Una pareja diferente - Parte III | Lo que queda del dia
tercera entrega de historias de Historias de Victuar y Clodomira

Una pareja diferente. (Historias de Victuar y Clodomira. Y también Pepita…) – Parte III

(ver anterior artículo: Una pareja diferente. Hitorias de Victuar y Clodomira. Y también Pepita… – Parte II)

… Incluso después de tantos años, se le escapan una o dos lagrimitas.

Pero yo distraigo su atención y digo:
– “¡Qué fuerte lo de Chabelita!” o “Hija, Victuar, qué precioso el nuevo anillo de La Galería del coleccionista: el Dreams of Salzburg. ¡Vaya perlones!”

Y entonces ella vuelve a las andadas:

– “Ya me lo he pedido. Y, además, me regalan la faja osmótica”, me contesta rapidito y volviendo en sí.

Yo he preferido no preguntar qué carajo es eso. Oye, si es un regalo…
Y ella, en su salsa.

Pepita VII está relajado perdido. Tiene su propia butaca, una en cada estancia de la casa para él solito. Y duerme sin cesar. Bueno, duerme y ronca sin cesar.
Pepita VII siempre había dormido en el regazo de su amita hasta que un día, cuando mi amiga veía la gala final de alguno de los muchos realities que ve, a Pepita VII se le escaparon -mientras dormitaba- unos pedos traicioneros y odoríferos que poco menos que hicieron arder el palacete. Creo que los gritos que profirió Victuar se escucharon en todo Reina Victoria y en las calles colindantes. Clodomira despertó alarmada y acudió al salón donde se encontraba su señora. Si no llega a llevarse al perro a su habitación, posiblemente la dinastía habría pasado a Pepita VIII. Desde que Clodomira evitó el canicidio ella y el perro decidieron aliarse en contra de Victuar. O de eso está convencida mi amiga.
Lo que sí es cierto es que su relación se ha deteriorado por unos pedos de nada. Y es que la hija de “los Filos” es muy suya para esas cosas de la aerografía.

Y ahí estabamos los tres: uno durmiendo, la otra hablando sin cesar y yo escuchando y asintiendo (¡quién fuera perro!) cuando Clodomira hizo su entrada estelar en el salón de té.
Su estilismo estaba fuera de todo entendimiento. Por consiguiente, la cara de mi amiga era un verdadero poema. Y yo, para echar un cable y acabar con esa alta tensión, le digo:

– “Clodomira, hay que ver qué mona y qué fresquita se ha puesto”, por restarle importancia al pantalón que llevaba. ¡Era horroroso, horroroso!

Y ella, enseñando mas dientes de lo normal, me contesta:

– “Me conseguí estos chorts de la Nansy, una de mis diesinueve primas. A ella le estaban grandes, pues”.

Y yo preferí no preguntar cuál era el tamaño de la prima por evitar polémica innecesaria. ¿¿Grandeeees??

Victuar, incapaz -como siempre- de mantener la boca cerrada, dijo con firmeza:

– “Ande, Clodomira, cámbiese que va usted hecha una adefesia. Y, por el amor de Dios, no le llame “chorts” a eso que lleva. ¡Es que ni para un safari en el África septentrional…!”.

– “Mujer, si es su noche libre. Que se ponga lo que quiera y que disfrute con sus primas”, dije yo para apaciguar -como siempre- mientras con mi cabeza y mis ojos hacía un gesto dirigido a Clodomira, con el fin de que se largara de una puñetera vez.

Siempre que coincido con las dos mi función es apaciguar. Es que Clodomira me cae bien, muy bien. Y Victuar (se lo tengo dicho) se mete en camisa de once varas. Ella es así y ya no va a cambiar nunca. Las que deben cambiar -según ella- son las asistentas internas. ¡Faltaría más!.
Lo dicho: se quieren.

