Visitas Guiadas | Lo que queda del dia | Blog de Jesús de Asumendi

Visitas Guiadas

¡Hola, amiguit@s!

Como muchos de vosotros ya sabéis, me encanta viajar. Aunque últimamente las circunstancias no me permitan hacerlo. La falta de tiempo -y de dinero principalmente- hacen que me quede en casa y con las maletas vacías.  Bueno, espero que las cosas cambien pronto. De hecho, sé que van a cambiar.
Y entonces me quejaré de tanto viajar.

Es lo que sucede cuando el trabajo que uno va a tener consiste -entre otras cosas- en eso, precisamente: en viajar.
¡Uf! Qué pesadez, mañana tengo otro Oslo.
¡Ay! No puedo con los Londres, llego muerto.
¿Dónde voy a ir? A Berlín. Si estoy abonado. ¡Este mes me han caído todos a mi! Qué horror. Me cago en la Merkel.

Prometo no quejarme mucho, ¿eh? Además, seguro que acumulo historias interminables para poderos contar.

En realidad, cuando hablo de viajes, hablo de esas ciudades a las que les vas a dedicar mínimo una semana de tu tiempo. Una semana en la que tu objetivo principal es volver a casa reventado, necesitando otra semana de vacaciones para no hacer nada y poder recuperarte.
Esa semana en la que intentas recorrerte la cuidad de cabo a rabo visitando los lugares más emblemáticos. Las callejuelas, los monumentos, los parques, las iglesias y/o las catedrales, los mejores restaurantes (aunque tan sólo te pidas la consabida cerveza porque suelen ser prohibitivos) y una amplia variedad de museos.

Que yo me pregunto si verdaderamente merece la pena visitar de pasada tanto museo. Si el museo es majestuoso, como ocurre con el Prado, ¿merece la pena invertir uno de tus siete días en visitar un museo? ¡Si apenas te da tiempo!

Y si no es el Prado, ¿para qué ir? Salvo que sea el Louvre, seguro que es muchísimo peor. Yo es que no concibo la idea de pasar tres de tus siete días metido en un antiguo palacio ahora lleno de pinturas, escultura u otras obras de arte. Del arte que sea.
¿O sí…?

A ver, he descubierto una serie de curiosos museos distribuidos por el mundo que son los que te permiten hacerte tres visitas en un día. En vez de tres días a visita diaria, tres visitas en un solo día. Se pierde menos tiempo y se ve más. Vale, estamos de acuerdo. No ves Goyas, ni Velázquez, ni Rubens, ni Rembrandts, ni Grecos. Pero te echas unas risas, que en vacaciones es lo que más te apetece. Y te evitas poner caras de “cómo me impresiona el tenebrismo”, “uf, cómo manejaba este hombre los claroscuros” o “¡qué maravilla! Este bordaba las perspectivas”.

Total, cuando uno no entiende de pintura ni de arte, en general, ¿para qué poner caras y hacer comentarios innecesarios?

¿Para poder decir que has estado e ilustrarlo con un selfie robado justo delante de La Gioconda?

Es más entretenido, por ejemplo, ir al Museo del Calcetín, en Tokio. En el Museo Naigai podréis conocer todo lo relativo a esta interesante prenda de vestir que generalmente pasa desapercibida. Y tenéis para amortizar la visita, pudiendo contemplar la colección más grande del mundo: veinte mil pares. Algunos tan originales como los que se calientan a pilas. Teniendo esto, ¿quién quiere un Klimt?

Siempre -con el fin de entretenernos- podemos visitar en Kaunas (Lituania) el Museo del Demonio. Hasta mil setecientas imágenes sobrecogedoras del diablo y objetos relacionados con el culto satanico se pueden ver en este espacio. Eso sí, si eres de aquellos a quienes no les da miedo ver “El exorcista”. Con museos así, ¿a quién le interesa Murillo y sus vírgenes?

¿Que decidís viajar al otro lado del mundo, por ejemplo a Australia? Pues en Penrith tenéis el Museo del Fuego. Allí os podéis encontrar coches de bomberos, uniformes, mangueras, radios, sirenas, bombas de agua, extintores, mascarillas…

Eso sí, tengo entendido que bomberos de los de los calendarios no hay. Porque si los hubiera, ¿a quién le interesa Caravaggio?

Bueno, imposible perderse el Museo de lo Extraño en Dayton, Ohio (EEUU). Este es un espacio que recopila objetos de lo más insólito. Sirva como ejemplo un zapato destrozado que perteneció a una mujer que fue alcanzada por un rayo. O una bombilla llena con el agua de una inundación en 1913. Restos de tornados, fotografías de supuestos fantasmas, alguna momia y otras curiosidades varias. Vamos, todo de un interés desmesurado.

Con museos así, ¿quién quiere ver los Picassos cubistas? Vamos, vamos, vamos y vamos…

En Michigan (EEUU) podríamos visitar el Museo de la Pasta de Dientes. Allí, un dentista -que no tenía nada mejor que hacer- se ha dedicado a recopilar pastas de dientes peculiares. Como esa con sabor a whisky, o esa otra con sabor a chocolate. Desde pastas del siglo XVII  hasta las pastas actuales con los Simpson o Snoopy. No sé, dicen que sales de allí con buen sabor de boca.

Y es mucho más interesante que un monográfico de Toulouse Lautrec. ¿O no?

