Una pareja diferente - Parte V | Lo que queda del dia

Una pareja diferente. (Historias de Victuar y Clodomira. Y también Pepita…) – Parte V

(ver anterior artículo: Una pareja diferente. Historias de Victuar y Clodomira. Y también Pepita… – Parte IV)

…. Y preferí no discutir más.
Eso me pasa por intentar saber.

Después de casi dos horas de conversación, me atrevo a decir que más bien de monólogo (¡ríete tú de “El club de la comedia”!), por fin encontré un huequecito para formular la pregunta de la que más me interesaba saber su respuesta:

– “Bueno, ¿entonces mañana a qué hora?”

– “¿Qué te parece en el portal de casa a las nueve y media? Y de allí nos cogemos un taxi para la López Ibor”, me contesta ella.

– “¿De la noche?”, pregunto yo por preguntar sintiendo ya el desagradable aroma del madrugón sobrevolando mi hogar.

– “Ay, cuqui. ¡Bobo! ¿Cómo va a ser de la noche?, me pregunta ella en tono jocoso.

Y en ese momento comienzo a hacer un ejercicio de concienciación y mentalización: “es sano madrugar, es sano madrugar, es sano madrugar,…”

– “¿Sigues ahí? Mira, te coges un taxi, te vienes a casa, le dices al taxista que espere que para eso se les paga. ¿No cobran por esperar?. Te bajas, me tocas el timbre, yo procuro estar lista para esa hora, bajo y nos vamos. Lo pago yo, ¿eh?”, me dice porque sabe que voy a arremeter contra ella. ¡Es más lista que el hambre, la jodía!

– “¿Cómo que “yo procuro estar lista para esa hora”? Victuar, no me jodas y no me hagas esperarte que me largo. ¡Bastante que madrugo como para que me hagas esperar!

Y ella, después de decirme “¡qué ordinario eres, cuqui!” y haciendo caso omiso a lo que le acabo de decir me pregunta:

– “Por cierto, ¿necesitas dinero?”

Claro, y ya me desarma la cabrona. Y me quedo sin palabras y contesto con un tímido “no, mujer”. Siempre está al pie del cañón y encima sabe cómo cerrarme la boca.

– “Pues te dejo, chato, que en breve comienza la Campos y me entretiene. Te veo mañana. No te retrases. Ciao”.

Y me cuelga. Ella llama y ella decide cuándo terminar. Así es Victuar…

Esa noche tuve que tirar de Orfidal para poder dormir. De lo contrario me puedo pasar haciendo la croqueta durante horas y no llego a conciliar el sueño. No estoy acostumbrado.
Decidí poner el despertador a las ocho (os lo cuento y siento escalofríos). Me desperté, me levanté, tomé mi café, fumé mis pitillos, me duché, me vestí y me piré. O sea, lo mismo de todos los días pero con muchas horas de antelación.
Antes de coger el taxi para ir a casa de Victuar decidí pasar por la pastelería que hay al lado de casa para comprar una cajita de bombones para Clodomira. Un detallín. Le encantan los bombones de la caja roja de Nestlé. Lo comprobé cuando se me ocurrió llevarle una a Victuar en una de esas visitas que le hago cuando me invita a merendar. Perdón, convida.
Ella, aunque me agradeció el detalle, me dijo que había dejado el chocolate. Bueno, el chocolate y todo lo que creía que le engordaba. A la vejez…
Pero pude observar cómo Clodomira miraba la caja con cara de “¡qué desperdicio!”. Así que, le arrebaté a Victuar el regalo de las manos y le dije a Clodomira:

– “Usted no ha dejado los chocolates, ¿verdad?”.

