Una pareja diferente - Parte IV | Lo que queda del dia

Una pareja diferente. (Hitorias de Victuar y Clodomira. Y también Pepita…) – Parte IV

(ver anterior artículo: Una pareja diferente. Hitorias de Victuar y Clodomira. Y también Pepita… – Parte III)

¡Hola, amiguit@s!

Hoy tengo que daros un notición que sé que a más de uno os va a alegrar el día como me lo alegró a mí el pasado lunes.

¿Sabéis quién me llamó el domingo cuando estaba tirado en el sofá de casa descansando de la resaca eurovisiva? ¿Ni idea? ¡Me llamó Victuar! ¡Sí!
Me hizo ilusión dado que ella no es muy de llamar. ¡Y menos mal! Porque me tuvo casi dos horas al teléfono, el tiempo suficiente para que yo me perdiera la película de producción alemana que tanto sigo y que había comenzado a ver con un interés que ni yo mismo me estaba creyendo.
Pero aún así me hizo mucha ilusión.

Yo nunca llamo, la verdad. Pero no por falta de interés, no. Es que me he hartado de llamar y de que cada vez que lo hago no me coja nunca el teléfono. El servicio tiene terminantemente prohibido hacerlo. Así que, espero a que lo haga ella durante la publicidad de sus programas favoritos de Tele 5 (o sea, todos) o a que sea fin de semana. Porque a ella el cine que ponen en la tele los fines de semana no le gusta. Y además no emiten sus programas favoritos (¡bendito sea Dios!). Dice que sólo con la 1 y la 2 vivíamos mejor (¡qué valor!). Que el cine que ofrecían, en su mayoría clásico, era maravilloso y que no había programas de tele basura como ahora. Que en la tale actual hay más basura de la que acumula en un lustro una familia numerosa española de clase media. Pero que ella actualmente se siente abducida por las increíbles vidas privadas ajenas y que es incapaz de separarse de su pantalla. Y que si la tele que ve -además- es su tele amiga, todo va sobre ruedas y se siente plena y realizada.

¡Y a ver quién tiene los huevos de discutir eso! Yo, desde luego, no. Lo hice una vez y me costó un tremendo disgusto con ella. O de ella conmigo, para ser más exactos. Estuvo sin llamarme más de medio año. Cuando se decidió por fin a hacerlo, yo preferí obviar el tema y ella -que tonta no es- tambien. Por si acaso…

La bronca y el disgusto posterior vinieron porque se me ocurrió decirle que no entendía muy bien que se pasara el día renegando de los programas de tele basura cuando apenas se despegaba de su butaca. Victuar nunca se tumba. Ella siempre ve la tele sentada en su butaca favorita, la que utilizaba su difunto Alfonso. Dice que tumbarse es una paletada y que, además, se le separan las tetas y aumenta el tamaño de su culo y que a su edad eso no es precisamente conveniente.
También le dije que entendía su interés por las vidas privadas ajenas pero que por ellas había abandonado su propia vida pública y que así era imposible seguir manteniendo los amigos… y que iba a continuar su existencia como una vieja amargada rodeada de Pepitas cagándose por toda la casa… y que estaba dejando escapar los mejores años de su vida… y que ya era hora de que ella misma tuviese vida privada…
Por supuesto, terminamos discutiendo.
Ella, sabiendo que mis argumentos eran lo suficientemente contundentes como para que -al menos- se replanteara la situación, decidió hacer lo que sabe que más me jode: colgar el teléfono sin mediar palabra. ¡Ay, Dios! ¡Si la llego a tener a tiro de piedra la mato!
Me lo ha hecho tantas veces…

Aunque he de confesaros que esta fue la primera vez que lo hizo por enfado. Las demás lo hace porque se han terminado los anuncios y entonces me dice rápidamente: “te dejo, cuqui. Y te llamo, cuqui”. Victuar siempre me llama “cuqui” porque toda la vida ha dicho que yo soy súper “cuqui-cuqui”. En fin, sin comentarios. Así me va por ser tan “cuqui-cuqui”…

Bueno, pues el caso es que me llamó para decirme que a Clodomira le daban el alta por fin y que si podía ir con ella a recogerla. La pobre ha estado mucho tiempo ingresada, ya sabéis el por qué. Aunque quiero creerme que ha estado en la gloria. Sin insoportables Pepitas que sacar a pasear y sin las rarezas de su querida y venerada señora. Y sin darle que te pego todo el santo día a los ochenta mil cachivaches que Victuar ha ido acumulando en su palacete en todos estos años de viudedad solitaria.
¡Cuánto daño ha hecho la Tele Tienda!

