Una pareja diferente - Parte IX | Lo que queda del dia

Una pareja diferente. (Historias de Victuar y Clodomira. Y también Pepita…) – Parte IX

(ver anterior artículo)

… Y en el taxi de Jacinto, nos dirigimos los cinco hacia el palacete. Cuatro delante y yo, solo, detrás.

Aún no estaba seguro de que mi propuesta para Victuar con respecto a Clodomira y Jacinto fuese a funcionar.

Tampoco estaba seguro de que Victuar quisiera hablar.

Pero de lo que sí estaba seguro era de que no estaría de muy buen humor y de que la sorpresa de nuestra visita le incomodaría sobremanera.

Así que, cogí el toro por los cuernos y -después de tanta insistencia por su parte- decidí contestar a su correo con una llamada.

 

– “Por favor, Jacinto, ¿sería usted tan amable de bajar un poquito la música? Tengo a Perlita de Huelva metidita en los tímpanos y voy a hacer una llamada a Victuar. Eso sí, haga usted caso de lo que dice Perlita y no corra, que la senda es peligrosa”, aproveché para decir yo, que estaba empezando a estar un poquito hasta el escroto de “Precaucióóóón, amigo conductooooor” y seguía viendo la nariz de Jacinto en puritito rojo pasión.

 

– “No se inquiete, don Jesús”, dijo Clodomira. “Mi Jacinto es un gran conductor. Y ahorita mismo le quito la música, que a mí tampoco me provoca. De esa señorita que canta (¡señorita!) solo me gusta el nombre: Perlita. Porque me recuerda a cuando una de mis primas…”.

– “Sí, Clodomira, gracias. Luego me lo cuenta. Ahora tengo que hacer la llamada”, interrumpí yo, sabiendo que de las cosas más irrelevantes, Clodomira era capaz de hacer una historia interminable.

– “A su orden, don Jesús”, sentenció ella. ¡Ay, Jacinto! Deja de silbar por el Fary que don Jesús tiene que hablar con mi señora”.

 

No tardó mucho Victuar en contestar, afortunadamente. Pero el tonito era verdaderamente ensordecedor e insoportable. Ya lo esperaba, así que lo previne con una buena y efectiva separación móvil/oreja.

– “Eres despreciable, cuqui” (incluso cuando está en su apogeo de mala leche sigue llamándome así). “No sé ni por qué te cojo el teléfono. Te he llamado tantas veces porque tengo un problema enorme y no te has dignado a contestar a ninguna de mis llamadas. Por eso te envié el correo que tampoco me has contestado, dicho sea de paso. ¿Qué se supone que tengo que hacer contigo ahora, eh? Yo siempre al pie del cañón y cuando más te necesito porque tengo un problema me dejas en la estacada. Claro, es muy bonito no empatizar. Como tú no tienes internas que se te quedan preñadas… Por supuesto, ¿qué sabrás tú de estos problemas domésticos? ¿Qué diablos sabrás tú? Mira, además es que no quiero hablar contigo, cuqui. Estoy muy, muy, muy enfadada. Te diría que infinito enfadada, pero es una pijada que hace años que no uso”,  interpretó ella como una Margarita Xirgu trasnochada, como la típica que acostumbra a vivir en un gran drama cuando se cree que tiene problemas.

 

Silencio sepulcral.

 

– “¡Cuqui! ¿Estás ahí?”.

 

Más silencio por mi parte.

 

– “¡Cuqui! ¡Cuqui!”, insistió Victuar.

 

– “¿Has terminado ya tu monólogo de Jacinto Benaverme?”, pregunté yo. “Porque los bordas, ¿eh?. Siempre te lo he dicho: eres un pedazo de actriz como la copa de un pino, hija. Lo que se ha perdido la escena española contigo. ¡Pelos de punta, Victuar! ¡Qué maravilla, por Dios!.

– “¿De verdad te lo ha parecido, cuqui? ¡Ay, que te adoro yo! Dime que querías”.

 

Nada como conocer a tus amigos y saber qué es lo que necesitan escuchar para cerrarles el pico de una vez en situaciones tensas o incómodas. Respecto a Victuar, yo soy perro viejo y sé lo que necesita. Y ella siempre se ha sentido una dama de la escena, aunque se haya quedado sólo en dama y las escenas las deje para montárnoslas a los que estamos a su alrededor.

 

– “Victuar, vamos hacia tu casa. Tú y yo tenemos que hablar de Clodomira. En un ratito estamos allí. No se te ocurra salir”, dije yo.