Y ella, con su perfecta hilera de dientes, me dijo:

– “¡Ay, señor! Hay cosas que una vez que se prueban no se dejan nunca. Y no sólo hablo del chocolate. En mi país se considera un buen afrodisiaco, lo mejor para fo…”

Pero no llegó a terminar la frase porque Victuar, espantada, ya se encargó de interrumpir con un inquisitivo: “Clodomira, haga usted el favor de traer el café solo del señor”.
Y no hizo falta que terminara la frase porque yo supe lo que quería decir y nos guiñamos el ojo con complicidad. Bueno, yo lo guiñé como pude porque en estos cincuenta y un años aun no he aprendido a hacerlo. Es por ello que utilizo otros métodos de seducción mas directos…

He de deciros que esa misma tarde Clodomira terminó con todos los bombones. Ví como sobresalía la caja vacía de la bolsa de basura cuando se vino conmigo a abrirme la puerta y le pregunté: “Clodomira, ¿quiere que se la baje yo?. Ya me voy”

Y ella, siempre sonriendo, me contestó: “¡ay, no señor! ¡Qué “pecao”! Si la señora se entera de que usted me baja la basura me lanza a la calle de una patada en el culo, pues”.

A las nueve en punto de la mañana ya me encontraba dentro del taxi. Nos dirigimos a casa de mi amiga y en cuanto llegamos me bajé para llamar por el telefonillo, esperando que estuviera lista.

– “¿Quién llama?”, preguntó ella.

– “Victuar, soy yo. ¿Quién va a llamar? ¡No me digas que no estás preparada!

– “Hola, cuqui. Si, si lo estoy. Pero necesito que subas un minuto. Dile al taxista que espere, que para eso se les…”

No le escuché terminar la frase. Ya me dirigí al conductor para decirle que aguardase unos minutos. Saludé a Fermín, el portero, y cogí el ascensor hasta el piso de Victuar. Cuando llegué me estaba esperando con la puerta abierta y una enorme caja envuelta en papel de regalo y me dijo:

– “Ayúdame. Tengo que llevar esta caja al hospital. Es para una buena causa”.

Estas son las cosas que me maravillan de mi amiga. Siempre colaborando con los necesitados…

Cuando levanté la caja no me lo podía creer. Porque la ayuda consistía en que la cargase yo.

– “¡Dios mío! ¿Pero qué hay aquí, Victuar? ¡Esto debe pesar unos veinte kilos! Vamos bajando. ¡Venga, ya!”, grité yo, que además de madrugar me tocó cargar con peso, dos de las cosas que mas detesto.

Cuando llegamos abajo metimos la caja en el taxi y nos encaminamos a la López Ibor. Cuando llegamos, Victuar indicó al taxista que siguiera esperando. Creo que hizo el día a base de esperas. Esa no iba a ser la ultima…

– “Por favor, cuqui, la caja”.

Y allí estaba Clodomira, sentadita cerca de la recepción, rodeada de un nutrido grupo de primas, esas con las que ella sale a “tomar” cuando tiene libre. En cuanto nos vio, se levantó de su silla y vino a nuestro encuentro. Sonreía. Yo solté la caja (¡por fin!) y le di un para de besos con abrazo incluido.
Victuar dijo:

– “Qué buen aspecto tiene, Clodomira. La he echado mucho de menos. Esta caja es para usted. Es mi regalo de la paz. Nada que ver con sus hermanos bolivianos. Me refiero a la paz, como la pipa de la paz pero en regalo. Ábrala, le va a encantar lo que hay dentro…”

Las primas se acercaron entonces como las moscas a la miel. Y cuando Clodomira descubrió lo que había dentro de la caja, se emocionó. ¡Y yo me cabreé! Eran los veinte litros de Chilly. ¡No me lo podía creer!

– “Victuar, te juro que de esta te acuerdas”, dije yo entre dientes, tratando de disimular mi enfado.

