Una pareja diferente | Lo que queda del dia
primera entrega de historias de Historias de Victuar y Clodomira

Una pareja diferente. (Historias de Victuar y Clodomira. Y también Pepita…) – Parte I

¡Hola, amiguit@s!

Ayer me llamó mi amiga de la infancia Victoria Eugenia. Quería que hoy fuese a su casa a merendar. Creo que actualmente sólo las señoras de la alta sociedad invitan a merendar. Y no invitan, convidan (que es igual pero no es lo mismo).
Y Victoria Eugenia es muy de la alta sociedad.

Ya, ya lo sé. Victoria Eugenia tiene nombre del teatro donostiarra donde se celebra el famoso festival internacional de cine, que a su vez tiene el nombre de la que fuera princesa de Battenberg y posterior reina de España por su matrimonio con Alfonso XIII. Esto es, bisabuela de nuestro Felipe VI. Bueno, nuestro o vuestro. O de ellos…

Mi amiga fue bautizada así en honor al teatro. No en vano, San Sebastián fue el lugar elegido por sus padres para el viaje de luna de miel. Y la madre se quedó prendada con el edificio. No concebía que hubiese sido diseñado y construido por una mujer y que además, esta mujer tuviese los ovarios de bautizar al teatro con su propio nombre: Victoria Eugenia.

La ya fallecida madre de mi amiga siempre ignoró que el teatro hubiese sido llamado así en honor de la famosa reina. De hecho, se fue a la tumba pensando que Victoria Eugenia era el nombre de la persona que lo diseñó y lo construyó, pasándose por el arco del triunfo a Francisco de Urcola, el verdadero artífice.

Por más que durante su existencia le aclaramos de dónde procedía el nombre del teatro, ella siempre afirmaba haber visto en una parte de la fachada una placa en la que se podía leer: “Teatro inaugurado en 1912. Obra de la arquitecta Victoria Eugenia”. ¡La pobre!
Y lo peor es que se lo contaba a todo aquel que la quisiera escuchar. Incluso a mí me lo contó en múltiples ocasiones.

Mi amiga Victuar (pues así quiere que la llamemos, como Victoria en francés, pero terminado en G) se pasaba el día aclarando.
– “No hagáis mucho caso. Siempre está de broma. Es el humor manchego”, decía avergonzada perdida.
Y es que los padres de mi amiga eran los dos de Albacete.

El padre hizo fortuna con las navajas -de hecho era conocido en los años 60 como “El rey de las navajas”- con lo cual mi amiga, forrada ya desde mucho antes de ser siquiera engendrada, tuvo una infancia plena de caprichos. Además, invirtieron muchísimo dinero en su formación pero nunca consiguieron que Victoria Eugenia fuese alguien relevante. Lo único que consiguieron fue que contrajera nupcias con otro rey manchego: el de las sandias de Hellín.

Así que a los veinte años Victuar ya estaba casada con Alfonso, “El rey de la sandía”.
Qué curioso, ¿no? Alfonso y Victoria Eugenia. ¡¡Cuánto tronío!!

Como Alfonso era huérfano, hijo único y estaba solo en la vida, los padrinos de la boda fueron los padres de mi amiga. Por cierto, no os he dicho que se llamaban Filomena y Filomeno. Y que ambos eran conocidos en la alta sociedad madrileña como “Los Filos”, haciendo un cruel juego de palabras con las dichosas navajas que tanta riqueza les habían proporcionado.
Su sencillez era directamente proporcional a su inmensa fortuna.
Y esto, en determinadas sociedades como la alta, no es bien recibido.

La mala suerte quiso que el matrimonio le durara a Victuar exáctamente seis meses. Su marido falleció debido a una masiva ingesta nocturna de melón.
Ya sabéis: el melón por la mañana, oro. Por la tarde, plata. Y por la noche, mata.
La noticia apareció en las necrológicas de los principales periódicos nacionales con el siguiente titular:

“Fallece el rey de la sandía por una ingesta de melón”

Ironías de la vida. ¡Es lo que tienen las cucurbitáceas!

Victuar se encontró hundida y más forrada. Cuajadita de millones, oye.
O no tan hundida…
Ella me confesó años más tarde que su matrimonio fue de pura conveniencia y que nunca estuvo realmente enamorada pero que se reía mucho con Alfonso, el Rey de la sandía.
Nunca se enamoró pero le quiso desde el principio.