– “¡Esa insensata! ¿Cómo se le ocurre quedarse preñada ahora? ¿Y quién demonios será el padre? ¡Qué lista es la condenada! Cómo me la ha pegado. Con razón se pasaba el día bajando a Pepita VII, que el pobre ya salía huyendo cuando veía la correa. ¡¡¡Esta desvergonzada se iba a ver a ese sinvergüenza!!! Como si lo vie… ¿Has dicho “vamos”? ¿Y “estamos”?. ¿Tú y quién más, cuqui?

 

– “Yo, la desvergonzada y el sinvergüenza. Y estamos muy cerca. Por cierto, yo sí entiendo de problemas domésticos porque también tengo empleada del hogar, aunque no sea interna: María, mi rumana favorita. Y se me corta, cielo. Apenas tengo batería. Hasta ahora”.

 

Y colgué después de ni tan siquiera respirar y sin dar opción a la réplica. Además, apagué el móvil. Por si acaso…

 

Los tres continuamos ruta en dirección a casa de Victuar sin mediar una palabra. Tan sólo yo me permití el lujo de romper ese incómodo silencio para decir:

 

– “Clodomira, Jacinto, les ruego que cuando hable con Victuar no me interrumpan y me dejen hacer a mí”.

 

Los dos asintieron. Y el tiempo, sin Perlita de Huelva azotándonos, voló. El momento había llegado. La suerte estaba echada.

 

Mientras subíamos en el ascensor pude percibir los nervios de Clodomira y una cierta inquietud en Jacinto. Incluso la punta de su nariz había adquirido el color habitual. Aunque yo siguiera preguntándome si el rojo pimiento morrón era el verdadero y el de ahora estaba producido por esa inquietud.

 

Clodomira abrió la puerta y cuando entramos fuimos directamente a la estancia favorita de Victuar, donde intuíamos que ella se encontraba: el salón de té.

Allí, ella se había montado su propio escenario pretendidamente impactante: luces apagadas y cortinas corridas que únicamente permitían la entrada de un halo de luz que iba dirigido a su rostro. Y ella que -como os he dicho-  es muy teatrera, miraba al infinito, a un punto fijo. Como no podía ser de otra manera, ese punto fijo era el retrato de sus padres, los Filos, que gobernaba aquella habitación. Además, en medio de esa penumbra y de ese silencio, sonaba Wagner. Esta escena le daba justo el dramatismo que ella necesitaba. Lo dicho: un actrizón.

Huelga deciros que ella estaba espléndida, como siempre. Con la imagen impecable de señora ricachona de toda la vida. Para sus escenas, prepara hasta el ultimo detalle, tanto del entorno como de sí misma.

Victuar detesta los dramas pobres. Dice que bastante drama ya es ser pobre y que no puedes vivir otra desgracia peor que esa.

 

– “No encendáis la luz”, dijo con tono solemne. Con una voz tan impostada que no parecía la suya.

 

Nosotros también habíamos montado nuestra escena, aunque más sencilla: yo estaba situado cerca de Victuar. Tras de mí, Clodomira. Y justo detrás de ella, Jacinto, quien descansaba las manos sobre los hombros de su amada, como protegiéndola de no se sabia qué.

Además, Pepita VII había venido a saludar y decidió quedarse a los pies de Clodomira, sentadito y en silencio. Afortunadamente, no había ladrado ni una sola vez por lo que le di las gracias a Dios. Los perros son muy intuitivos para esto de los dramas y se debió oler que no era momento para ladrar. ¡Ay, Pepita VII! La de dramas que has vivido en esta casa…

 

Además, el monólogo estelar iba a ser mío, por mucho que Victuar ya estuviera concentrada y en pleno trance interpretativo.

 

– ¡Hola, Victuar! ¿Quieres decir algo antes de que yo comience a hablar? Preferiría que no me interrumpieras”, dije yo con un aplomo que pensé que no tendría.

 

En vista de que Victuar no contestó y seguía mirando fijamente el retrato de sus queridos padres, yo comencé con mi monólogo:

 

– “En primer lugar, te presento a Jacinto”, dije yo.

 

Victuar ni siquiera hizo el amago de mirar, seguía enfrascada en su escena. Así que proseguí:

 

– “Si me he atrevido a venir a hablar contigo de algo que no me concierne es porque -como amigo tuyo que soy desde hace muchos años- pienso que has sacado las cosas de madre, Victuar. Y he tratado de encontrar la solución que más os convenga a los tres.

Es evidente que Clodomira y Jacinto se quieren. Llevan un tiempo teniendo que verse a escondidas debido a un falso respeto que Clodomira cree que te debe, no porque hayan intentado ocultarte nada. Y porque estaban seguros de que tú no aprobarías esa relación.