– “Calla, cuqui. Luego hablamos. Si no le traigo nada se me echan las primas encima. Todas pequeñas como ella, pero peligrosas”, contestó como si fuera ventrílocua. Yo desconocía esa faceta de mi amiga…

Clodomira, emocionada perdida y con lagrimas en los ojos pero sonriendo, se puso a repartir litros de gel de higiene íntima entre sus primas, que lo aceptaban encantadas. Yo casi que lo agradecí porque me veía de vuelta a casa cargando con la dichosa caja. Y Victuar se sentía plena de altruismo, con esa cara que sólo saben poner las señoronas como ella cuando creen estar haciendo una buena acción.

Era tal el jolgorio de grititos y jergas varias que una enfermera vino a llamarnos la atención y nos pidió silencio. La verdad es que pocas veces he visto a un grupo de mujeres parecer más desatadas. Bueno, si. En los espectáculos de strip-tease masculino.

Cuando el reparto de los geles llegó a su fin, todos nos despedimos y salimos en dirección al taxi que aun nos estaba esperando. Una vez dentro y antes de arrancar, Clodomira (sentada junto al taxista) dijo:

– “Señora, necesito pasar antes por El Corté Inglés”.

– “Clodomira, ¿no lo puede dejar para mañana? Hace bastante más de una hora que ha comenzado el programa de Ana Rosa”, dijo -cómo no- Victuar.

– “Por favor, al Corte Inglés que le pille de paso”, le indiqué yo al taxista mientras miraba desafiante a Victuar. “¡Egoísta!”, le dije por lo bajini…

El silencio reinó durante todo el trayecto. Y cuando llegamos a los grandes almacenes, Clodomira avisó: “tardo cinco minutos, señora”.

– “Como si son treinta, ¿verdad?”, le pregunté al conductor.

– “Si, si, caballero (de capa y sombrero). Si a mí también me pagan por esperar…”

Yo solté una risotada y la cara de Victuar era un poema.

Clodomira apareció con una caja un poquito más grande aun que la que ella acababa de recibir, acompañada de un empleado de los grandes almacenes que hacia las veces de porteador. Había tardado exactamente los treinta minutos que yo había previsto, tiempo que invirtió Victuar en farfullar. Lo único que conseguí entender fue el nombre de Ana Rosa. Y yo, ni caso.

– “Esto es para usted, señora. Ábralo”, dijo Clodomira con su sonrisa habitual pero aderezada con una mirada que yo nunca había visto antes.

La cara de Victuar pasó repentinamente de poema a epopeya. Y sorprendida, con la caja encima, comenzó a abrir el paquete. Cuando consiguió deshacerse del papel descubrió en el interior diez cajas del Velvet Smooth con Diamond Cristals de Scholl, otros diez paquetes de Tampax Compact Pearl, diez más del ritual de belleza Velvet Spawax, diez máscaras Lash Beautifier de Astor, diez ácidos hialurónicos Revitalift Filler, diez tintes Original Remedies de Garnier y diez tubos de Colgate Max Ice One Optic con sus diez Oral B 3D White Lux efecto perla. Los de la Shakira esa.

– “¡Dios mío, Clodomira! ¡Esto le ha tenido que costar la hijuela! ¿Pero tánto le pago?”, preguntó mi amiga emocionada. Y con lagrimas en los ojos, sin dejar de mirar el interior del paquete (aquello era un pozo sin fondo) y sacando todos y cada uno de los artículos como niña con zapatos nuevos, aparecía la cara sonriente del taxista por el espejo retrovisor.

– “No se hace usted una idea”, contestó Clodomira mientras me miraba con esa mirada para mí desconocida y me enseñaba abiertamente una Visa Platino donde pude ver con asombro: VICTORIA EUGENIA DE LA RIVA-ALONSO Y BAIZCARTEGUI.

Mis carcajadas todavía resuenan en las puertas de El Corté Inglés.

Y el taxista siguió su ruta…

8 Comentarios

  1. tu Luchy

    Jajajaja. Cada día me priva más la pareja

  2. Cristina Alises

    Jajajaja! En el mc donalds de sevilla santa justa resuenan las risas también!! Genial!

  3. Lara Cobos

    Q lista Clodomira!!! Me encanta!! Jajaja

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