Parece que mi gestualidad fue captada por Clodomira quien, mientras yo distraía la atención de Victuar, aprovechó para preguntar sin ser vista:

– “¿A la señora le provoca algo de las calles?”
Yo no entiendo ese argot. Mi asistenta es rumana…

Pero Victuar, enseguida gritó:
– “¡Clodomiraaaaaaaaaa!, venga para acá y si no quiere no se cambie. Pero venga, que necesito encargarle unas cositas de extrema necesidad”.

Y Clodomira aparece con el mismo estilismo, aderezado ahora con un gran capazo de mimbre en bandolera, lista para irse. Y mostrándonos su hilera de dientes, dice:
– “Pues dirá la señora qué le provoca”.

Y mi amiga remata:
-“Mira, Clodomira, (mientras busca mi aprobación ante gracia semejante y mientras mira sin cesar al televisor que continúa encendido, claro) me vas a traer el Velvet Smooth con Diamond Cristals de Scholl, el Tampax Compact Pearl, el Velvet Spawax (mi nuevo ritual de belleza), la nueva máscara Lash Beautifier de Astor, el Revitalift Filler H.A. (que por si no lo sabes, es ácido hialurónico), el Original Remedies de Garnier (y que no sea otro, ¿eh? ¡Que te conozco!) y también quiero probar para mi boca el Colgate Max Ice One Optic y el Oral B 3D White Lux efecto perla, para tener la boca de la Shakira esa.

Y vuelve a buscar mi aprobación diciendo:
– “Esto de la Shakira esa es para ella, que estoy convencida de que le encanta. ¡La tierra tira, hijo!. Además Clodomira otra cosa, no. Pero dientes…”

Yo no podía mirar a mi amiga. Desde la Lash Beautifier, Clodomira había comenzado a mudar la color y tornarse en verde. Vi como poco a poco se iba desvaneciendo. Y cuando por fin cayó al suelo (oye, con lo pequeña que es y lo que tardó) comenzó a dar unos alaridos que yo sólo había escuchado en los documentales de Felix Rodríguez de la Fuente. Me asusté, ¿qué queréis que os diga?

– “Victuar, deberías dejar de ver la tele un poquito. Mira la que has montado. ¡¡Eres una cabrona!!”, grité yo sin saber muy bien qué hacer.

Mientras tanto, Victuar -pasándose mis palabras por el mismo hornito y con una tranquilidad inquietante- estaba llamando a la Lopez Ibor, solicitando asistencia médica inmediata.

Y Pepita VII se había despertado de su letargo y comenzaba a ladrar dando vueltas alrededor de Clodomira como sólo un pequinés sabe hacerlo. ¡Qué espanto!
Afortunadamente, quiso el destino que en uno de los espasmos de Clodomira su mano fuera a parar directamente a la cara del perro.
Actualmente, está desaparecido en el palacete. ¡Bendito sea Dios!

Parece que se trataba de otra crisis nerviosa provocada deliberadamente por mi amiga. Me confesó cuando se la llevaron que no es la primera vez que la provoca. Que lo hace siempre que Clodomira tiene la noche libre.

Aún resuenan en mi mente las últimas palabras de Clodomira cuando la sacaban por la puerta en camilla.
Con los ojos desorbitados pero sonriendo sin cesar, gritaba:

– “¡¡¡En lo más íntimo, quiero Chilly!!!”.

(ver continuación: Una pareja diferente. Hitorias de Victuar y Clodomira. Y también Pepita… – Parte IV)

7 Comentarios

  1. ezequiel

    Que rato más agradable se pasa leyendo tus historias. Habría que recopilarlas.
    Un abrazote y sigue adelante.

  2. Merche

    Jajaja, ha merecido la pena la espera!!!

  3. José Ferraz

    Que bien Jesus…que bien…me alegra de verdad

  4. Raquel Batista

    Jajajajajajaja me tienes enganchada,besos.

  5. Pilar

    Ay madreeeee, pobre Clodomira!!!!

  6. Tu Luchy

    Jajajjajaja. Me priva toa!

  7. Azu

    ¡Jaaa! Estoy de acuerdo. ¿ Un libro?

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