Y sin salir de los EEUU, os vais a Massachusetts y os encontráis el Museo Americano de la Fontanería Sanitaria. Deseando ir estoy. Con lo que me gusta a mí una fontanería sanitaria. Bueno, es que a mí el universo grifo me deja perplejo: esos acabados, ese rojo para la caliente, ese azul para la fría, los grifos monomando, un bonito bote sifónico… No os digo más. Ando mirando vuelos para Massachussets. Os mantendré informados. Me parece mucho más interesante que una exposición de Archimboldo, por poneros un ejemplo.

¡Ah! ¿que no sois muy de los EEUU? ¿Preferís el Oriente? Vale, tengo para todos. Os mando a la India, concretamente a Nueva Delhi. Allí podéis visitar el “Museo del lavabo”. Y vais a encontrar desde los más variados retretes hasta textos que tratan sobre las normas del buen defecar. ¡Qué súper interesante! No sabía que existían normas para hacerte unas cacas. Es todo tan bello…

Por cierto, ¿habrá lavabo público? En la web del museo no dicen ni mú.

Bueno, en definitiva, que este museo está que te cagas de bien. Pero que te cagas con normas, ¿eh? Si no, a casita.

En serio, ¿no lo cambiáis por una exhibición de Seurat? ¡De toda la vida!

Bueno, entiendo que viajar tan lejos no esté al alcance de todo el mundo. Nos vamos a quedar en Europa. Camino a Italia, ¿vale?. Allí visitamos el Museo de la Pasta. ¡Anda, que súper original! Y qué entretenido. Secretos de producción y todas las variedades posibles de pasta.

Voy a abrir yo uno: el Museo del Salmorejo en Puente Genil (Córdoba). Pa chulos, yo. Y pa gastronomía, la nuestra.

Y mucho mejor que un Tiziano.

Si no nos apetece Italia, siempre nos quedará París. Y su Museo de las Falsificaciones, el cual exhibe productos originales junto con sus copias. Ya sea tanto en decoración como en joyas.
¡Mira, como los chinis! A copiarrrrrrrrr.
Ni Monet ni Manet. Ni siquiera Munet (que es más catalán).
¡Arriba el Museo de las Falsificaciones!

Vamos a seguir en Europa. Vámonos a Bergen (Noruega) y visitemos el Museo de la Lepra. ¿Que no nos gusta ese o nos sabe a poco? Siempre tenemos la opción de ir a Münster (Alemania) y echar un vistazo en el “Lepramuseum”. O sea, lo mismo.  Tengo que ver si algunas agencias hacen combinados con oferta especial para los dos museos y las dos ciudades.
Si es así, ¿a quién le importa Munch? Total, un señor con cara de bombilla gritando… Mejor lepra. ¡Dónde va a parar!

Parece ser que en Enschede (Holanda) existe el Museo de los Excrementos. Llamado el Museo Jannink. Pero no he podido averiguar nada más porque el enlace lleva a otra página. Bueno, os lo comento de pasada. Seguro que es una mierda. O varias… Aunque seguro también que hay un ambiente muy fresco y resulta mucho más interesante que el Museo de Van Gogh.

En Londres tenemos el Museo del Crimen, donde se exhibe todo lo relacionado con armas homicidas, asesinos en serie, venenos, atracadores, espionaje… Como no podía faltar, Jack el Destripador tiene un lugar de honor.
En fin, estos ingleses viven en un perpetuo film de James Bond. (Así les va… ¿O no, Theresa May?)
Eso sí, más entretenido que un Turner.

Ahora que caigo, ¿para qué vamos a salir del país si tenemos en Barcelona o en la Vila Joiosa los Museos del Chocolate? Y son de chuparse los dedos… Bueno, supongo que será de chocolate de comer, ¿no? Del de fumar debería estar en Holanda. Sea como sea, más placentero que un Dalí.

Y…. ¡¡Tacháááán!! El maravilloso Museo de Cera de Benidorm (Alicante). Mi hermana Rosa y mi amiga Luchy no hacen más que reivindicar en Facebook la reapertura de este museo. Un museo en el que Richard Gere podría ser El Fary y Brad Pitt se parece a Benny Hill. ¡Maravilla! Arte puro. Eso SÍ es un Museo de los de toda la vida. No sé, quizá por eso lo han cerrado.

Ahora se llevan más los calcetines, los grifos, los ñordos, el crimen organizado (o desorganizado), la lepra, las falsificaciones… En fin, ahora se lleva lo bueno.

Por cierto, ¿alguien me acompaña al Prado?

¡Hasta la semana que viene, amiguit@s!

3 Comentarios

  1. Cristina Alises

    Como siempre, me sacas una sonrisa.
    Con respecto a los grifos, recordarte que hay países en el que al abrir el grifo azul te puedes achicharrar y congelarse si abres el rojo (Marrakech, turismo aventura).
    Ojalá pronto nos des la “lata” con tus turnos y escalas.
    Un besazo, guapo!!

  2. Dompy

    Iba a decirte lo del museo de cera de Madrid (donde nunca he ido), pero viendo las fotos es de lo más extravangante en museos que te puedes encontrar, no? Jajaj
    También puedes mencionar algún lugar al que tú y yo vamos quincenalmente donde hay muchos cuadros…
    Algún día iremos a un museo en algún sitio raro y haces la segunda parte de este post!

  3. Mi madre tiene una frase que me encanta: “el turista es un currante nato”. Otro museo para tu lista, el checkpoint charlie, en Berlín, donde puedes ver las mil maneras que tuvieron los berlineses de escapar al otro lado del muro. Chulísimo!!!

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