Viajar a Australia y Nueva Zelanda - V | Lo que queda del dia

Viajar a Australia y Nueva Zelanda (En tierra extraña) – Parte V

“13 de Julio de 2014

 

¡Buenas noches, amiguit@s!

Ya estoy en Auckland. Maravillosa ciudad, aunque me quedo con Sidney.

Como ya os imaginareis, mi entrada a este país no fue fácil, por supuesto.

Os cuento…

El vuelo, perfecto y cortito. Unas tres horas desde Sidney hasta aquí. Los sándwiches ricos y la cerveza fresquita, como a mí me gusta. Además, yo me zampé una bolsa de patatas gigante y una banana enorme que llevaba en mi equipaje de mano. Las películas, estupendas. Me decidí -¡cómo no!- por “Lo que el viento se llevó”. Es que no lo puedo evitar. Cada vez que tengo la oportunidad de verla, no me la pierdo y esta vez, aún sabiendo que no podría terminarla, me la puse. ¡No hay otra igual!.

parte-7

En resumidas cuentas, que cuando Scarlett O’Hara pone a Dios por testigo de que jamás volverá a pasar hambre, aterrizamos. ¡Y comienza la pesadilla!

Primera cola, bien larga: control de pasaportes. Espero, espero, espero,… y por fin me toca. Chico guapo abre pasaporte. Chico guapo me mira a la cara. Chico guapo pasa de mí. Chico guapo me desea… ¡una feliz estancia!

Segunda cola, bien larga: recogida de maletas. Después de ingentes cantidades de cajas de un volumen no inferior a un metro y medio cúbico, pertenecientes a toda la población asiática que un país puede permitirse acoger (¿qué coño llevarán en esas cajas, chop suey para la eternidad? ¡Qué pesadilla!) aparece mi maletita de veintitrés kilogramos. ¡Una cosita cómoda!

Tercera cola, bien larga: la pasada del equipaje por el escáner. ¡De verdadero pavor! Porque si no me endiñaron los asiáticos con sus carros y sus cajas por todos los flancos unas diez veces, no me endiñaron ninguna. Al salir mi bolsa de mano por la cinta transportadora escaneadora, se me quedó enganchada la bandolera de la bolsa de mano. Al quinto: “excuse me!”, y al no recibir ayuda por parte de la fea amargada que manejaba el buen funcionamiento de la cinta de la cola que me tocó, me encaramo sobre dicha cinta para intentar pescar la bolsa, que para eso es mía. ¡Oye, y no se inmutó la muy zorra!

Cuarta cola, bien larga: la de “¿estás seguro de que no tienes nada que declarar?”. Esta ya fue como de coña. Después de esperar un buen rato a que me tocara NO declarar nada, mantengo la siguiente conversación con el funcionario de turno:

Él: Do you speak English?.

Yo: Just a little, yes.

Él: Do you come for holidays?

Yo: Yes, I do.

Él: (en puritito español) ¿Llevas carne, fruta, quesito,…? (¡Ay!, qué manía de amariconarse con los diminutivos, oye! Ya os lo dije: como Ed).

Yo: ¿Quesito? Not at all.

Él: Have a nice holidays, sir!

Y paso, meado de la risa (a pesar del tiempo que llevo invertido en intentar entrar en tierra extraña) porque el quesito me ha calado muy hondo, ¿qué queréis que os diga? No importarían los cinco gramos de farlopa, la recortada o el millón de dólares en dinero negro. Lo importante es el quesito. Y digo yo que si la marca es “The cow that laughs”, pues even better. ¡Qué fuerte todo, amiguit@s!

Quinta y última cola, bien larga: la de la salida. Ya veo la luz, como Carol Anne en Poltergeist. Parece que estoy escuchando la voz de Tangina Barrons: “¡cooooorrrrre hacia la luuuuuz, Carol Anne!”.

Pero la luz es Ed, el pobre, que lleva esperando la hijuela.

Y en ese pasillo interminable, con mi maleta de veintitrés kilos y mi bolsita de mano, me encuentro un perro que se me cruza. Y viene hacia mí. Es un precioso Beagle. Y allá voy yo, a hablarle como yo le hablaba a mi Hugo: “Peroooooo, ¡que te como! ¡Dámelo ya! ¿Pa quién es?”, y esa retahíla de frases sin sentido que a mi Huguito le encantaban.

