Unas urgencias de pesadilla | Lo que queda del día | Blog de Jesus de Asumendi

Unas urgencias de pesadilla

¡Hola, amiguit@s!

Me he pasado el día de ayer en las urgencias. No sé, me se debió ir la mano con algo que tomé y estuve todo el día venga de gomitar, venga de gomitar. Y contra más gomitaba, menos ganas tenía de moverme de casa pero llegó un momento que ya no podía con mi cuerpo. Me sentía como que me se salía el alma con la gomitona.

Así que me armé de valor  y decidí acudir a mi centro más cercano. Y como no tenía ni ánimo ni cuerpo para transporte público, decidí pillar un taxis. Sólo uno. Bueno un taxis de ida y otro taxis de vuelta.

Lo malo que tienen las urgencias es que están llenas. De a ver sabido que ivan a estar así me abría quedado en casa. Pero estaba muy malamente. Estaba mayormente malo.

Y no quería esperar para ir entre diario porque de seguir así me iva a quedar sequito.

Yo creo que ahi gente que no tiene demasiado que hacer y se dedica a hechar la tarde en las urgencias, impidiendo así que los que verdaderamente nos sentimos malamente podamos entrar prontamente. De echo, habían muchos pacientes que tenían pinta de tener una salud de yerro. Yo no hacía más que rejurjitar, como las serpientes. Yendo y viniendo del labavo sin cesar.

En mis momentos de calma, pensaba en la gente que iba a los hospitales por motivos más importantes que un simple gómito. Por ejemplo, la gente que tiene diabetis o, sencillamente, los que van a hacerse una lamparoscopia. Algunos, entran ya en estado tomatoso inclusive.

No sé, tampoco estaba yo para enfatizar mucho con los demás. En definitiva, ¿cómo se puede enfatizar con alguien que tiene una enfermedad que tú no tienes? Además, en cuanto que uno va a las urgencias es porque se siente mucho peor de lo que se puedan sentir los demás que están esperando. Y ese era mi caso.

Y yo venga de esperar y venga de gomitar… ¡Qué pesadez!

Bueno, como decía aquel, la paciencia es la madre de la ciencia. Es cuestión de mentalizarse. Cuando uno va a estos sitios se expone a que surgan contratiempos.

Tuve un momento de calma y me dio por recordarme de mi familia. No quise llamar a mi mama para no preocuparla. Si la llamo y la digo, la mareo. A ella no la gusta que ni mi hermana ni yo los pongamos malos.

Cuando me tocó el turno, ya sólo habían unas gentes en la sala. Me se estaba haciendo eterno.

Entonces me recordé del queso brik que me había tomado la noche anterior y pensé que ese triángulo horrible era peor que el de las Bermudas. Se conoce que estaba caducado y no me di de cuenta. Pero empezaba a entenderlo todo.

Me distraí un poco con la conversación de los de al lado mía. El caballero, que había ido con su señora, no había dejado de estar encima suya preguntándola insensateces para distraerla. Y diciéndola cosas, como increpándola. Que si cuando te sentistes mal tuvistes que a ver venido, que si te cuidarías más otro gallo te cantara, que si escuchastes lo que dijo el otro día la hija de la Montse… En fin, una retáila de reproches que para qué. Y ella mala. Y él poniéndola más mala aún.

Reconducí mis pensamientos y deducí que debido al estado de la señora, aunque habían llegado detrás mía, pasarían por delante mía. Como así fue. Estaba claro que mi gómito no era suficiente para yo pasar por delante suya. Y alrededor nuestra todavía habían más personas. Me estaba empezando a cansar de esperar. Afortunadamente, ya no tuve que volver al baño. No me quedaba en el estómago ni brik ni brak. O sea, vacío.

Hacía muchísima calor y decidí quitarme el jarsey porque ya estaba sintiéndome al morir.  Y eso, a pesar de la frescor de afuera. Pensé en salir a fumar pero, si lo hacía, tal y como tenía el estomago, no sé cómo me iba a caer. Decidí quedarme así, medio recostado del costado, hechándome la cazadora pur cima.

