Una pareja diferente - Parte VII | Lo que queda del dia
pareja diferente

Una pareja diferente. (Historias de Victuar y Clodomira. Y también Pepita…) – Parte VII

(Ver anterior artículo)

– “¡Clodomira Magro, por favor!”, gritó la zorra e inoportuna de la enfermera.

Huelga deciros que no entré con ella. Ni siquiera me ofrecí, por si acaso. Hay visiones que nunca se olvidan… Pero ella se fue tan contenta, cogida del brazo de la enfermera. Aunque yo noté cierta excitación en su voz cuando, volviendo su cara hacia mí, me dijo sonriendo:

– “Ahorita mismo le digo, don Jesús. En cuanto salga. Pero piense, piense,… Usted es muy listo, mucho más que doña Victuar”.

Y allí me quedé, solo, sentado en la sala de espera. Intentando averiguar quién había sido el causante de que yo me encontrara en la consulta de un ginecólogo de pago, habiendo madrugado y perdiendo completamente mi mañana. Con lo que mi cutis agradece dormir.

Estuve dudando entre coger el “Diez minutos”, que traía en portada los titulares: “Terelu Campos no ha vuelto a sonreír y Maria Teresa Campos, dicha sin igual con Edmundo”. Ambos titulares de inmenso interés internacional.

Me tentó también el “Lecturas”, que me ofrecía el drama de Isabel Pantoja: “Isabel, de presa en el interior a presa del pánico en el exterior”.

Pero ahí estaba el “Cosmopolitan”, con un reportaje a todo color de la otrora top model -y ahora desequilibrada e ingresada en un sanatorio psiquiátrico debido a las múltiples violaciones de las que fue víctima- Karen Mulder, para entretener mi indefinido tiempo de espera.

Así que, me decidí por esta última. Porque, además de la llamativa portada, siempre ofrece en el interior unos interesantes tests para saber si eres una verdadera chica “Cosmo”, lo cual también es de interés internacional, como las desdichas y las dichas de las Campos.

Y es que, una vez que sabes el resultado y ha salido positivo, hace que te preguntes: “¿y para qué coño quiero ser yo una chica “Cosmo”? ¿Acaso me regalan una paletilla ibérica con incrustaciones de Swarovski?”.

 

Bueno, que la cosa es que cuando iba a sacar mi bolígrafo para sumergirme en el fascinante mundo de los tests y confirmar así que soy una chica “Cosmo” ejemplar, me distrajo una voz que me preguntó:

– “¿Es su primer hijo? ¡Enhorabuena! Su mujer tiene un aspecto imponente”.

 

Y yo, con el boli en una mano y la Virgen del Rocio en la otra (como la difunta Carmina Ordóñez), el “Cosmopolitan” abierto sobre mis piernas, sin saber muy bien qué hacer en un ginecólogo y sintiéndome momentáneamente el menos masculino del mundo, le contesto, como para disimular:

– “No, señora. Es el séptimo. Y estamos de contentos…”.

 

Y mientras tanto, le pedía a Dios que Clodomira saliese de una vez. Es que no puedo con las señoras que tienen tendencia a preguntarte todo sin conocerte de nada. Y me lo estaba oliendo. La veía venir…

– “¡Qué maravilla! Nada menos que siete. Pues no sabe usted cuánto me alegro. Los niños son una bendición, ¿verdad?”, sentenció ella comenzando a entusiasmarse.

– “Si, señora. Lo son. Más que una bendición, son dos. Así que, multiplique. Tengo seis hijos y con el que viene, siete. Multiplicado por dos bendiciones cada uno, hacen un total de: ¡¡catorce bendiciones!!”, contesté. Y automáticamente escuché en mi mente la música del “1, 2, 3, responda otra vez”. Y me sentí gilipollas de nuevo. Nunca me he sentido tan repetidamente gilipollas en tan corto espacio de tiempo.

 

Debido a la cara de estupefacción de la señora inquisidora, y con el fin de quitármela de encima y dar por zanjada la conversación sobre mi supuesta paternidad de siete vástagos, aún tuve el valor de preguntarle mientras le ofrecía mi revista:

– “Disculpe, señora ¿le apetece saber si es usted una verdadera chica “Cosmo”?

– “¡Cecilia Cortés Courel!”, gritó la enfermera.

 

Entonces, mi interrogadora se levantó, me miró entre furibunda y desconcertada y se alejó con la enfermera. Retiro lo de “zorra e inoportuna” de antes. ¡Gracias, cuerpo de enfermeras de España!. Y pensé: “¡Qué gracia! Sus iniciales son CCC, como los cursos de formación a distancia. ¿Será allí donde ha obtenido un diploma de impertinenciología y preguntas gratuitas? Con CCC, venga, ¡llámame!.

 

Y comencé a hacer el test. Me inquieta más ese resultado que el del próximo Real Madrid-Barça, francamente. Pero cuando no había ni contestado a la sexta pregunta de las treinta y cinco (es muy duro proclamarte chica “Cosmo”, supongo que por eso la paletilla ibérica incrustadita de Swarovski) y estaba totalmente centrado en mi tarea, escuché la voz de Clodomira:

– “Don Jesús, ya estoy pronta. Cuando quiera nos marchamos”.