Entonces, el perro me hace un quiebro y ¡me mete el hocico en todo el culo, oye!. Y yo, vuelta. Y él, al mismísimo objetivo Birmania. Y yo, vuelta. Y él, dale que te pego, empeñado. Y me digo yo a mí mismo: “Joder, este país pinta bien”. Pero el perro va acompañado de una camionero parecida a aquella que nos quería requisar la fruta (¿recordáis esa historia?). Pues eso, muy parecida la buena señora.

Y me pide amablemente que abra la bolsa de mano. ¡Ay, ya no doy crédito! Y me pregunta si llevo algo de comer y le digo que únicamente a lot of chewing gums de diferentes gustos. Y me pregunta que qué más. Y contesto que nada. Y el perro ha pasado de mi culo a mi bolsa. Y la camionero sigue preguntando. Y a mí se me empieza a disparar la mala milk.

Entonces, Ed se acerca antes de que la monte. Y le dice amablemente a la camionero:

– “Sí, es que llevaba una banana pero se la ha comido en el avión”.

Y la camionero le dice al perro mientras le da una chuche: “Good boy!”

Y yo paso -¡por fín!- a Auckland.

Y noto una sonrisa de medio lado en la cara de Ed que no me gusta un pelo.

¡Prometo venganza catalana!”.

 

“15 de julio de 2014

 

¡Buenas noches, amiguit@s!

Mañana volvemos a Auckland.

Esto de Rotorua ha estado bien. Frío, vacío, caro (ya no me sorprenden ninguna de las tres cosas) y con un hedor bastante peculiar. Ha sido exactamente como vivir los dos últimos días inmersos en un gigantesco huevo duro.

¡¡¡Qué oleur!!!

Es lo que tienen las cosas volcánicas… Eso de los sulfuros.

Maravilloso SPA en el hotel. Pésimo wifi (y de pago, claro). Pero una ciudad digna de visitar.

parte-6

Las construcciones maoríes no tienen desperdicio. Los habitantes son encantadores. He conocido a un pedazo de tío de dos metros de alto por dos metros de ancho que había vivido en Tarragona mientras trabajaba bailando en Port Aventura. Cuando le he preguntado si hablaba español me ha contestado: “un poquito”, como Ed con el aceite de oliva o como el del aeropuerto de Auckland con el quesito.

¡Se me ha caído un mito de dos por dos! (Pero menos mal que no me ha caído encima…)

Los nombres de por aquí son muy sencillitos de retener. ¡Ay, Dios! No hay nada con menos de cinco K’s…

Bueno, que me ha gustado mucho. Como todo.

Queridos, hasta la próxima conexión.

Sigan disfrutándome, como a Cayetana Guillén Cuervo”.

 

“16 de julio de 2014

 

¡Buenos días, amiguit@s!

De vuelta en Auckland.

Terminar algo bueno, abandonarlo y volver a la normalidad siempre resulta algo triste. Pero cuando se pasa por lugares como los de las fotos, ese abandono resulta -simplemente- ESPECTACULAR.

Además, mi vuelta a la normalidad es Auckland. Así que,

¡Bienvenidos de nuevo a Auckland! Ya os iré contando.

Después de más de un mes, este va a ser el primer fin de semana que vaya a pasar solo. Ed tiene que marcharse a casa de su padre por problemas familiares. ¡Pero yo no! Así que, me he cogido un hotelito mono, muy mono. Y céntrico. Pa mis cosas, oye…

¡¡¡Arrrrriba Auckland la nuit!!!

Les seguiremos informando. Permanezcan en sintonía…”.

5 Comentarios

  1. Cristina Alises

    Ains!! Me tenías con el mono!! Pero te lo perdono si tiene que ver con el morenazo que sale a tu lado en las fotos del feisbu. Besos!!

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      Pues no sé qué decirte, Cris. Algo tiene que ver con un moreno, sí.
      Pista: NO es el de las fotos…
      Besazos, corazón.

  2. Maria Antonia

    Tu solo en el hotelito …. eso promete,deseando conocer la continuacion me dejas. Y puenso yo, hay que ver el comerse una banana todo lo que provoca en un perrito adiestrado …. me intriga mucho ! Besazos y achuchones, se muy feliz guapo !!!

    • El De Asumendi ese
      El De Asumendi ese

      ¡Ya lo creo que prometía! Prometía y prometió. ¡Y mucha promesa! Casi todos los días prometí…
      Si, Maria Antonia, sí. No sabes cómo tienen el olfato de desarrollado esos perritos. Aunque ahora que lo pienso, si nada le distrajo del olor de la banana es que yo iba bien limpito. En mi línea.
      Eso sí, entramos en terreno un poquito peliagudo. Así que, aquí lo dejo.
      Besos y achuchones para ti. Y multiplicados por diez.

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