Así que, se deshizo del personal de servicio (jóvenes manchegas hermosas y rollizas en su mayoría), desmanteló la casa y volvió a la de sus padres hasta que estos fallecieron poco tiempo después y cuadruplicaron su fortuna, ya de por sí bastante considerable. Al desaparecer Alfonso, quien como os he dicho estaba solo en el mundo, Victuar no se quedó con las ganas.
¡Se quedó con todo!

Actualmente vive con su asistenta interna en un palacete de la calle Reina Victoria (¿se puede ser más absurda y egocéntrica?).
Bueno, también está Pepita, su horrenda perra pequinesa. Todas las perras que ha tenido Victuar siempre se han llamado Pepita, en homenaje a las sandias de su marido. Cuando te habla de ellas, para distinguirlas lo hace como si fuera una dinastía: Pepita I, Pepita II, Pepita III,…
Lo dicho: una absurda.

Apenas sale de casa.

Su asistenta, una señora interna a su entero servicio, se llama Clodomira. Un personaje. Nunca hemos sabido muy bien de dónde procede porque habla poco. Sólo sonríe.
Sabemos que viene de Sudamérica y que mide alrededor de metro cuarenta.
Su pelo alcanza una longitud desmedida para su altura, aunque siempre lo lleva recogido en unos moños imposibles enganchados con adornos más imposibles aún.
A mí me parece un encanto de mujer, trabajadora y honrada.

La realidad es que a mi amiga le duran poco las empleadas del hogar porque tiene esa actitud de reina tirana que no hay Dios que la aguante. Pero Clodomira lleva ya con ella casi un año, una barbaridad si lo comparas con lo que le suelen durar a Victuar.
En realidad, yo sé que este año les ha servido a ambas para aprender a quererse. Al menos, sino a quererse a entenderse. A su manera…
Aunque a veces Clodomira se harta, se lo noto yo aún sin necesidad de hablar. Pero necesita enviar dinero a su país y por eso sigue al pie del cañón.

Victuar tendrá muchos defectos pero no le da importancia al dinero y paga de maravilla, acorde con lo muchísimo que exige. Y como nada en la abundancia…
Eso sí, un buen día se juró que, bajo ningún concepto, entraría a su servicio nadie que fuera más guapa que ella. Motivos tenía, la pobre…

Así que, hoy a las seis en punto de la tarde, me encontraba tocando el timbre del palacete de mi amiga. ¡Como un clavo!
Victuar odia la falta de puntualidad.
(ver continuación: Una pareja diferente. Hitorias de Victuar y Clodomira. Y también Pepita… – Parte II)

11 Comentarios

  1. ROSA DE ASUMENDI ALEMAN

    ¡Qué maravillosa historia! Es distinto a todo lo que has hecho hasta ahora, pero con tu sello inigualable. Debes escribir un relato corto.Y lo digo en serio

  2. Necesito saber másssss.Quiero saberlo todoooo a qué te convidó,si las dinastías de Pepitas comían con vosotros(a lo mejor tambien tenían su sitio en la mesa de la salita con servicio de platito y servilleta,ya se sabe de las excentricidades de la clase alta).
    Genial según iba leyendo tenía la sensación de que yo tambien iba a ir a merendar….escribe el final de esta merendola

  3. Chris

    Quiero saber mas!!!! No nos puede usted dejar asi, señor CondE!!!

  4. José Ferraz

    Jesus, isto é melhor que qualquer novela brasileira ou qualquer episódio de Mrs Carrington…que bien, tenemos água en la boca…

  5. Pilar

    Pero, como nos puedes dejar a medias? Encima te vas de viaje. No se si voy a poder dormir!!!!!

  6. Emma

    Bueno, te superas con cada historia! Me encanta, quiero el siguiente capítulo!

  7. El De Asumendi ese
    El De Asumendi ese

    Jo, gracias a todos barra as. Estoy de viaje, sí. Pero el lunes tenéis la segunda parte de esta historieta.
    ¡Ni yo mismo me puedo dejar a medias, Pilar!
    ¡Kiko, despierta! Tienes que seguir leyendo.
    Emma, gracias. Te quedan dos capitulitos más. Para que te familiarices con las tres.
    Jose, eres un encanto. ¡Viva el culebrón brasileño!
    Doña Cristina, ya le queda menos…
    Raul,
    Esther, cuando quieras te vienes. Vas a hacer muy buenas migas con Victuar.
    Querida hermana, tú si que eres maravillosa. Por cierto, ¿los De Asumendi hablamos alguna vez en serio?

  8. luisa

    Ya estoy esperando el desenlace, no tardes en volver a escribir

  9. Cristina Alises

    Genial, adictivo…exactamente como tú. Un abrazo!!

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