirtiendo en una soltera impenitente de las de toda la vida. La diferencia entre soltera y solterona es que lo primero depende de una misma y lo segundo de los demás.
Ella seguía siendo juerguista, divertida y conquistadora. Eso sí.

Pero en mayo de 1961 acudió a la boda del hijo de una prima hermana donde conoció al primo hermano de la novia. Un huérfano heredero vasco, guapo como ella, juerguista como ella, con un año más que ella y soltero impenitente, como ella. Y fue todo un flechazo por parte de esos dos seres emocionalmente solitarios. Un flechazo tan fuerte y certero que ambos decidieron casarse un mes más tarde.

Ya en el viaje de novios, ella se dio cuenta de que se había equivocado. Pero su amor pudo más que la certeza de saber lo que le esperaba vivir en esos pocos años en los que estuvo casada.

En junio de 1962 tuvo una hija, a quien bautizó con su mismo nombre. Dos años después, en mayo de 1964 tuvo un hijo, quien fue bautizado con los nombres de su padre y de su abuelo.
Pero a los seis meses del nacimiento del hijo, el matrimonio ya estaba roto. Y romper un matrimonio en el año 64 no era fácil, ni siquiera para una mujer adelantada a su tiempo.
Por el simple hecho de ser mujer fue criticada por amigos, familiares y otros muchos seres despreciables que posteriormente corrieron la misma suerte. ¡A veces la vida es justa!

Y ella rehizo su vida con sus dos hijos y otro señor con quien vivió hasta que este falleció de un cáncer cuarenta años después. Ella nunca quiso que fuera su marido. Los hijos nunca llegaron a llamarle “papá”. No quería cometer el mismo error dos veces. Aún así, trató de alcanzar la felicidad. Pero toda esa felicidad, si es que alguna vez la rozó, se la dieron sus hijos. Con ellos y por ellos dio su vida.

Hoy ya es abuela. Y es una abuela ejemplar. Y fue una esposa ejemplar. Y fue y es una mujer ejemplar: íntegra, altruista, divertida, generosa, buena, paciente,…

Cuando en 1989 -veinticinco años después de separarse del que fue el gran amor de su vida- recibió la noticia del fallecimiento de su ex marido, fue la única que derramó una lagrimas. Ella siempre dijo: “Me casé totalmente enamorada y me separé más enamorada que cuando me casé”.

¡Con un par de huevos! O de ovarios…

Pero, sobre todo, fue una madre ejemplar. ¡Y lo sigue siendo!
Y lo digo desde la experiencia que me dan estos cincuenta y un años.

Aunque no se me ha pasado felicitarte por el día de tu cumpleaños porque lo he pasado contigo, quiero felicitarte por ser como eres. Y por ser como has sido.
Y, por encima de todas las cosas, quiero darte las gracias en mi nombre y en los de mi hermana y mi sobrino por ser la maravillosa persona que eres, aunque últimamente gruñas mucho y no dejes de ver Tele 5.

Puede que ya no te parezcas a la señora de la foto.
Puede que ya no midas tus impresionantes ciento setenta y un centímetros.
Pero sigues siendo la auténtica e inigualable Rosa María Aleman Matilla de siempre.

Te adoro, MAMÁ. Y tú lo sabes.

Aunque nunca te lo diga…

16 Comentarios

  1. Ana

    Enhorabuena por tener una persona así en tu vida. Una gran mujer que ha vivido su vida como ha querido. Gran señora.

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Muchas gracias, Ana. La verdad es que sí, he tenido mucha suerte. Bueno, supongo que eso lo decimos todos. ¡Afortunadamente!
      Seguro que congeniaríais a las mil maravillas.
      Besazo.

  2. Elena

    Enhorabuena a tu madre por su cumpleaños y a tí y al resto de la familia por disfrutarla. El artículo maravilloso, me emocionas. BSS

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Muchísimas gracias, Elena. No te imaginas la satisfacción que supone escribir algo así, tan íntimo, y descubrir que hay gente como tú a quien le emociona.
      Es un inmenso placer. De nuevo, gracias.
      Besazo.

  3. Pilar

    Sin palabras, me has dejado sin palabras, preciosa historia, precioso homenaje y precioso tu. Un beso.

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Gracias, Pilar. Tú si que eres preciosa. Siempre lo has sido…
      Y siempre te lo he dicho: eres bellísima.
      Besazos.

  4. luisa

    Precioso y emocionante, era guapisima y seguro que seguira siendolo.Le encuentro mucho parecido con tu hermana.Besos

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Muchas gracias, Luisa. Y tienes razón, donde hubo siempre queda.
      Pues si, mi hermana es quien se parece a ella. Yo soy clavadito a mi padre pero menos guapo… ¿Qué se va a hacer? Habré sacado otras cosas…
      Muchos besos.

  5. Siempre espero ansiosa tus relatos porque me alegran y según vas contándolos me imagino que soy yo la que está viviendo esas experiencias,pero el relato de hoy ha sido increible .Escrito desde el profundo amor ,respeto y admiración que sientes por esta gran mujer :tu señora madre.

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Muchísimas gracias, Esther. Y me encanta saber que te sientes la protagonista de mis historias. Así las vives más intensamente, ¿no?
      Qué bonito comentario has hecho, guapa.
      Besazos.

  6. Pilar

    Es precioso Jesus. Tú madre estará orgullosisima. Un beso para tu mami y para todas las mamás con coraje.

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      ¡Tú si que eres preciosa! Pues sí, está encantada. Le ha gustado mucho. De hecho, es el único que ha leído de todos. Y terminó llorando. ¡La muy boba!
      Besos para ti también.

  7. Rocio Lacaci

    los pelos de punta……no digo más
    Bueno, sí…..que me encantaría sentarme con ella a merendar y que me hablase durante horas de ella y de su vida….
    Yo también tengo la suerte de tener una madre valiente y luchadora, con historias para dejar en bragas a la saga completa de “Los juegos del hambre”, asi que lo que único que te puedo decir es que la disfrutes muchos años más………un beso enorme de mi parte

  8. Pilar Baceiredo

    No lo había leído aún. Es el homenaje mas bonito que podías hacer a tu madre. Me ha emocionado.
    Un beso.

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