 

Y según me incorporaba, ella -que es más larga que el canal de Suez- me pregunta:

– “¿Estaba usted intentando saber si es un señor “Cosmo”? (Qué mona y que discreta: ¡un señor “Cosmo”) Yo lo fuí. Un día le agarré prestada una revista a doña Victuar y nos hicimos la prueba mis primas y yo. Aunque sólo yo salí vencedora”. (Esto me lo dijo con una sonrisa de orgullo que le iba de oreja a oreja)

 

Yo me sentí totalmente pillado y sin saber muy bien qué decir. Así que ella, que es muy resolutiva, me dijo:

– “Ande, don Jesús, agarre la revista de una vez que no mira nadie. Y termine la prueba en su casa, que son harto preguntas. Verá qué satisfecho se siente con el resultado”.

 

Clodomira daba por hecho que el resultado iba a ser positivo. Mira, eso me dolió y me hizo sentir orgulloso a la vez. Así que cogí la revista, me la escondí bajo la cazadora y salimos arreando, como dos fugitivos que acaban de robar en el Carrefour Express un desodorante Tulipán Negro para sobaco recalcitrante, una laca Nelly tamaño familiar especial para rulo caliente o bigudí y un champú Sunsilk para cabellos secos. Me encantó ver la complicidad en la cara de Clodomira y, de nuevo, su sonrisa cuajada de maravillosos y perfectos dientes blancos.

 

Era un gustazo verla correr delante de mí dando esas zancaditas rápidas y cortas. Esas zancaditas que únicamente las personas de su tamaño son capaces de dar.

 

Cuando ya estábamos en la calle y me disponía a proponerle irnos a desayunar juntos con el fin de que me contara de una vez quién demonios era el padre de la criatura, se me adelantó y me dijo:

– “Don Jesús, he quedado con mi Jacinto para tomar un café. A él le gustaría que usted viniera. Quiere darle las gracias por todo lo que ha hecho. Y aunque sólo tiene quince minutos, mi Jacinto dice que no le importa perderlos con usted”.

 

Así que, comenzamos a caminar, siendo ella quien dirigía el paso.

 

Tanta franqueza me abrumó, la verdad. “¿Perder quince minutos conmigo?” En ese momento no supe si cagarme en ella o en el dichoso Jacinto. O en los dos. Que ya puestos a cagar…

Pero me podía más la curiosidad e hice caso omiso a la posible pérdida de tiempo del tal Jacinto. Y contesté:

– “Si, claro, Clodomira. No se preocupe. Hoy me he levantado con ganas de hacer perder el tiempo a los capullos de jacintos de España”.

– “¿Mande, don Jesús? No agarré la chanza”, dijo ella.

 

Y yo, que no tenía ganas de explicar, contesté:

– “Nada, Clodomira, nada. Que la fragancia de las flores del jacinto es espectacular, ¿verdad?”.

– “¡Ay, sí, don Jesús. mi Jacinto huele a…!”

– “Deje, deje, Clodomira. No se esfuerce. Ya me lo cuenta otro día. ¿Dónde ha quedado con él?”.

 

Y ella, señalando con su mentón, me dijo:

– “Acá. En este bar, don Jesús”.

 

¡Qué nervios! Ya habíamos llegado. Por fin se iba a desvelar el misterio del ya famoso Jacinto.

– “Allá está”, dijo Clodomira dirigiéndose a un hombre corpulento que estaba de espaldas.

 

¿Quién sería ese Jacinto?

Me fui acercando poco a poco, poco a poco, hasta que él fue sorprendido por Clodomira, quien le rodeaba con sus bracitos y le besaba como sólo una mujer enamorada sabe, puede y quiere hacer.

Entonces, él se levantó y cuando se dio la vuelta…

¡No me lo podía creer! Claro que le conocía.

Y en ese momento supe cuán inmenso era el poder de seducción que Clodomira podía ejercer sobre un determinado tipo de hombres.

¡Caramba con la mosquita muerta!

(siguiente capítulo)

6 Comentarios

  1. Roberto

    El mundo sería mejor con catorce hijos tuyos, eso seguro y que eres Cosmopolita te lo confirmo yo y te ahorras el test! Pero yo no te envío el ibérico enjoyado…

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      ¿Te imaginas catorce Asumendines desperdigados por territorio internacional? ¡Qué pesadilla, Roberto!
      Te agradezco que me cosmopolitices, aunque me quede sin paletilla. Además el Swarovski hace a malo y pretencioso. ¡Ea!

  2. Cristina Alises

    Toma ya!! Yo, esperando desesperada y… zasca!! Me quedo sin saber quién es Jacinto, el sexo del bebé de Clodomira y, lo más importante: eres chico Cosmopolitan?? 😉 Eso es mantener a la audiencia enganchada. Deseando que llegue el jueves!! Muchos besos, guapo.

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Paciencia, Cristina, paciencia. Lo único que te puedo adelantar es que no he hecho los tests. No soy chico “Cosmo”, de momento. ¡Vaya por Dios!
      Ya ves, creando un poquito de suspense…
      Besazos para ti, cielo.

  3. Maria Antonia

    Siempre lo leo dos veces por si, mientras me carcajeo, se me escapa algo. Me habria encantado ver tu cara al responderle a la pesada esa que « es el septimo » debio ser buenisima 🙂 por otra parte estas historias por entregas enganchan muchisimo …. y lo sabes golfo ! Besitos, mimitos y un abrazo de oso … cariñoso.
    P.D. se me olvidaba, las torrijas de tu madre que tal ????

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Maria Antonia, ni te imaginas lo pesada e impertinente que puede ser la gente en las salas de espera. Bueno, seguro que has tenido alguna que otra experiencia…
      Me encanta que estés enganchada, de verdad.
      Y también me encantan las torrijas de mi madre. ¡He vuelto a coger kilos! ¡Ay, Dios!
      Besazos, achuchones y cucamonas.

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