Y creo que me sumí un poco, pero profundamente además. La debilidad es lo que tiene, que te da sueño. Lo último que recuerdo es la mano de la enfermera como zarandeándome para despertarme, sin aviso ninguno.

Cuando abrí los ojos no había nadie. Estaba en una cama, en mi cama. Y sí, era ayer. Pero yo me estaba despertando de la siesta, de mi siesta reparadora. O sea, que lo había soñado todo. Me encontraba como un roble. ¡Si hace un montón de tiempo que no como queso brie!.

Aún así todo me resultaba tan sumamente familiar…

¡Ah, claro! No era la situación en sí, sino el lenguaje tan atroz y la manera tan nefasta de contar la historia. Y es que parece que me obsesiona tanto, tanto, que hasta me hace tener pesadillas. Será que veo mucho “Sálvame” o que no doy con la gente más adecuada en mis aplicaciones guarronas.

Yo sigo con mi cruzada particular. No sé si cada día soy más intolerante o cada día me hace más gracia. Porque hay que reconocer que es un verdadero filón para alguien como yo.

Sea como fuere, aquí tenéis algunos ejemplos de conversaciones mantenidas o escuchadas en la última semana, recopiladas en un relato corto convertido en una pesadilla. ¿Y hay algo que te proporcione mayores pesadillas que el tener que pasar toda una tarde en urgencias? Sí, escuchar o leer cosas así. Aunque ir a urgencias tiene lo suyo, ¿eh?

Pues eso, ha sido una manera de aunar las dos cosas. Pero que estoy bien, ¿eh? Pura ficción.

Aunque se me ocurre un juego: el primero que sepa decirme el número exacto de errores, se llevará -sin sorteo- una caja de brie traída ex profeso para la ocasión.

Huelga deciros que es un brie completamente fresco. No quiero que terminéis en urgencias.

¡Hasta la semana que viene, amiguit@s!

Y disculpad esta ida de olla…

8 Comentarios

  1. Ana

    Que zusto, pensé que también avias gomitado la ortografía. Jijijiji no me deja poner más errores el corrector.

  2. Dompy

    Ahora ves y dila a la enfermera que no te vuelva a zarandear… jajaj

  3. jajajaja, con la semana de estrés que he llevado, comenzar una nueva así ha sido genial. Te lo juro que me has hecho reir, y no es fácil. Que no es lo mismo sonreir que reir. Eres un “maquina” macho.

  4. Maria Antonia

    Tengo que confesarte que, si bien al principio me preocupaste, me he reido tanto que la que casi va a ùrgencias soy yo. En cuanto vi tanta falta pense : o nos toma el pelo o se ha buscado un negro mientras se recupera ( o para ayudarte a recuperarte, ejem, digo yo eh ? )y dicho ayudante no era muy ducho en estas lides literarias. Pronto confirme que no habia de que preocuparse y, entre lagrimas de risa, empece a pensar de donde sacas todas estas cosas, eres capaz de hacer reir al mayor muermo del mundo, eres genial ! Te admiro cada dia mas y te mando un besote y un abrazo de oso amoroso, guapo !

  5. Darío

    Jesús, gomitar tanto no es para pitorrearse porque si desidratas y no yega suficiente sangre al celebro te puedes quedar en estado vegetariano. Asín que cuidado…

  6. Cristina Alises

    Pesadilla de las gordas!! Y yo pensando que se te había gripado el autocorrector…

  7. luisa

    Me alegro que solo fuese una pesadilla, en todos los sentidos

  8. RICARDO L VARGAS

    Jesús, tus historias como siempre tan originales y divertidas. Y todas con ese sentido del humor que es ahora más necesario que nunca. Te sigo desde hace varios meses y ya soy un fiel seguidor de tu blog.

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