Victuar andaba apurada porque no estaba segura de cómo sería recibida en el hospital. Además, no había ido ni una sola vez a visitarla por temor a una reacción desmedida por parte de Clodomira. Y, sobre todo, se sentía terriblemente culpable de haber causado tan tremenda crisis nerviosa en alguien a quien -muy en el fondo de su corazón, pero mucho- quería.

De entrada, para hacer las paces -me dijo- le había comprado una caja entera de Chilly, para lo más íntimo. ¡¡¡Nada menos que cuarenta botes de medio litro!!! Dijo que así, con esa oferta, le regalaban las toallitas para llevar en el bolso: súper prácticas y súper cuquis (¡me define a mí como a las toallitas pa los bajos! Menos mal que la quiero…) y que son como las de bebé pero para el chimisturri.

¿Pero qué bobada es esta? ¿En el bolso?
O sea, que estás en la cola de la pescadería, y te sacas una y te frotas un poquito. Sin disimulo, que para eso estás en una pescadería.
Que vas en el metro y el aire acondicionado no funciona, pues te sacas tu pack y te endiñas otro poco.
Qué esperas a que el semáforo se ponga en verde para poder cruzar, pues nada como un toquecito de tissues refrescantes marca “Chilly”. Allí mismo, en plena Gran Vía.

Si, si, lo de las toallitas en el bolso es súper practico. ¡Y muy cuqui!

– “Ya, pero ¿cuarenta?”, insistí yo, que soy muy cargante para mis cosas y que cuando no entiendo algo sigo erre que erre con el temita. En eso he salido a mi hermana…

Y me contesta Victuar: “si, diez de cada. El de Frescura, gel con mentol natural. El Delicadeza, gel delicado con aloe vera y hamamelis. El Hidratante, con una súper formula nutritiva. Y el que tiene anti bacterianos, con tomillo y salvia. ¿No te parece que le va encantar el regalo?”.

Y se hizo un silencio sepulcral en nuestra conversación porque yo no daba crédito.

– “Cuqui, ¿sigues ahí?”, me preguntó.

– “Si, hija. Si. Con todo lo que estoy aprendiendo, ¿a dónde voy a ir? Si mi vida ya no va a ser la misma sin el hamamelis”, contesté yo.

– “¿A que te cuelgo?, preguntó Victuar desafiante.

– “¿A que no te acompaño?”, contesté yo con la sartén por el mango.

Me explicó -intentando convencerme- que como sus últimas palabras previas a la crisis fueron: “en lo más íntimo quiero Chilly”, suponía que el regalo iba a ser de su agrado. Y que aunque eso le hiciera recordar el fatídico día, eran veinte litros de satisfacción e higiene personal. ¡Y con toallitas para el bolso!

Y preferí no discutir más.

Eso me pasa por intentar saber…

(ver continuación: Una pareja diferente. Hitorias de Victuar y Clodomira. Y también Pepita… – Parte V)

8 Comentarios

  1. Lara Cobos

    Genial!!!! Jajajaja

  2. tu Luchy

    Cómo me gusta Victuar!!! tú más, claro. Tú siempre más! Besos, cuqui.

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Estaba ya deseando aparecer. Ella quiere más protagonismo que yo. ¡Y por ahí no paso!
      Tú sí qué más de lo más, caris. Besazos.

  3. José Ferraz

    Victuar me parece que va a ser un fénomeno…

  4. Raquel

    Es súper divertido toooodo. Un beso Jesús.

  5. Pat

    Jajajaja!!!
    Quiero masssss!!!!

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