Pero Clodomira tiene vida y quiere vivirla. Nunca te ha fallado, siempre ha estado pendiente de tí y ha sabido entender tus salidas de tono. Creo que ambas os queréis y significáis mucho la una para la otra. Tú eres muy especialita, Victuar, reconócelo. Y no vas a encontrar a nadie más, ¡a nadie!, que aguante lo que Clodomira lleva aguantado contigo. Y ya va siendo hora de que lo valores y sepas estar a la altura. Ni la vas a matar, como me dijiste en tu correo, ni la vas a despedir. La vas a mantener porque es lo que os conviene a las dos. Y respecto a Jacinto, le vas a contratar como chófer personal. Tú siempre andas quejándote de tenerte que coger taxis teniendo -como tienes- tres maravillosos coches del año de la tos, inmovilizados en tres distintas plazas de garaje que continuas pagando después de todos estos años. Tu difunto Alfonso siempre quiso que te sacaras el carné de conducir pero tú tenías la excusa perfecta para hacerte la loca y que te siguieran llevando de un lado a otro los demás, fueran taxistas o tu difunto marido. En fin, que no te pido que te pongas a ello ahora pero sí que cumplas los deseos de tu Alfonso y que disfrutes de esos coches como él lo hacia cuando vivía. Aunque ahora vaya a ser otro quien los conduzca. Jacinto es un experimentado conductor, no en vano es taxista, y desempeñaría el trabajo a la perfección. Además, tú siempre has querido tener un mayordomo en esta casa y, en los momentos en que no requieras de sus servicios como chófer, siempre puede servirte tu té de las cinco, entre otras cosas. Bueno, es evidente que Jacinto se trasladaría a vivir aquí, también como interno. De este modo, Clodomira se vería liberada de muchas de sus funciones con la ayuda de Jacinto. Y ahora que tiene dos criaturas en camino…”

 

– ¡¡¡Dos!!!, gritó Victuar espantada pero si dejar de mirar el retrato de sus padres.

 

-¿¿¿Dos???, preguntó Jacinto que de la impresión apretó los hombros de Clodomira con tanta fuerza que le provocó un alarido que casi la deja sin voz. Hasta Papita VII salió corriendo despavorido.

 

– “Si, dos. Y se van a llamar como mi señora: Victoria y Eugenia”, dijo Clodomira con carita de dolor y con el hilo de sonido que le quedaba en la garganta. Eso sí, con sonrisa llena de dientes y dando enormes muestras de orgullo.

 

Cuando escuchó pronunciar su nombre, Victuar -por fin- deshizo su gran escena y, emocionada, me dijo mientras miraba hacia Clodomira, quien seguía sonriendo:

 

– “Sí a todo, cuqui. No sigáis. Hoy no quiero llorar. Hoy no debe ser día de lagrimas sino de dichas”.

 

En ese momento, Pepita VII había vuelto a aparecer y se dedicó a descorrer una de las cortinas, lo suficiente como para destrozar el escenario de mi amiga y dejar pasar la luz necesaria para que cuando Victuar levantara la vista más allá de Clodomira, pudiese ver la cara de Jacinto.

 

– “¡Por los clavos de Cristo! ¡¡¡Pero si es usted!!!”, exclamó.

 

Y Pepita VII comenzó a ladrar como un descosido.

7 Comentarios

  1. Cristina Alises

    Que bueno!! Toda una reinona, Victuar. Y eso de acordarse de la cara del taxista me flipa…y es que yo soy tan despistada… Besos.

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Gracias, Cristina! Es una reino a, sí. Ella puede…
      Bueno, como para no acordarse de Jacinto. Con la de tiempo que pasó con él…
      Besazos para ti.

  2. Nada que sigo intrigada. Lo que se estan perdiendo las TV!!!. A parte de la foto de tu sobrino esta me encanta! Jajajajaja. BSS

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Jajaja. Bueno, cielo, lo que se pierden las teles lo ganáis vosotros de primera mano. ¿O no?
      Bueno, menos mal que no se le ve la cara a este chófer. Así lo dejo a vuestra imaginación. Le diré a mi sobri que eres Fan.
      Besazo.

  3. Maria Antonia

    Ay que bueno !!!! Estoy viendo a Victuar en una especie de trono y vosotros a sus pues, esperando oir « que les corten la cabeza » jajajajajajajaja, menos mal que Clodomira tiene un buen defensor, muy bueno Cuqui, genial !!! Me va gustando cada vez mas esta intriga. Que bien lo haces bribón ! ( lo de intrigarnos eh ? 😉
    Besazos por duplicado con una poliza de abrazotes guapo !

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      ¡Qué carácter tiene esta Victuar! Pero luego, en el fondo, es una buenaza. Pero es numerera, ella nació así…
      Me gusta que te guste. Las voy a dejar respirar.
      Ahora he de contaros otras cositas, ¿no!
      Besazos enooooooormes para ti también.

  4. Pat

    Jajaja!!!
    Me encanta la historia!!!
    Súper fan tuya, Jesús!!

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